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lunes, 21 de octubre de 2013

Canto de despedida y muerte Poema rescatado

Quiero dejar mi lágrima postrera
en tu manita tierna y amorosa;
en ti, pues en verdad tú me quisiste.
Daré un último beso a mi quimera,
me extasiaré con la doliente rosa
que me acompaña al mundo de lo triste
mientras mi ser en el vivir subsiste.
Me llevará una brisa temporera,
humosa tolvanera.
Abrazaré ulteriores amapolas,
rememorando a solas
el divino mirar que me imprimiste;
recordando, luego, cuando nos vimos
y por ultima vez nos intuimos.

Prepárate a las próximas nevadas,
que un blanco cisne eleva sus cantares,
(es mi momento acerbo en mis velorios:
ajadas hojarascas en cascadas
derramando sus lágrimas seglares)
cantos por más decir, deambulatorios.
Veo desde mis deshechos abalorios
a mi madre en mi muerte condolerse,
al sueño disolverse,
llorar todas las náyades mi llanto,
perder mi verso encanto
y ungírseme los bálsamos mortuorios
mientras se burla el Cóndor de mi estado
al verme en sus tinieblas derrotado.

¡Siquier pague mi deuda con morirme
al infernal tirano Amor llamado,
ya que sólo se alcanza con la Parca!
Amor, que tanto gozas abatirme:
pido un último apoyo inusitado
a tu arco inflexible y enarcado
en pago de tu destructora marca:
enciéndeme los macilentos cirios;
derrumba mis delirios;
cercena el corazón, ya no lo siento;
da mi postrero aliento
a Caronte, trasládame a su barca;
y cúrame tu saña con mi muerte.
Pido que a nueva vida no despierte.

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