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miércoles, 6 de febrero de 2013

El Senesino iluminado











Dove sei, cantaba el Senesino
en su cuadro tornasolado. Al fondo
los árboles cuantiosos en espuma
de vino que rezuman caracoles.

Tristes corazones de caporales
veo babear en todo trasatlántico.

Se tronchan racimos, nervaduras,
ojos de ciegos y súplicas rancias
del niño entre risas de la tropa.

Mastica el horror. Bocabajo con las ronchas
a punto de reventar.

Pez se retuerce en patio.
Las escamas en leguas de los chicos.

Réquiem.

Los curas elevan las ostias...
Cristo vierte la leche en toda copa.
Van monaguillos tras el billete.
Reciben dulces añejos
que escupen en la pila
donde se bautizó
cien mil veces Jesús.

Fuerte es mi sangre. Muda la escafandra
en que se ahogó el niño de los sueños.
Breve la tina derramando sangre en los búlgaros
redondos y vírgenes torneados por una mano breve.

Navaja fluorescente te abre.

Soles apachurrados en los labios y un caracol errante
sin su sombra,
sin su sabor a sal,
sin su sonido.

Un chiste mal dicho es una sentencia de muerte.

Y reiré hasta que mi risa sea una misa de difuntos.

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