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viernes, 1 de junio de 2012

Poema extinto

Una aguja de nieve se inserta en la niña de mi ojo e inyecta el sueño desde el centro de la raíz de un árbol de hondos rumores. Y quedo en un manantial en el que los niños reman pesadamente a través de los juncos sin peces y el fondo frágil de espuma negra. Cachalotes del tamaño de un puño hace tiempo silenciaron sus cantos. Los cangrejos yacen muy al fondo de la arena y sienten los estremecimientos del calor subterráneo del vientre terrestre.

Un géiser brotará de pronto y nos herirá las narices con su chorro hirviente. Es entonces cuando recordaremos a Yellowstone y sus manadas, a las interminables praderas sembradas de búfalos y palomas americanas como la medida del cielo. Un ciervo en cada rama. Un antepasado en cada río.

No veríamos un escupitajo caer sobre nosotros mismos ni nos despertaríamos llenos de basura espacial y de aviones en torres humeantes. Pensar que abrazaría una cintura de lobo de tasmania y le besaría la testa con mis labios de talco que apenas saben murmurar los nombres de aquellas criaturas enormes y extrañas, más vastas que los bestiarios de todas las literaturas.

Me imagino naciendo de un huevo de dodo a las arenas y a los cazadores furtivos que devoran el fruto de mi esfuerzo. Parece que el hombre siempre quiere salirse con la suya y sacar para sí e ignorar a las otras criaturas. No es sino cuando crack hace la bolsa que recapacita en los daños, pero ya hemos tenido una crisis peor nosotros, los osos polares, en este desierto de mármol que bajo patas resbalando se derrite.

Cada vez moriremos más lenguas, especies y pueblos. Parece ser que terminaremos siendo sacados de un molde para ser todos iguales, todos de gris vestidos, ridículos y encantadores, pedantes y sofisticados.


Me senté a esperarte
Me senté a esperarte echado al sol como un perro callejero, greñudo e invisible a las miradas. Un travesti con síndrome de Down me dio chuleta y le lamí la mano. Las mierdas del puente sosiegan de terror a los peatones y constipan mis fosas nasales. Me arrulló en sus enaguas de princesa mongola y dormí como un lobito marino al borde de los acantilados. Los coches rugían como olas empetroladas por el último derrame, mientras un saborcito ácido me quemaba la lengua. Las humaredas de las refinerías y su azufre horadaron mis pupilas mantequillosas con una pátina de súplicas y remordimientos. Quiero saber qué se siente ser golpeado por los cetáceos y rodar en el rodillo de cada ola con una cola de orca golpeando la tecla más grave de un órgano apolillado en sangre. Rodaré por los lomos sin preguntarme siquiera el significado del dolor. Me aferraré con el hocico a las enaguas del travesti y mugiré una frase de amor a su oído. Él me contestará con mi misma frase puesta al revés. Y el mundo girará viceversa y volverá a las guarderías de focas y cesará la tormenta, volverá, sin pescado, mi madre. Y retozaré junto al amanecer de esa tarde.

2 comentarios:

  1. Me dejas anonadada. La Giralda te señala favorito.

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  2. Ésta es la versión final. Me alegro que andes en el punto. Critica, ehhh, que no me enchilo. El punto de cruz es la minucia.


    Sweater
    para mi mamá Doña Berta

    Remienda ala tu pico, paloma en punto de cruz,
    que el cielo es ancho. Tildes variopintos celebran
    su llanura de magra holgura. A punto de arroz,
    repujan celaje auroras, aunque enanos puntos
    discurran proezas que no asen la gloria del telar,
    el almíbar de la rueca. Para enhebrar el sedal,
    bástese solar desflorarse, no apertrecharse almena,
    dueño de verdades enigma. Nimbo ensarta el tiempo
    su donaire entre abanicos cruzados, trayectorias
    tenaces; éstas, a paso de cangrejo. El final
    no corre prisa. El ir y venir de los puntos,
    mandala, trina acueducto, fantasía
    de hojas truncas que lecho vaivén encarnan.
    A racimos, grecas entrelazadas, sierpes bailan tisú
    sobre la hiedra del torso. Ánima, se retribuyen
    planetarias mientras hebras ascienden lazo
    por la espalda para en el cuello
    engarzarse seña, qué no santo.
    Nido de abeja corren lácteas las mangas,
    se vierten panal sobre las manos. Historias van,
    historias vienen. Tras los visillos, los dedos se aman,
    íntimos, hasta torpes, pero sagaces voces,
    derviches, sólo entonan magia. Jalea real
    escurren las horas. Cera, el principio, lo postrero
    se empalman artífices, dádiva. Punto.

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