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martes, 28 de mayo de 2013


¿Cómo no recordar ese noviembre, cuando fui, emocionado, a reencontrarte. Se me vienen los aromas de los cempasúchiles, esa voz del contratenor malo al que odiaba escuchar: un sujeto con voz natural de barítono- tenor pero con un falsete que era más una falsificación que una emisión de notas. Me irritaba. Te recordaba a ti en esa esquina, esperando no se qué microbús, con un gesto tan serio.  Y luego la clase de Latín en curso. Otoños en cenizas yo hecho y la maestra guapa de la que un día dije: "no es mi tipo".

Te amo tanto, me causas el mundo entero.

Recuerdo la carta que le escribió Rimbaud a su amante, suplicándole que no lo dejara, esa tristeza depredadora y suplicante que hay en ella, es la misma que no alcanzo a repetir en este momento, pero queprobé en su extensión macabra ese día de desencanto. "ese día de sangre envenenada. Inútilmente el alba enamorada quiso en ti disolver su atroz premura"

Ese día yo estaba tan profundamente emocionado por que me reencontraría contigo. Estaba yo trasfigurado de amor y no hice caso de mi razón, que estaba en el sótano más profundo del ser, secuestrada como en el poema de Sor Juana, plagiada, fugada en una pieza mal temperada. Las texturas vaselínicas del amor, la textura de tu mirada mas vasta que todas las iluminaciones posibles. Rompo una y otra vez en sacrificios delante de la roca de tu recuerdo.

A veces, cuando estoy solo, recuerdo cómo cantabas. Te llegué a escuchar alguna vez cantando en inglés no sé que cosa. Pero había algo tan bello en tu voz, esa voz con la que me hacías preguntas. Esos labios que si bien no sonreían a menudo, tenían siempre mi oído de remanso.

Todo se reducía a una serie de pequeños actos. Eras muy inteligente y te diste cuenta, de que en esos pequeños actos me descuidaba y traslucía cuánto yo estaba enamorado de ti. Lo sabías y te sentías con orgullo de eso. Cuando estaba tomándote una foto en la jardinera, una amiga tuya te preguntó porqué lo hacía. "Es que le gusto", dijiste con una especie de alegría, tristeza y satisfacción. A mi me daba pena que tú lo supieras. No quería molestarte con cosas de ese tipo. Fui timado por el mundo, te lo confieso. Y en ese timo te me fuiste tu y se me fue Vanesa, si es que así se llamaba la otra chica, la que se reía todo el tiempo. La que cuando me le declaré dijo: "Espera, espera" Y cada vez que me veía reía o me miraba de reojo. Soy un ser muy extraño y ella no podría comprenderme. Tal vez tú lo hiciste a momentos. Tu compañía me bastaba. Como quisiera ir a ese tiempo y reparar todo aquello que no debió ser. Remediar La Chingadera y tomar tu mano cuando me la estiraste para que saltáramos la barda y fuesemos al jardín botánico. Yo confiaba en ti. No quería perderte. Sólo me abstuve. Y no fue bueno.

Canté una pieza de tango pensando en los eventos tan contradictorios de nuestras vidas. Pensar que he soñado muchas noches contigo. Que tengo una clase y de pronto apareces, resucitado del tiempo, estás sentado frente a mi y yo no sé qué decir. Una vez soñé que bajabas por unas escaleras interminables y laberínticas. Yo caminaba, muy normalmente, te vi bajar de la escalera y todo se nubló de repente. Sentí la crudeza de todos los inviernos. Estabas de nuevo allí, suicidio que llevara a cabo. Te seguía pero te perdías o te escabullías dentro de bosques y veredas retorcidas. Nesta rúa, nesta rúa...

A tal vez nadie pueda interesarle esto. Sé que a nadie le interesan los recuerdos de un sujeto millonario es desventuras. Mejor escuchen Bach y piérdanse en su hermosura. Ya que todo está hecho para perderse. Lo que se recupera volverá a su tumba de extravio a reposar del cansancio existencial.


Tengo tantas cosas para contarte. Ya no sé ni siquiera cómo piensas. No sé tu vida mas que indicios vagos. Te dibujo en mi imaginación junto a mí. Los dos en calma, los dos sujetos del mismo destino. Destin avaro, mas nuestro.




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