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viernes, 4 de octubre de 2013

Limpia de infancia

Limpia de infancia
de libélulas saciada hasta los huesos.
Mi derruida niña en la agujas.
Trigo reventado y esparcido.
Torre transversal y desgranada.
Enigma al fondo de los laberintos.
Hecha a las contraluces de mi espera,
de la fatiga para ti sufrida.

Mi niña, manantial en que se cuecen
unos monos, caníbales hermanos
de la Divina gracia nauseabunda
de tres perras bucólicas hermanas.

Mi niña al filo de mi lengua brava,
sediento mineral que talla el agua;
piedra que pule al cielo y clarifica.
Azafrán henchido en su inocencia arcaica.
Amor bruñido al pie de las estatuas.

Yo conjuro tu nombre, tus hazañas,
 tu sed, tu angustia, tu mirada henchida
de lagos pétreos donde el sol reposa
 impávido después de su carrera
 en parpadeo de arena y de jadeos.

Los mosquitos beben caracoles
de plásticas plumas barnizadas.

El crimen más hermoso en esta esquina
agrada al poeta en su ventana.
Las Julietas se asoman al balcón
y ríen cual locas huérfanas de hospicio.
Voracidad que todo lo aprisiona.
Ganas de tararear el mundo a ciegas,
de perforar un túnel rectilíneo
al núcleo duro de determinantes,
dictadura total del universo.

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