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lunes, 11 de febrero de 2013

Otro poema automático

Un poema automático me puso a hacer Ariodante, y en mi vida me he visto en tal aprieto, con mi perdido reino rematado al son de la cuchilla y consonante. De surrealista esencia bretoniana con un cadáver insigne encumbrado sin sus prejuicios. Háganme pedazos. Y digan mis maldades ante el mundo. Copiad y pegad aquí. Plagiad mi desnudez errante y dura. Plagien mi soledad, portento raro, ínsula extraña bajo un matorral de peces- cebra camuflando el mar...

Rara comensal en la bebida añeja. Abeja amiga en mi muñón derecho. Rudo cierzo invernal, dame los aros de una amistad de hoy. Yo no contaba ser como el carnaval en cinco leguas. Sed de no haber comido y llegar tarde a la casa y el mar embravecido . Canallas de la Iglesia  no me toquen. Soy un hombre hecho a golpes de martillo.

El cincel calla como la emoción del sumirse en el éxtasis y el trance que deseo para escapar de la estupidez.

Te vamos a contar el cuento de la camaradería y el tocar de las teclas vírgenes que roban el mar de las candelas.

Calor de mis dedos irisando el corazón de los mendigos con su amor de luz y hebra indecorosa. Muerte en la calle con los violines hechos trizas y la mandíbula rota.

No te extraña cuando rompes tu llanto en mis oídos ni mugen los caracoles sus cuernos invisibles.

Hipocampos que me torturan y no me dejan pasar el rato de películas pirata en la banqueta sordas. La viejita y los chiles verdes. camarón y azúcar. Carnes de barbacoa y la calle del ejido. Cornada del toro en la vejiga. sangre de apasto añejada en whisky como el de mi madre en la alacena mi cigarrera en la basura mojada. Soy todo oídos a este silencio que, espero, me posea y sea digno de adentrarse en mí como un amigo verdadero, como un amante incauto y pleno de sí. Pulpos en sus brazos rezumando venas de sabiduría.

Números y cifras coleccionan cisnes de grapas y folios de la oficina de mi madre. Frida Kahlo en la oficina de la Jefa. Su hijo era muy travieso y asomaba la pata por la ventana. Trepaba por la pared. Entre las piernas de un médico. No recuerdo y confundo Villa Coapa con un puente en donde no cabe la anchura de un hilo. Un hilo tendí a la sombra de los sauces para conservar mi cutis de princesa de cuento y dejarme besar por el mole de la reunión y quitarle el precio al pastel de mi angustia mecida y carcomida por las ansias y el desfiladero chingón que no te come en una cena, sino que te devora en la metralla de los héroes soñados. Balean en el cine a cuanto quieren. Odio las balaceras.

Me quedo sordo de oídos y lengua ante el sabor irritante del no poder soñar de nuevo con el instante en que puedo ser yo. no otro considerando el vivir como una frustración normal en que movemos el asfalto contando las manos en la misa de muertos somos como un filósofo dormitando en el budismo abtracto mientras comen mi propia hambre las luciérnagas enterradas con el talco de mis huesos viejos. Regáñenme con su carita de mimbre y las niñas con expresión de pasta dental no comprada. El comercial es un clavo en mis pies de Cristo. La publicidad es una cruz inenarrable que tomo en mis espaldas bajo el Golgotémex.

Tararea el sol maritirio insatisfecho que pronuncia apenas su más triste cordura consciente  Cáliz de la rosa en ebullición horrenda. Baches en cada escuela y compañeras sorteándolos. Yo imaginé una rosa caminante en el patio escolar y me horroriza en ciierto modo ello. Las hormigas en la jardinera y la muchacha Stephanie mirándome con ojos tan raros. Yo tenía un cuaderno donde escribí cuentos de dioses pájaro que naufragaban con icebergs titánicos y no se besaban en los labios como en aquella película que me tiró la cartulina de las manos. Era, a propósito, el acto de modestia y las raras avispas que me pinchan. No te detengas, que la velocidad hace honestas a las manitas. No te detengas, cuero, abejorro asaltado de preguntas. Antítesis cubiertas de venablos y súplicas que ya utilicé en otro poema.

No quiero volver. Tengo tanto miedo de no agradarte. Misa que ofrece un cura al fondo de la cueva y cirios que apagan mi conciencia con las anémicas y desgracias de voladoras prostitutas de Tlalpan. Una avenida a cántaros no cesa ni mi total asco ante la inmensidad expansiva de la explosión de mugre y excremento de una sociedad devoradora. tulipanes verberan. holandeses y contorsionistas. Museos bellos y clases de francés. Yo dije a mi amiga que debería estudiarlo, pero la muy necia... me siento cansado y traicionando mis convicciones.

Un psicólogo me preguntaría por mi discurso vacuo y sinsentido de albóndiga rota come como quieras en el parque o en el monte difícil de rodear.

Mi escuela hecha de trozos y memorias oscuras. Una escalera donde pasó con su bigote serio ignorándome. Fuiste al salón y tanta mi alegría. Un dilatar de las pupilas. Un temblar de estos brazos en la alcoba. Rancio elemento finge una palabra de perdón. Insignificante modestia. Insignificante falta de escrúpulos.

No me gusta la papa caliente enmedio de la función genial de guitarras mudas. Guárdate tus comentarios e investiga. Pinche niño labio leporino. Cuando aprendas a hablar, vuelve a marcar. Mis deditos tiemblan y cuelgo el teléfono. No saben nada. El talco escupo y remiendo el perro de suéter rojo abrazándolo y cantando con el micrófono glorioso.

Piano mojado por el orín de Dios nematóforo, cocodrilo, oscuro omóplato. Los caireles de mi sien judaica imploran por una gorra ptloemaica perdida en batallas ancianas. El Julio Cesare me cantará con sus patas de jirafa y su cabeza de ganso en una turba concurrida y molesta por el humo siempre burbujeante de las sodas y el comensal nunca satisfecho. Tengo hambre y no he comido quesadillas de sesos y mi bebida de azúcar y maltosa. Extractos de mi consideración ambigüa y carente de orden lógico. Falsa armonía de toques spirifláuticos.

No puedo escribir como me es pedido por mi propia conciencia. Me traiciona el ser mismo desde adentro y no tiene piedad ante mis súplicas en la que le pido un instante de gloria. Uno solo. Mon coeur s'ouvre a ta voix como una mazorca se abre ante el golpe del hacha, como las hembras se abren ante el cielo potente de truenos vivos. Naranjas amaestradas por la madre de las sacerdotizas. Una araña al fondo del asunto me dice que miento y que esto no es verdad, pero yo zopilotes de furia corro en mis pupilas y reviento con el sapo en la nuca para admirarme de mi locura y presumirla ante el mundo desquiciado, lengua de colibrí bajo el acecho de multitudes formadas bajo el mismo lucro informativo de matar cien capos de la droga.

Te informamos que fue el Papa secuestrado por el Señor tu Dios que vive y reina por los siglos de los siglos. Odien los tontos. Ámen los sabios y no vean a menudo a los muchachos drogarse en avenidas.

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