Follow by Email

Google+ Followers

lunes, 21 de octubre de 2013

Muerte barroca

Húmico lecho do descansa el resto
de del ave la ahijada, descompuesta.
De la Parca las húmidas mascotas
cabalgarán los campos peregrinos.
Hirióse no la espada a quemarropa,
como Dido, por Eneas, despechada;
ni ya de Tisbe el engañado amante
fue la émula de tan brutal tragedia.
Saeta no vibró en insigne pecho,
ni un mazo su vorágine y camino
detuvo en las insignias de Atenea.
Fue de los bordes el veloz veneno:
talón de Aquiles, Paris de su flecha,
de Harntli el beso, dueña de los cetros;
humedad que al Mictlán la precipita.

De Ixtlilton, su placebo fracasado;
de Harntli, las anímicas arenas;
de Cycni, los quetzales enjaulados;
de Minu, las palomas de sus venas
fueron del ave amada los designios.
Si esta del colibrí no es la tragedia,
fue Ahuízotl el agüero infausto,
y, aun más, de Xochipilli, son falacias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario