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viernes, 14 de julio de 2017

Parodia de la conspiranoia

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Parodia de la conspiranoia

¿Por qué la historia del arte oficial oculta que la novena sinfonía no es humana?

Por José Luis Benítez Fuentes

No hay nada en música que supere a la novena sinfonía atribuida a Beethoven.  La musicología y la historia del arte, con su teoría oficial, que no son más que eso, una teoría, sitúa el inicio de su composición alrededor de 1818. Los oficialistas suponen que Beethoven, el hijo de un tenor alcohólico con problemas de manejo de la ira, la compuso. ¿Qué es lo que nos ocultan?

En este video serán los datos los que hablen por sí mismos. Si usted es borregomatrix y partidario del oficialismo, encontrará esto como un sinsentido cómico. Felicidades: el Nuevo Orden Mundial lo ha adoctrinado muy bien. Abra su mente espiritual y sus chacras a la tercera conciencia universal y prepárese para afrontar estas verdades trascendentales.

El autor de la novena sinfonía mostraba un dominio absolutamente avanzado de las técnicas de composición. Hallamos en la articulación estética de la novena sinfonía un modelo de perfección muy alejado de las capacidades humanas. La pregunta es, ¿cómo es posible que un sujeto con tan serio y propenso a los arranques de ira haya sido capaz de componer una pieza tan alegre? Es obvio que la historia del arte oficial oculta muchos datos. Y no es de sorprenderse, porque está al servicio de los lobbys judíos, illuminatis y masones, que buscan desinformar a la población con sus teorías improbables y descabelladas, cuando lo más natural es pensar que alguna inteligencia sobrehumana fue autora de la sinfonía antes mencionada. ¿Acaso un hombre es capaz de componer una sinfonía que no tiene puntos muertos, en cuanto a valores estéticos? Imposible.

Cuando fui a un viaje a Berlín, un exdirector de su filarmónica me reveló algunos indicios que sugerían que la novena sinfonía no había sido compuesta por anunnakis, como naturalmente suponía, sino por Orfeo, hijo de la musa Calíope. Tras largos años de amistad, en su lecho de muerte, después de un derrame cerebral y en pleno uso de sus facultades, mi amigo me llamó y me dijo: “José Luis, supongo que ya sospechas sobre la verdadera autoría de la novena.” Fue entonces que me puso en contacto con un informante anónimo.

Nuestro informante anónimo, al que llamaremos Don Juan, me presentó unos documentos clasificados en los que se probaba la relación entre Orfeo y la novena sinfonía. Me habló sobre sus experiencias personales y cómo, al tratar de sacar a la luz este hecho, fue internado en un psiquiátrico californiano. A pesar de la constante vigilancia por parte de la CIA y el MOSSAD, logró escapar de dicho sitio. Hoy día vive en alguna playa mexicana cuyo nombre no puedo revelar, por motivos de seguridad.

Los documentos revelaban cosas por demás asombrosas. Pero la historia del arte oficial, que no es sino un fascismo de nuevo cuño niega la realidad empírica de aquello a lo que insiste en llamar mito. Ellos se creen dueños de la verdad absoluta. Son majaderos.

Los documentos verificaban lo que ya intuían las rigurosas historiografías de Homero y Virgilio: los dioses intervenían en los asuntos humanos. Los marxistas como Hobsbawm, que estaban al servicio de la mafia jázara-bolchevique-ashkenazi niegan a pertinencia de los dioses. Su materialismo diabólico descarta a lo sobrenatural. Tal es su pobreza espiritual. Odian a Zeus y aman los mitos de la judería internacional. 

Lo que me sorprendió es que los documentos concordaban con las historiografías de Píndaro, que revelan la autenticidad de la persona de Orfeo. Ya Julio Verne nos revela en su etnografía Viaje al centro de la tierra, que algunos consideran una novela, el viaje de un hombre y su sobrino a las entrañas del globo. Los illuminatis amenazaron de muerte a Verne para que no revelase ese documento. Para librarse de la censura sionista, Verne tuvo qué hacer modificaciones a su trabajo y presentarlo como una novela.

