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viernes, 27 de septiembre de 2013

La Arcadia robada





Arcadia

I

Más bien creo que Arcadia sería una atmósfera ideal donde los sueños del hombre pudiesen llevarse a cabo. Donde existiese una verdadera democracia, una auténtica fraternidad, la muerte como en un sueño llegase. Mas este capital que el mundo atora con su desdén sumiso a su avaricia, con su voracidad cíclope y miope, con la cloaca cruda en la garganta, gárgaras al grito del grifo, manos que no serán lavadas de ese nefando crimen y su escoria. Patea al sol a una rechula perra machacada en tiernos picadillos.

La retama en donde mezo mis conejos zumba barroca en mezzos esbeltísimas negras cual azabache onírico del pubis más recalcitrante. Un niño-elefante de Dalí reza o danza sobre las aguas un Kyrie eléison mientras los lirios tocan espátulas, gaviotas rotas dentro de mis pupilas frígidas rotas a fuerza de ser violadas por el mundo, penetradas por las liverpóolicas lanzas y los falos de Wal-Mart.

Mi niña está violada y rota, prostituida y exhibida, dejada a los besos de Satanás, hecha un trapo para asfixiarse con los sémenes brutos de la publicidad. Pero conservo un conejillo en un ataúd, muy al fondo, como un enigma, como una esperanza, como un genital noble y desconocido.

Mi Arcadia ha sido quebrada por el náufrago en la soledad de una isla rocosa. En el perímetro del llanto que muere y nace a la eternidad. 

Mis manos de mendigo roturan dentro de la arena para buscar una esmeralda y encuentran dientes pulidos como joyas por la erosión del tiempo, por el aire que en su dilatación monstruosa quiere abarcar todos los alientos humanos. Rompo a ser mar en el llanto que rompe en la arena. Las lunas miran en lo alto y sonríen ante mi ignorancia, rústica comedia... 

Esta niña se vengará en el sueño. Robará las caretas del capital y orinará sobre ellas en un grito delicioso que irritará a las "buenas conciencias". Morderá los periódicos bestiales que minimizan las reformas educativas. De la violación la sangre limpiará sucia y abyecta en la foto del presidente Peña. Y por esto será crucificada. Y Barrabás dará por segundo año el Grito en Palacio.

-  Señor, cuando llegues al Reino de los Sueños acuérdate de mí.
- Hoy estarás conmigo en Arcadia.

Resurrección.

II

Me elevo danzante al centro del caos primigenio y me veo entre la inmensidad amarga del silencio atronador. Mi niña está preparada para la venganza. Con los mismos clavos de la cruz... Y con el martillo de su atroz consumo... tanto aullarán que preferirán esconderse en el centro de la tierra, jadeante y volcánica, que enfrentar mi vendetta sin límites, mis deseos de resarcir las castraciones. Iré reptando como un animal por las callejuelas, olisqueando el pasto en busca del rastro. "¡Come la chuleta! ¡Come la chuleta!" me dirá un anciano. La tomaré por mera formalidad y fingiré ser un can perdido entre la prisa abúlica,  la que vi en aquel hombre que hablaba por teléfono mientras un gato huérfano lo seguía. Si hubiese sido la muerte escurriendo como una baba con sus patitas rascándole el zapato... Yo jugué largo rato con el chistoso gato y le rasqué su cráneo diminuto. No tenía sitio para él. Me despedí con sólo una mirada.

En mi vendetta mis colmillos de Jabalí Divino, afilados en el árbol de Odín arremeterán contra los Cerberos. Mis patas de toro libertario saltarán por encima de las vallas de la hipocresía, el pudor y las falsas conciencias. Mis pitones cornearán las gradas en un furor paloma acorazada. Serpientes su veneno dilatando como una sinfonía de pestes, como un veneno guardado de los rencores de años, de las heridas de guerra que no permitieron mostrar a las lenguas antisépticas que debían de curarlas.
Soy un huérfano que ganará el privilegio de adoptarse a sí mismo ante la aparente contradicción de las leyes de la existencia. Me adoptaré en un ser más yo, más amplio en potencial y en posibilidades. Rezumo ya en los labios algo de la esencia de ese ser imaginado por mi propia libertad exponencial: mi libertad que empieza a reventar como un grano largo tiempo soñado, abandonado a su suerte bajo la tierra. Renace como una rana que se creía muerta por la sequía. 

Esta es la promesa de mi venganza. Habrá espadas sobre todas las venas que me han hecho la vida menos vida. Espadas sobre las presentadoras de televisión y sus realities inmorales, sobre los finos gustos imbéciles de la burguesía, sobre las alfombras exquisitas que horadaré a fuerza de alfileres que tomarán su turno por millones. Sobre la Iglesia Católica colocaré el gran urinal para que el mundo vierta la mierda acumulada en siglos de errores e ignorancias. Destazaré el Vaticano como a un cerdo viejo y tiraré a los perros sus intestinos inmundos y sus muslos grasientos. Sólo me quedaré con Buonarroti a conversar un poco sobre el significado de la piedad, sobre su paralelismo con la venganza, que a veces es una forma de piedad.

Me apiado del capitalismo y su ceguera. Hoy, en el sueño de mi libertad, lo ejecutaré para que, con sus harapos de diamantes brutos, nunca más pida limosna afuera de la Iglesia.

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