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miércoles, 18 de febrero de 2015

Soy anarquista conservador ateo

Soy anarquista conservador ateo

No hay algo que me irrite más que la corrección política con las ideologías de corte religioso y fascista, con cualquier ideología que base sus principios en el nacionalismo, el totalitarismo, en el racismo, en la voluntad de un dios, en el culto a figuras de autoridad, dogmas, tradición, creencias sin pruebas etc.  El relativismo cultural también es algo relativo, y me parece de lo más desacertado consentir todas las atrocidades y la opresión que sufre el hombre bajo el abrigo de esta ideología que en sus extremos da pie al “todo vale”. Jamás voy a respetar algo que justifique la opresión, la mutilación, la esclavitud, muerte y sufrimiento gratuito de una persona. Algo de este corte solo merece mi más profundo repudio. También, es cierto, que no encuentro en ningún modo moral las corridas de toros, pese a que muchos se escuden en la tradición y el supuesto arte que de esta emana.

La tradición no me es ninguna autoridad válida, y el sufrimiento de toda criatura debe ser evitado por todos los medios posibles, en tanto son seres vivos que merecen respeto y consideración, cosa que no merecen los imaginarios creados por una literatura mitológica. Estas criaturas, como hijas de la literatura que son, merecen y deben ser criticados sin temor ni duda. Solo merecen respeto las personas, los animales, las plantas, los ecosistemas, las cosas. En resumen: algo de cuya existencia podemos estar confiados. Muchos pretenden aplastar la libertad de expresión y la caricaturización de personajes que las religiones presumen sagrados. La corrección política no es sino una de las caretas de una neutralidad, que como toda neutralidad consiente los abusos a la dignidad humana.  Soy conservador, pero no como lo entienden las derechas, sino porque estoy convencido de que hay que conservar los valores como la amistad, que es hija de la virtud entre los iguales. Quiero que se conserve la naturaleza y estoy en contra de esos que pretenden que la naturaleza es un bien en cuanto es un recurso para las generaciones por venir. No. La naturaleza tiene dignidad por sí misma. Los animales no están hechos en función del hombre. El hombre es quien pertenece al reino animal.

Soy anarquista ateo conservador: porque no conozco más autoridad que la de las evidencias propias del método científico. Porque no reconozco más belleza que la que se encuentra en el vivir cotidiano, en el arte, en las personas, en los animales y en las cosas. Porque sé que el amor es una cuestión subjetiva que no depende de unos dioses que son incapaces de sentirlo, puesto que solo aman los seres con sistema nervioso, cosa que seres inmateriales son incapaces de poseer. El amor es algo exclusivo de seres imperfectos, limitados, mortales; sin embargo, junto con la amistad, son las únicas cosas que hacen de la vida un acontecimiento que merezca la pena.

Soy anarquista: porque me niego a que esta sociedad imponga los valores irracionales de las mayorías por sobre los de una minoría crítica y combativa a través de la cultura y los mass media que repudio ampliamente. Soy anarquista porque reivindico la libertad y la altura intelectual que da el formarse a sí mismo desde su propia libertad, no ante los dictados del Estado, ni la cultura dominante, ni los padres, ni la moral chabacana de las religiones; esta libertad me permite sustraerme de la tontería de los imperativos de la moda y los supuestos morales de una sociedad preocupada por las buenas costumbres, y no por lo justo. Soy anarquista porque no estoy dispuesto a acatar a ninguna autoridad humana, salvo en su calidad de portadora de evidencias. Porque sé que no existen autoridades incuestionables de ningún tipo en la ciencias, que tienen en sí varios niveles de realidad, sino los hechos por sí mismos que deben demostrarse conforme a los métodos de las ciencias.