Es sabido por todos que Orfeo, al morir Eurídice, visitó los infiernos. Está documentado por numerosos documentos. Algunos llaman Agartha al reino que se extiende bajo la Tierra. Dicho reino abarca una enorme extensión y tiene múltiples pasadizos. Son numerosos los testimonios que sostienen que cuando un ser humano ha alcanzado un grado superlativo de espiritualidad y su aura se pone violeta, es capaz de alcanzar estados cuánticos que desafían la lógica y hacer viajes astrales a Marte, dialogar telepáticamente con el Dalai Lama o conocer los planes de Antarcharán. Este fue el caso del Maestro Espiritual Carlos Jesús.

La ciencia oficial dice que el núcleo de la Tierra es de hierro. Es absurdo, si así fuese todos los miles de testimonios de viajes a la Tierra hueca serían falsos. No es posible. Los testimonios están muy por encima de las teorías ateas. Reto a los científicos a que me muestren una fotografía del núcleo de la Tierra, donde efectivamente podamos observar clavos, tornillos y esas cosas.

Es gracias a los documentos ultrasecretos que me fueron revelados que pude leer acerca del viaje de Orfeo al interior de la Tierra hueca.  Allí se da una detallada descripción del reino intraterrestre, de Hades, Perséfone y demás sucesos.

Es sabido que los Reyes del interior de la Tierra hueca fueron conmovidos por la música de Orfeo. Hades permitió que Orfeo marchara al mundo de los vivos junto con su amada, con la condición de que no voltease en todo el trayecto. Como sabemos, Orfeo no pudo resistir la tentación de volverse en el último momento, y perdió a Eurídice.

La versión oficial, convenientemente, dice que esto es un mito. Es claro que es una estratagema para ocultar las numerosas evidencias de la Tierra hueca y la existencia de los dioses, y con ello imponer su materialismo nihilista ateo. Millones de testimonios confirman la existencia de un mundo intraterrestre.

Es sabido que el generalísimo Adolf Hitler, al que Zeus lo tenga en su Gloria, organizó una expedición a la Tierra hueca. Y obtuvo resultados muy significativos, como revela una carta escrita por Karl Unger, quien estaba a bordo del submarino 209 alemán, comandado por Heinrich Brodda. Es triste que los dogmas geológicos imperantes se resisten a la nueva evidencia, y sostienen teorías superadas a la luz de nuevos descubrimientos.

Volvamos al tema de la sinfonía atribuida a Beethoven. Se habla de la sinfonía como música de concierto, cuando en realidad es una narración en clave matemática sobre cómo entrar al interior de la Tierra hueca. Eso revelaron los documentos desclasificados que guardaba bajo trece candados la secta illuminati. Yo, como buen investigador, he llegado al fondo del asunto y he logrado sacar a la luz los datos en cuestión. 

A la entrada de la Tierra hueca, en la Antártida, hay un portal transdimensional cuántico del que han dado cuenta los investigadores alternativos y los chamanes cibernéticos. Dicho portal tiene, llamémosle así, una contraseña, que solo es revelada a los iniciados en el método de Castaneda. Para abrir el portal es necesario interpretar la sinfonía atribuída a Beethoven mientras los intérpretes hacen uso del peyote en una forma ritual. Es entonces que, cuánticamente, la sinfonía pasa a transformarse en un algoritmo que revela la secuencia que es necesaria llevar a cabo para acceder al centro de la Tierra. Solo basta que el director de orquesta se transforme en cuervo y dicte dicho algoritmo al portal.


Dicha secuencia, como podemos recordar, fue revelada a Orfeo durante un sueño trascendental inspirado por Zeus. Orfeo, para no ocasionarle problemas a Hades, configuró la contraseña de la entrada a la puerta de la Tierra hueca de tal modo que los legos no se percatasen que se trataba de una clave.

Es por eso que el uso del peyote está fuertemente regulado y los taxistas no escuchan a Beethoven. Pretenden que no salgamos de la Matrix y no descubramos los misterios infinitos que guarda el interior de la Tierra, donde tecnologías insospechadas esperan a ser descubiertas. 

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