Follow by Email

Google+ Followers

martes, 3 de julio de 2012

Poema del desasosiego

Lengua a lengua ya empalmo los gorriones
al borde de mi voz, piedra sin río,
bocanada de rémoras sin frío
que corren sin nevar las estaciones.

El renegrido vientre en mis canciones
rueda en voz infantil entre el gentío
sordo que clama, ajorca en el vacío,
una consumación de mis prisiones.

Rujo en la niña. Lágrimas, dragones
bajo mi pecho yacen ocultados
en rota luna de iluminaciones

Ya mis pulmones, de gemir cansados
a un alacrán donan sus contracciones,
en coágulos de escoria derrotados.

Poema de la impotencia

Callo sin conocer y dobles lágrimas tienen aposento en mi conciencia. Ambas van tras el galgo que, a su vez, persigue, inútilmente, el cebo de la gloria.

Rompo mis dedos. Ya no queda nada. El lazo sigue, impacientemente, colgado enmedio del bosque. Tantas ganas yo tenía de encontrarlo. Pero me faltan fuerzas, y no puedo continuar. El pasto y su textura de lija al lado de mi oído. Caigo en un paraje abandonado. La tímbrica humedad de mis recuerdos. Los capulines saltan y se inflaman.

Quiero salir de aquí y no hallo la puerta. Yo, el peor de todos. Revolviéndome bocarriba. El sol pulmón a pleno resecándome como a un charal de las mercaderías. Respiro. Libélulas huyen ante mi dolor vergonzoso. Hasta te he encontrado con los ojos suplicantes, al fondo del pozo, y me miras con terror, Cycni Poeta. Lloras como un infante en el regazo, suplicando por su vida. Te azotas vulgarmente y escribes este "poema", que no está a la altura de tus grandes sonetos. Pura angustia vertida. Y olvido. No correrás. Tus pies entumecidos en esta gangrena no correrán, desnudos en la húmeda hierba, para masticar los inmensos volúmenes de las etnografías. Tus manos no tendrán más la maldita costumbre de comenzar a hojear por el final.

Estás al borde de la angustia y eres un títere de engrudo deshaciéndose por la humedad y el humus que te corroe. Quisiera huir. Caballos: llévenme con ustedes. Apágense las velas. Mugan los querubines para que se abra el suelo bajo el golpe de los duendes mineros, codiciosos e insaciables como mi infelicidad. Quiero escapar del mundo: al silencio eterno sin memoria. Me embalsame una capa impenetrable. Ya no más al naufragio ni a la esperanza que, inútilmente, espero.

Me da pena llorar... Si tú estuvieses. No estás, Minuestis, príncipe domador de gorriones, hecho de trenzas de imaginerías, con tu esbelta cintura burlando al tiempo y a Judas. Tu sonrisa que, al contrario que yo, todo lo ignora.

Este tiempo al hollín dedicado. Cigueñas vuelan al sol y caen como pesadas campanas fugaces. Todo se derrumba. Las estrellas chocan sus destellos y revientan en lágrimas que nunca caen. Se colapsa mi cráneo y deja al descubierto el río de venas saturadas. Me da un pudor inmenso. Me consumo como un gato a las orillas del camino, repleto de gusanos, pero que descansa tranquilamente a pesar de su gesto de horror. ¡Cuánta envidia y tantas ansias mutiladas! ¡Cuántos niños castrados gritando al unísono. Las piscinas tintas y las conciencias negándolo todo.

Yo contemplo desde mi madriguera a las bestias trozar a los venados que extienden su lengua tumefacta frente a mi, pobre impotente, que no sabe ni puede lograr algo.

Cycni, como en el CCH, anhelando sus sueños silvestres. Cycni que perdió sus teorías por las que le juzgó genial Raúl Fernández Linares. Cycni careta de desesperación kafkiana. Un absurdo, un sinsentido.

Quiero llorar. ¿Qué fue de ti? Te has extraviado. Sólo por ti valió la pena la existencia. ¿Qué sucedió con tu poesía deslumbradora? ¿Dónde están tus versos magníficos, deleite a los oídos?

Me han derrotado gota por gota. Soy más insostenible que el discurso de Peña. Irregular como las elecciones. Seco completamente. Denme el tiro de gracia, no soporto. ¿Hasta cuándo, reforma laboral, circo de fenómenos deformes que hartan mis sentidos y asustan a este niño del fondo?Mi prosa cae en pedazos. Un polvorín lanzado al aire. Triste poeta, asiduo a los conciertos sabatinos, desafinada lira para siempre.

Sin metáforas, sin más sentido mas que el literal, estoy aquí sentado en una piedra dura, temblando ante el muchacho del que me enamoré en mi adolescencia. Pasa con su novia y me sé ridículo.

Están agotadas mis metámorfosis. Si fuera un Fénix resurgiendo a una Arabia Feliz...  Una criatura desdoblándose, sin cohesión alguna, sin aportación ninguna.

Estoy endurecido a base de muertes diminutas. Sin ideas. Pobre en argumentos. Exangüe de batallas. Al borde del camino pasan los tropeles y nadie cercena mi testa grisácea de joven. ¡Por favor, un corte de cabeza para un pobre ciego! Todos pasan sin mirar y me arrepiento de pasar sin devolver una mirada a tantos mendigos con los que me cruzo.

Soy Sansón con el cráneo depilado. Sin fuerza intelectual. Atado por hilos filisteos. Apenas puedo hacer rodar la piedra. Ruego a mi dios Literatura un último milagro. Ruego por recobrar esa dulzura de mis versos de niño, esa que me hizo estar aquí.

Soy un vestigio. Ruina de lo que fui: una posibilidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario