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miércoles, 20 de febrero de 2013

Mutilo el sol con mis propios dientes para ejercitarme un poco en el sueño nuevo. Corren los atardeceres tras mis manos rotas de sangre envenenada. Ruge el amarillo en torno a mis párpados sedientos de ruiseñor agotado. Soy mi propia sangre muda ante la expectación del arcoíris de un duende robado. Cuanta saudade llega del mar con su voz de brasileña añorada, brisa y mar calmo al calor de la arena. Cuanta saudade en esta rúa en que jamás imaginé un amor así. Todo se mezcla y omito la advertencia de los dioses, que reprimen la libertad poética con sus leyes y sus fórmulas canónicas. Una niña de ojo enorme chorreando sangre en un uniforme nazi cayó en un lienzo y se quedó pegada mientras el pato Donald, héroe del pintor, estaba impávido y alegre frente a la multitud de aceros y potrancas bufando duro. Responde desde la soledad el firmamento náuseo mi clarividencia de polilla vetada de los medios públicos. Mi ignorado silencio que no tritura la casa de muñecas, que suele pinchar a un oso de peluche como a un toro diminuto. Era hermano del panda. Sí, del panda que vio el matrimonio entre el perro y el conejo al borde del asiento. El padre era muy represor y comía mis ansias de liberarme de sus cadenas brutas.

Ayer conté cómo un alacrán añejo se posó en mis labios para murmurar un secreto nuevo. No creo que sea capaz de convertir el mismo formol de los cadáveres en el vino de mi boda con la muerte. Y, brazo a brazo con la muerte, callo besando su calva oscura y ceniza, mordiendo sus labios resecos de naturaleza muerta al sol de verano. Ahorco quedamente el cuello blando de un ciervo con cuerpo de mazorca y cintura de palmera aceitunada.

Entre los Doctores de la ley del bisturí, estaré listo para el 24 de Diciembre. A la rorro.

Yo te seguía como un lucero errante entre la noche sonámbula.Te seguía caminando entre las aguas de humeantes manantiales. Los altos pastos ocultaban los tigres de robustas patas y largos dientes. Ocultaban mi propio corazón entre las matas. Allí dejé mi sueño reposar.Y me miraba conteniendo la risa, que escapaba bajo la nariz. Tal vez rió bajo la tierra, para no hacer notar sus carcajadas de oboe solitario.
Quisiera verlo reír. Si así sonrió, ¿cómo será su canto de alegría? No atisbo a comprender todas las posibilidades.


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