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viernes, 15 de febrero de 2013

Poema del Papa y Mozart


Yo siempre supe que don Benedicto gozaba de un alma eternamente joven.
Dios selló con un beso de amor a su hitleriana juventud
y la mantuvo viva en su vejez achacosa y artrítica.
Su participación en guerra fue cruzada santa.
La de Hitler: el iluminado.

Renunció Benedicto, inmaculado, por su falta de fuerza.
Dios, en lo alto, le prometió el futuro paraíso
al lado de San Pedro.
Eternamente es joven y anclado a los siglos pasados.
Su mente sigue igual de moza que en el XVI, su siglo preferido.

Es un humilde pastor de ovejas
que no duda en cenarlas
con el sufrimiento como aderezo.
Hombre es de la viña del Señor del Capital
disfrazado de amor.

Piensa en su ser dogmático y oscuro:
Falso es que el cristianismo sea etnocida:
sólo venían a convertir las almas y, de paso,
hacer dineros en nombre de Cristo,
que siempre predicó en sus mandamientos:
"Edifiquen San Pedro los unos y los otros,
como yo los he edificado"
"Y al César lo qué es del Cesar
y al Papa las limosnas"

A Alejandro Bermúdez le podría
parecer muy absurdo lo que digo
acerca de su Papa que, para ellos,
a Cristo representa en nuestra Tierra.

II

Mas Benedicto buenos gustos tiene
en cuanto al apreciar la bella música
Mozart creó,
bien lo dice,
la música mas bella,
en perfecta armonía
cual hombre no pudiera
en los siglos posteriores
igualar en su pureza y madurez.

Todos le quisieran igualar
en su vasta humana calidez
en  su nota oscura y luminosa.
Lacrimoso eterno por el mundo
cantando el Kirye eléison pecho a pecho con la humanidad.

 III

Exsultate,
Jubilate:
le ha nacido un niño al lago de Salzburgo   
que será para los hombres un canto de gloria.
Aleeluuya,
aleeluuuya.

Aleeluuya.
Aleeluuya.

Viva el prodigo humano,
viva fuera de dogmas
que nos atan y que son un lastre,
prisiones a nuestro entendimiento.
Música más divina
que el Dios de las escrituras:
Fiel retrato del hombre
en su íntima música (...)




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