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martes, 22 de mayo de 2012

Segundos poemas experimentales


Tarde de adolescencia
Él era Omar. Y me mirará por siempre con sus ojos.
Lo saludé y nos sentamos en la jardinera.

Tarde adolescente.
Hojas húmedas, tierra blanda y olorosa, aire coloidal.

- ¿Por qué estás triste?
y lo volteo a ver
¿Por qué estamos tristes Omar tú y yo? dice el árbol de la jardinera.
Omar me mira con sus ojos de ardilla y nuez.
¿Sí? preguntan sus ojitos de ciervo.
- No… es que…me….m…- nerviosamente, me froto las manos en las piernas.

Lágrimas no pueden salir.

Omar me dice que si no le tengo confianza.
Más hojas húmedas en mis ojos.
¡Pero si tiene los ojos de Stephanie cuando la amaba¡
¡un ciervo de ojos grandes que era yo!
Lo amé.
Sin lágrimas, lloró por mí.
Él era Omar. Y me mirará por siempre con sus ojos.



Rimbaud
Murciélago galo en un lis.







Danza: amor
Con dedos encrespados yo en volandas
ardiera en latigazos ora fuego,
para dejar en otra carne el ego
en ruletas de instantes, congeladas.
Ardiera sin arder en un zumbido
con cuadrados vertiéndose a mi diestra.
Balancín dinosaurio en mi siniestra
otrora nuca en clásico tañido.
Ardiéndome los dedos y lanzando
hachas los brazos-plumas de marismas,
y acantilados-cuerpo yo elevando
a un orgasmo de furia en breve grito,
gimo de amor bestial desnudo al aire
en mi danza frenética y obsesa.



La rosa
Ya van encaneciendo las estatuas
y se cubren de arrugas y se encorvan.
Sólo la rosa permanece intacta.



Mi dios se llama sueño
En la contemplación yo he aprendido
a ser poeta. Niño, me quedaba
a contemplar a diario la flor misma,
ora llena de hormigas o pulgones,
ora abierta a la vida cual mi anhelo.
Odiaba a los filósofos antiguos
y todas las cuestiones “elevadas”.
Sí; algo de Homero, de Virgilio.
Pero la flor fue mi épica más grande,
mi amiga más íntima.
Y la regaba a diario y la regaba.
Jugaba la tierra.
Hacía un pocito y lo anegaba todo.
Yo me miraba en él, yo me miraba.
Jugaba con las piedras antiguas
y todas tenían mi nombre grabado.
II
Yo arqueé los barrotes de blando acero de la ventana
y me eché a volar a la montaña no sagrada
buscando a yo, o al mundo, que es lo mismo.
Mis noches no están llenas de Virgilio,
sino de vuelos sobre tierras excéntricas
y ríos de aceite y viajes incansables
y reyes niños en tronos de plumas
y vuelos sobre bosques encrespados y sombríos
y volcanes miniatura que eructaban a través de una vulva
en la que me vertí no sé si montado en mariposa,
pues tal vez era yo.
Mis noches están llenas de pagodas
inmersas en el agua
y de ríos infinitos arañando sus cauces guturales
y de piscinas donde flotan Budas
y de cenotes mayas de los que del fondo sacaba
monedas sin el perfil de César
y extraños parques de niños con perfil de ave
y Rimbauds desnudos danzando can-can
y charcas y chalupas
y siempre en soledad,
y siempre solo.





Yo no quiero ganarme el Premio Nóbel
Me basta mi sueño en soledad.



Poemita
En la clase de prehispánicas,
yo era una alondra con un ojo bizco
hacia la plenitud del espacio.
Como que algo trinaba allá afuera sobre los antepasados
que, dice Sahagún, eran tal y tal.
Plumas, ajorcas, chalchihuites,
moralidad, palabra hermosa.
Yo no quise ser sabio ni moral.
Yo sólo quise como una pluma de tórtola
arder al aire con un giro suave.
Yo quise montar la tórtola menos erudita,
más niña y juguetona,
la de más grandes ojos;
a la más despeinada y espontánea,
cual no son los sonetos rígidos a los que dediqué mucha fuerza de cincel
y afinación de sílaba.
Si las avecillas….
Si yo fuera una avecilla…
Y, en la clase de prehispánicas,
yo era una alondra con un ojo ciego.