Pero también soy de conservador porque defiendo los valores artísticos tradicionales de Virgilio, de Plauto, de Homero y el arte de Ovidio y de Safo; así como también la poesía de Netzahualcóyotl y otros hombres y mujeres de envergadura, como Sor Juana. Porque defiendo, pese a parecer exquisito, el arte verdadero de las chorradas del arte conceptual que cree que colocar una caja vacía en un museo es hacer arte; porque defiendo el arte de Bach, de Mozart de Haendel, de Rameau, de Shostackovich, de la tontería pseudomusical del reguetón y sus fanáticos de mal gusto y peor educación. Soy conservador porque soy enemigo a muerte de la vulgaridad ramplona de las mayorías y no concedo que me contaminen la existencia con su falta de criterio. Soy conservador en pro de los toros y defiendo el arte que nutre el alma sobre aquella danza de  muerte del toreo, con la que muchos se las dan de artistas, cuando son unos asesinos seriales que deben estar en prisión. Defiendo la dignidad, entereza ante la muerte y honestidad de Sócrates; por sobre la corrupción y la falta de cojones de nuestros políticos, que son indignos de compararse a los hombres cabales.

Soy conservador porque, al menos hasta el momento, sé que hay seres más privilegiados que otros en cuanto a los rasgos de su carácter moral, y no me fío de la gente que quiere hacernos creer que todos somos iguales en capacidades. Somos iguales en derechos, pero en capacidades, y no pido perdón al decirlo, puesto que algunos son bastante inferiores en cuanto al uso de su propia razón y prefieren abrazar una autoridad, muchas veces la Bíblica, para no usar ese mismo libre albedrío que dicen les viene de Dios.

Soy conservador porque prefiero la moderación, la modestia, el esfuerzo, al consumo, al narcisismo y a los valores de una sociedad vacía que propugna que ser rebelde consiste en no contar con disciplina, que se es revolucionario en cuanto uno se niega a obedecer por mero capricho, por no estar bien consigo mismos y contar una actitud temeraria autodestructiva; cuando ser rebelde es conocerse a sí mismo, tener autodisciplina para ir en contra de un orden injusto que previamente se conoce. Soy conservador porque prefiero lo clásico a las modas, la puntualidad inglesa, la cortesía y la deferencia con las personas que lo ameritan, y no esa hipócrita corrección política que hay que guardar con los necios que se niegan a demostrar y se basan en supuestos culturales para justificar sus creencias. Porque prefiero la abstención a la borrachera y la drogadicción, pese a que los progres les guste mucho fantasear con el peyote. Porque prefiero el buen gusto a la vulgaridad callejera que impide pasearse sin asistir a un espectáculo majadero y abyecto. Soy conservador porque exijo al derecho a la vida de los ya nacidos y la madre, por sobre el de un feto, que no se ha ganado su libertad, como todos debemos hacerlo con el paso de los años. Porque prefiero a los pocos inteligentes que a los muchos cortos de entendimiento que dicen amar más a un ser imaginario que a sí mismos.

Soy conservador, pero no como lo entienden ciertas derechas, porque no tolero que se destruya la naturaleza ni se talen árboles en nombre de ese mito monstruoso llamado progreso, que no es sino un espejismo de la modernidad. Porque quiero que el planeta no siga alimentando la explosión demográfica, destruyendo sus selvas, contaminando sus ríos y los pueblos indígenas no se vean asediados de esos seres infectados con el virus de la fe cristiana. Porque, ante todo, soy enemigo a muerte del culto a la personalidad, de las sectas (toda religión es sectaria), de la falta de evidencias y del sufrimiento gratuito de los seres vivos. Porque soy enemigo del antropocentrismo y sus nefastos efectos. Porque, ante todo, soy hijo de mi libertad, estoy hecho de fragmentos de los que me antecedieron y provengo de una naturaleza que no presume, con hipocresía, amarnos para luego martirizarnos, sino es un orden amoral y sin conciencia que contiene en sí seres capaces de obrar con moralidad y con conciencia. Y al diablo Deepak Chopra, Osho y demás farsantes que no le darían lecciones de vida ni a Lucrecio. 

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