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viernes, 8 de febrero de 2013

El corcel

Como corcel sin brida es este muchacho. Lo sabe cada bugambilia. 
El patio es un párpado observando el sol.  
Yo, a espaldas de Xadani, el cuerpo abrazo. Nos deslumbra el reflejo de las ventanas frías. Nos entibia el aire. Nuestros ojos no miran lo que el  patio. 
Suenan risas de niños. No son nosotros. ¿Acaso Importa?
Si la maestra me pregunta: 
 - ¿Por qué no te despegas de él? ¿Eres su sombra?
- No
- ¿Su novio? 
El rubor en mí no existirá más. Se reflejarán sus preguntas en  mis respuestas.
Un día, en clase, nos creíamos santos e imitábamos a Buda. Yo tenía un nombre ridículo, cual las vidas ingenuamente castas. No pisábamos las plantas. En posición de yoga sonreías...

Son interminables las rondas en los jueves en el patio. ¿No crees? ¡Vamos, Sube los escalones con mi peso, Xadani! ¡No te desmorones: sé que puedes como yo puedo quererte! Sostenme mientras hundo mi nariz en tu cabello para oler tu cansancio sublime y tu rubor que sólo yo reconozco mío. Te das cuenta que el patio es infinito y el tiempo no nos dejará recorrerlo. En esta última cabalgata te digo: Antes de que cante el gallo crecerás y te dará pudor todo esto. "Nunca te rechazaré, dirás" Y el gallo cantará tu adolescencia.
Al salir de clases, te vi en la banqueta jugando seriamente.Te hubiese, mi equilibrista, acompañado por el riel de la  acera, donde pervive tu infancia como un árbol que crece en la orilla del río llamado Amor. Yo sería el contrapeso que impida tu caída, la hamaca suspendida por hilos que sólo tú y yo hemos visto. Pero no te preocupe la caída: te acompañaré.  Será un placer ahogarnos en el río que bañó mis botas amarillas en mis años de infancia.  
Te cosí un perro de fieltro: blanco y negro como un fotograma. Te escribí una esquela que no se sabía carta de amor. En ella dije que te extrañaría. Te la envié con tu madre. Se despidió de la mía. Los adultos se despiden con risas y falsas promesas. Jamás lo entenderé.
Quise preguntar a mi espejo si nos volveríamos a ver, mas lo vi convertido en añicos.

Partes como en un duelo de revólveres, sin volver la mirada. Ruge el mar que disfraza el ruido de tus pasos. Las lágrimas que fueron retenidas no tendrán galardón ni castigo. Dispara Amor su flecha de plomo. Siento un peso de tiempo inexistente. Un síncope me volví.
El gallo, fatigando el recuerdo, profetizó tu olvido. 

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