El retrasado genial
He quedado con el cerebro hinchado y rumiador.
Estoy harto de las mismas clases de lingüística.
Hago mi prosa pedacitos y dizque hago poesía.
Me dejaron pudrirme en los pupitres.
Me anularon.
Todo se fue por las coladeras
junto con “imagíname como a una rata”
¿Hubiese sido un genio?
San Determinismo tenía su libro en mis espaldas,
y escribía
sus designios
matemáticos.

Cuando era niño, pensaba que este momento sería feliz.
La niñez se disuelve, y llegan amebas para corroerte las sienes
con academicismos y pitoles virtuosistas.
A veces pienso que me he alejado de aquel invernadero colosal en que cabía un palacio,
que voy a convertirme en un…
retrasado mental decían que era, porque me veían danzar en los pasillos.



Un bailecito
Las salinas marítimas que amo
cuando tus huesos son cual mis almohadas
siguen en muerte-fosa enamoradas
y cascando las mías si te reclamo.
¡Qué!, ¿nunca volveras, Omar, mi ramo?
mi calavera pútrida adorada,
carroña y mariposa cercenada
entre mi propia voz mientras te bramo.
Y vomito a los cielos tu bendito
nombre protervo, erótico cual perra
perros pariendo envueltos en placenta.
Te arrullo entre mis propios intestinos
al son de las matracas mexicanas
que me hacen danzar como un astro lunático.

En el hospital
Doña Demencia invade mi última faz de ternura
y de Sublimes llena.
No la dejo cantar sin mis susurros,
ni dejo que reine
en esa tarde
de hospital y bravos dentistas
que el bracket colocaban en tu diente
y te hacían aullar a veces poco.
Y se iban los suelos empapando,
y se iban los asientos empapando
que ocupan los pacientes,
con mi llanto.
Perras y perras en desfiladeros.
Mármoles descarriados y pusilánimes.
Enormes discrepancias que nunca sellarán.



Desesperación
A dentelladas, fruto de nube yo hilo en mi vena.
Cuchilladas de potros danzando en rehiletes.
Genitales al espejo.
Cuerpos delgados y fragantes trotando alrededor.
Las tías severas con sus ceños graves.
La abuela, que es mi marido, me golpeaba.
Siempre el mismo en el espejo.
¡No volteen, perros; mírenme, que les hablo!
¿Cuándo, demonios, me destazarán
las mandíbulas con sus bisturíes de histeria?



Anoche era una máscara
Hoy me la quité y bailamos juntos.



Hartazgo
Me siento harto de todo.
Río.
El pío-pío me aturde.
Los grifos me son indiferentes
igual que el parlar de don Bulmaro.
¡Búsquenme, que me he extraviado!
Ayer tomé unas semillas negras, marchitas,
y las tiré por las escaleras.
Me acordé de que me encantaba jugar con las ramas de “la palmera de pastel”
Me acordé de los pajaritos, y me dieron ganas de devorar mis propios sesos.



Poema leve
Tantos cabellos besé como ajorcas parí.
No sé decirlo al vulgo, pues se ofende.
Las turquesas ni son del norte ni son de aquí.
Con esta idea, tiro de mis zapatos.
Jalo las agujetas.
Estoy muy leve
y no me importa el mundo.
Me acuerdo de la televisión,
de los laberintos, las niñas, los generales
los franquistas, las llaves, los tesoros, las hadas,
las torturas, los guiñapos.
Soy una alondra acuchillada por el huracán Padre de Kafka.
Exagero, quizá.
Soy una cucaracha que llegará bien alto.
Hay luismigueles gigantes cantando jijodeputas,
y un José José embaraza a Guadalupe con su verga de mimbre.
Yo no sé qué con Shakira, que contonea las caderas a Slim.





Una noche
Noche de cuerpos con antifaces.
Hay un chico subido en la barda.
Me estira su mano.
No la tomo.
¿Siempre ha sido la noche tan callada?
Me mira con tantos astros, lagunas, dulces sombras.

