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lunes, 21 de octubre de 2013

El baño

"(...)

Del cíngulo papal la suave seda
no superó de Minu la blandura
ni del dios trancisneado la alba Leda
más blanca fue que bella la criatura.
Helena se disuelve en humareda
al lado de tan ínclita apostura;
pues no hay mujer por bella o cariñosa
que la beldad de Minu iguale airosa.

Y, mientras lleno la nívea bañera
con la leche de las llamas divinas,
un colibrí revolotea en la esfera
mostrándome cifras sibilinas
en la mística piel terciopelera
del niño de las manos cristalinas.
Del muchacho es un tarot la espalda
en que el futuro teje su guirnalda.

Hunde, lento, su suave piececito
en la leche por las dalias perfumada.
Su esbelto y sosegado cuerpecito
sumérgese en la tina apaciguada.
Su rostro humecta un nácar exquisito,
y de gracia su piel se ve colmada.
Su desnudez es santa, pues la aurora
en él tiene su casa acogedora.

Del dolor los bálsamos lo libran;
Sonríe con su sonrisa aligerada
que del daño, los ímpetus desfibran.
Me mira fijamente su mirada,
y hay copos de luz que en ella vibran,
y una estrella de Xiuh divinizada.
Abre los labios y dice con dulzura
cosas que en mí ejercen con presura:

- Ven, amigo, allégate a mi lado
y cuéntame una historia entretenida
una tragedia de tan triste estado
donde una arboleda frutecida
siembre amor en un pecho enamorado;
y al son de su confusa y frágil vida
la sequía destruya su cosecha,
y ascienda al alto cielo triste endecha.

- Bien, Minu, contaré la historia
de una mujer de vida transitoria
y un muchacho de agudos desvaríos
e ilusiones de niño. Divertíos:

(...)

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