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viernes, 17 de enero de 2014

Una carta

Es algo incomprensible que yo no me puedo explicar, pero algunas veces pienso irremediablemente en ti y no hallo solución al problema.  Te imagino algunas veces con ojos de interrogación, muy en silencio, como disimulando una leve burla. Yo adoro tu irreverencia, que digas lo que se te viene en gana sólo porque es tal tu deseo. No tuve esa oportunidad, esa risita desenfadada, la absoluta confianza. Un día soñé contigo pero no pude decirte una palabra. Ayer en la noche imaginé que entraba dentro de tus sueños como un duende minúsculo.

¿Recuerdas cuando jugábamos con la pelotita de papel? Me encantaba perder contigo. Era la derrota más gloriosa posible. Me siento triste y sucio, muy sucio, lleno de porquería, como un caballo que huye del mundo y atraviesa los pantanos fríos, entre los carrizales que lo aporrean y desgarran su piel. A veces me hundo en el detritus añorando tu presencia. Todo lo trillado, los escupitajos de toda la estupidez humana forman esa ribera que el mundo me ha dejado por herencia. Odio vivir en un mundo tan ruin, bastardo y milenario. La sangre de todas las putas se confunde con la de las vírgenes y ya son una sola plaga en el río Nilo. No he querido beber pero he dado mi lengua a las corrientes. A menudo me sacio de su vapor, y otras ocasiones  intento remover del fondo algunos pececillos húmedos.

¿Hay solución?. Aúllo, me aterro, me quedo pasmado, rígido, impaciente, retardado, expectante, ante la carcajada perversa del universo. Sé que mi esperanza no tiene fruto. Veo las bibliotecas ansiosas de ser leídas, de ser poseídas como vírgenes antiguas, sin embargo soy un eunuco destinado a velar por la tristeza del mundo. No puedo sino acariciar los libros. Y su última esencia.... Yo, que paladeaba literatura, ciencias, en la Biblioteca Central, no recuerdo gran cosa. Mi memoria es una traidora que entregó las llaves del reino a la reina sorda y enigmática. Ella sonreía a lo Mona Lisa.  No he tenido, tal vez, la destreza, o ya la constancia o imaginación suficiente para lograr mis propósitos . Abandoné mi poema épico, que nunca escribí tal vez porque sabía, desde el principio, que estos tiempos no están para la épica, que estamos en el matadero de los grandes sueños de la humanidad. Veo un apocalipsis inminente del fondo y la forma. Me quedo, ahíto, con un jamón que cubre mis ojos como una gasa ante el aire emponzoñado.


Sin embargo, me niego a olvidar esa suavidad que tienes al decir absurdos, después de todo qué es la vida. Tú eres el campeón en hacer que todo lo Ninguno sea un todo. El otro día te pregunté que si alguna vez habías pensado que el mundo no era como debiera ser. Me contestaste que no. Me lo pregunto siempre. Tú no estás atravesado por esta lanza en el costado, este anzuelo que tiró la luna para que yo, pez sonámbulo, esté errando por todas las constelaciones sin fruto, por las galaxias inhóspitas de hielo y cianuro. Yo ya no soy una promesa como pude serlo. No podría definirme como alguien triste, sino como una casa que se desintegra y cae bajo el peso de la humedad. Sin embargo, yo te ansío. He estado esperando que respondas mi mensaje. No sé qué sucede. No puedo consolar mi desesperación con mis divos de plástico. No hablan ni responden.  No puedo recuperarme de este encierro dentro de mi cuerpo. A veces quisiera pedirte que tomaras la espada de un héroe y me sacaras del fondo en el que sufro. Veme aquí como una añoranza, un niño corriendo en el patio. Por otro lado, te pediría que le cortaras la cabeza a la criatura que me secuestra a ratos la tranquilidad, con la que no me siento identificado en lo más mínimo. Esa cosa hija de Azcárraga más que de su madre. Yo no la quiero volver a ver en mi vida. Me pregunto los motivos por los cuales alguien que me desborda y me hace estallar, como tú, está ausente en mi vida casi todo el tiempo y esa criatura gris y adicta está a mi lado como un grillete fiel al tobillo del acusado. Te enseñaría de buen gusto los sitios de mi niñez para que los hicieras propios. Una copia más fiel de mis pensamientos que yo mismo. Más libre y desapegado de las marcas que llevo. Mas libre, por supuesto. 

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