Hay panteras esbeltas aquietándose en el agua,
rosales ebrios contoneándose.
“¡Si lo besaras, oh, si lo besaras!”



Sacrificio
Sacrificial, flor no guerrera enhiesta
de tus incinerados frágil polvo;
de amor remanso no ya en la corola
del paralelo acto.





Tiempo



1:17

Alacrán de histeria y cántico.



1:18

Chivo enlazándose a mi cuello, deslizándose por mi costado, besándome el vientre.



1:19

Ejemplo es de luz cegadora e incapaz el chivo que me encaja el cuerno en el costado.



1:20

¿Vuelo montado en colibrí de plata? Hay veces que no, y un cuello me muestra al mundo destrozado en mi tristeza. Pero la noche es triste, y siempre te cuelga el molcajete al cuello.



1:21

Las putas musas me dijeron: ¿Serás poeta? Yo les contesté: ¿Son vosotras musas?



1:22

Hubo un perro de ojos-leche que era mi cráneo envuelto en cegadoras luces blancas. Blanco mundo lleno de palabras a las que invoco. Floraciones malsanas. Glacial pradera de…



1:23

leches cuajadas y tiradas al viento como por la nariz de un niño



1:24

¿Las causas no tienen arañas? Las tienen, pues mi lengua no se ahogaría al estar piedra y cielo ambiguos dando. Soy una ve, pero no completa.



1:25

Sé que las mismas marismas de Aquiles aquí les doy, pero no soy el mismo, y trato sin narices por un campo que es mi hermana.



1:26

Soy un ancla rota besando el obsceno perfil de sí se que gobernante cubierto por un mar de hermanitas crucificadas, y por el rasguño que me dio un muchacho en el ojo derecho.



1:27

Soy un ave de cetrería que a la tintorería va a dejar los paños de su dueño. Canto como una hembra bomba y sueño. Llegaré suavemente y besaré tu cuello herido sin que el mundo me hiera, sin que las palabras tosan sangre negra ni gruñan a mis costados. ¡Ay de mi dolor cansado! ¡Ay de mí can asado! ¡Ay de mí cansado!



1:30

El tiempo es una cosa que inventaron los abuelos por que no sabían en qué matar su tiempo.


Suave patria

Proemio

Yo que solo canté a mi noviecita
y sus besos sin íntimo decoro,
alzo hoy la voz a enmarañado toro
y sus maneras de trotar que incita
a la chusma a tirarme algún gargajo,
para feliz, mandarla yo al carajo.

Tramontaré con las alas juveniles
con remos que sí pesan, porque van
como los remos del varón Don Juan
que se engañaba en juergas varoniles.

Diré con una lírica vulpina:
La patria es una cárcel asesina.

Suave patria: permite que te envuelva
como a un tamal de piña o de peach melba
con que me deleitaba por entero
burlándome en las piernas de muchachas,
entre tortas, tamales y garnachas
y albóndigas que vende el carnicero.


Primer acto


Patria: tu superficie es como hachís,
tus minas la oficina del tesoro
y tu talle curvo es de meretriz
de un arándano vivo en que te adoro.

Eros, que te negó cualquier venablo
te dio el honor de seducir al diablo.

Sobre tu bacanal, cada hora vuela,
onerosa y bermeja sanguijuela;
y en la malicia que te dio la escuela
que manda un leguleyo en taparrabos,
las campamochas caen, y los centavos.

Patria: tu desangrado territorio
se siente como un pinche purgatorio.

Suave Patria: tu casa todavía
es tan grande como la juerga mía
al dulce fulgurar tu galanía.

Y en el barullo de las religiones
con tu plegaria sosa y laxa pones
la frigidez entre los besucones.

¿Quién, en la noche que asusta a tu hermana,
no gozó, conocido todo vicio,
del brazo de su prima, la manzana
que Eva a Adán le dio antes del fornicio?

Suave Patria: en tu traje de catrín
luces cual regio dandy gachupín,
y entre tus rubias greñas se destroza
el alma mexicana, congojosa,
y a tus dos senos de peyote sabe
ofrendar polución toda mi briosa
raza de bebedores del agave.

