Follow by Email

Google+ Followers

lunes, 21 de octubre de 2013

Las bodas de Minuestis

Ha llegado, Minu, el aciago día
En que el quetzal en otro tiempo afable
se rendirá al grillete que evadía
la soledad otrora detestable.
No hay más que hacer contra la suerte impía
que me procura hado inescrutable.
Di adiós a tu hualmishcu compañero.
Mi destino se ha visto volandero.

Y ya que de otro amor la tierna mano
has de tomar, impávido y sereno,
sin inmutar tu aliento soberano;
como un quetzal en jaula de tungsteno
volaré en mi prisión, en daño insano.
Ayunaré de ti, tras longo ayuno,
mis plumas quedarán, cuerpo ninguno.

¿Así me dejas, Minu congraciado?
No me dejes, ruégotelo, mancebo
¿Así, tan solo triste y desgraciado,
y lejos de los brazos de mi efebo?
Alejado de ti, Minu adorado,
carcomeré mi pena en el Erebo;
en un Mictlán, y un Barzaj, y un Averno;
en Xibalbá, en el Orco, en el Infierno.

Pues, sea de mi dolor la medicina
una hilandera parca de la muerte;
y la ninfa y el sátiro y la ondina
de mi ilusión primera, ahora inerte,
suiciden la esperanza adamantina.
Ceniza sean de mi funesta suerte
pavesas que derraman los volcanes,
veneno de protervos alacranes”

No hay comentarios:

Publicar un comentario