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lunes, 21 de octubre de 2013

Delirios

Delirante, consume mis huesos en su bolsa de carnes y placenta. Oh, evocativa madre, indio de sangre en vena si la abjuro andando en sus miserias de cardumen.

Evocación, evocación tan sólo entre las mierdas de grandes lenguas doradas crepitando sobre mi liberación minoica, antiyoica, parapetada por simas miradas por las cimas de los propios avernos descarados que lamen falos gigantes con mis sueños enjutos y tenebrosos. 

Incendios, incestos inseguros faunos en la azotea comiendo imágenes revolcadas en la crin caballeresca de mi madre.¡Oh mi evocativa madre de ojos sangrantes: lame los resquicios del precepto y el aire inmaterial encabronado por mis alas de musa amujerada que chilla con en la evocación de mis palabras!

Sólo la evocación de los instantes redivivos queda, sólo sus témpanos truncos en que ahogo el seso nuevamente en la ilógica oración de "Nuevamente iremos por las papas, o "limpia los frijoles", o "la olla en que asaré tu cráneo, tu penecito y tu cuerpito aniñado con los cangrejos está rumiando y exiguiendo tu carne magra.

Somos las madres furiosas en gemir de piedra anguila, con sacos de ranas y Furias cantantes recriminadoras reculando por los ríos en que arrojaste chácharas de los abuelos, cientos y cientos de chácharas bastardas.

En infierno comprendo mis desenamoramientos. De nuevo yo cardúmenes a vuelo, como aquellos de las enciclopedias pececitas voladoras que me lamen los muslos, miembro, vientre, cien mil arañas en los dedos con las que domé a mis lagartos en los bordes del clítoris, de Clitemnestra no, el de su hija y Orestes. 

Yo, de espada sanguinaria, contra la hija ahora, no ola madre, espada contra escudo y mundo; mandado domeñar por mis dominios y agujerando brujas sajonas saludadas, dadas a la náusea con mi sentido por letra de cambio. Mi antiyo junto con mis antimadres me tocan y violan cabronamente mi cuerpecito, mi torso llorón en cincuenta mil cardúmenes de furia:“Chilla, mujercita.” 

Aquí, como una perra grotesca y encuerada, pastando bello púbico la puta, me encuentro y araño nuevamente mis entrañas no parvas, que si locas. Lloro. Ríe la Reina. Vuelve a las andadas y me cachetea los testículos con el dinosaurio de las caricaturas que nunca me han gustado. Mi hermana nuevamente trae gusanos y me los mete a la boca. Me obliga a ver caricaturas. Estallo y yo no puedo a Bob Esponja ver. Hondura de los siete ciervos en las riberas que yo adoro mías yo canto no en las que mi tirana hermana usura en veinte mil "Estás bien loco" y "Que haces con batuta-pincel dirigiendo la orquesta de balidos y luciérnagas de sombra. Yo lloro y entre mis sueños.  Te miro. Oh, mi Rimbaud, ya lúnula mi amante. Oh, mi Rimbaud ya flúmenes de fuego.

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