Tu plata paga al guarro, y por tu puño;
tu corrupción, inmensa porquería,
ya cuela al sobrino o al concuño
en puestos públicos de primacía
con acre olor de la comisaría.

Si clamamos nos tomas por idiotas
y remites a mitos de patriotas,
y luego te dispersas toda entera
mandando a disidentes a la hoguera.

Al priísta y al panista dices sí,
que en corruptos mandos  prueben de ti
tumores que no quita el bisturí.

¡La noche de la Virgen, cuando truena
de cohetes fanáticos nos llena!

El legado de Calles, que nos baña
de locura, reclama una guadaña,
que interrumpa su ser, sane al lunático,
que al PRI se afilia en vez de ir al psiquiátrico.
¡Que al fin se extingan tus majaderías
y Dios y sus nefastas teologías!

Caldo de cenagal: yo veo en tus rejas
vender a los obreros en bandejas,
al jodido burgués clasista y loco
al son de un réquiem lánguido y barroco.
Y oigo en explotación tan homicida,
tu risa, falsa Tierra prometida.

Interludio


Joven abuelo, quiero cuestionarte:
¿por qué el imperialismo de estandarte?

Anacrónicamente, absurdamente,
a tu átatl iguálase el metal.
A mi oreja de blanco tú la espantas
con un huéhuetl ronco y estridente 
que de lamentos llena un manantial
de espuma y sangre en todas las gargantas.

De Xochipilli el canto subrepticio
tu faz envuelve en medio del suplicio;
tu rostro al fin impávido y tirano
nos escuece con ácido las manos.

Zompantli cultural en que se enclava
tu clase decadente: la esclava
Anáhuac, la gabela impía,
el júbilo de las mitologías
católicas, los Cristos a tu vado,
y por encima, haberle suplicado
a la daga de mi abuelo Cortés
darte la muerte con inmediatez.

SEGUNDO ACTO

Suave Patria: tú encarnas lo sombrío
del cristianismo que inventó un judío.
A tus hijas las tienes olvidadas,
o espoleadas con crack o con formol,
o cambiando espejos al español
por baratijas desconsideradas.

Suave Patria: eres abstracto mito,
hija que no repara en su delito;
como niña que corre a lo pendeja,
en el suelo revienta la molleja
y se ufana de ello sin dar ni un grito.

Inaccesible a la razón, verdeces;
creeré en ti, cuando la marihuana
me incline a creer estupideces,
o borracho, a las seis de la mañana,
al hechizarme un brujo, quede lleno
el país, del letargo del veneno.

Como la Santa Sede, Patria mía,
con antifaz moral, vives al día,
de trinquetes, como la policía.

Tu imagen, el Palacio Nacional,
con sus amplias anchuras de huacal,
amplitud de Dachau y de corral.

Te darán, si es que aumenta el microbús,
un Simeón que cargue con tu cruz.

Suave Patria, infiltrada por la CIA:
quiero raptarte en las amenas fiestas
sobre el regio caballo de las gestas,
y entre berrinches de la burguesía.

Tus héroes ya no prenden el pabilo
al águila que el párvulo sepulta
en estuche de discos de vinilo;
y nuestra senectud, llorando, indulta
dentro de ti el escudo hecho poma
de sierpes que hablan nuestro mismo idioma.

Si reviso tus folios, a mí baja
de archivados delitos, un inmenso
espasmo de sepulcro y de mortaja,
y si tirito, dejas que nos tope
Maciel, el criminal varón de incienso,
arzón de mimbre y miembro de rompope.

Por tu balcón de clanes homicidas
con un gris sambenito, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú me olvidas.

Quieren bullir tus rictus en sigilo,
cual pudriéndose van los prisioneros
que en sus celdas cuajados de despecho
desanudando la corbata, han hecho
a una viga asesina de sus horas.

Patria, te doy de tu sangre la llave:
sé siempre igual a tu halo reaccionario;
quinientas veces báilame el jarabe
y quinientas rebájame el salario,
no falte PAN y circo, Patria suave.

Sé fango y hiel; triste guano o abono;
rígida coz, la trigarante faja
en tus taquitos al pastor; y un trono
en descampado, cual una navaja:
la patriótica y anémica mortaja.


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