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martes, 22 de mayo de 2012

Primeros poemas


Primeros poemas


Dedicatoria de los primeros poemas

a Stephanie Geovana, que no me quiso



Tendrás un día de otoño mi libro entre tus manos;
tal vez así comprendas mis versos y mis flores;
tal vez así comprendas recónditos arcanos
que tuve entre el amor, mi vida y tus colores.

A ti, mi amor primero y postrimero
que nunca revelaste mis pasiones;
nacieron hijas de ellas emociones
que plasman, fiel, su huella en un lucero.

Quizá lo guardes pronto o lo eches al olvido.
Pudiera ser que tomes las hojas perdurables
y sepas que nunca he abandonado mi cumplido,
ninguna vez existirá amor tan admirable.
                                                                                       
Desde ese día sabrás lo mucho que te quise,
y, entonces, llorará tu vida en la comedia
de no encontrar amor tan puro que bendice;
y te arrepentirás que me dejaste en la tragedia.

Leerás, como ninguno, mi libro entre tus manos.
Querrás amor tan bello que nunca conseguiste.
Será tu amante el libro, la fruta de un manzano.
Darás cuenta que entonces también tú me quisiste.




“…era triste, vulgar lo que cantaba…

mas, ¡qué canción tan bella la que oía!”



Manuel Gutiérrez Nájera

El ave herida



Un ave cayó desde las alturas celestes
herida por la flecha dorada.
Se desangraba al ritmo de su triste caída.
Cayó al negro abismo, al abismo de la soledad.
Y, desde entonces, deambula
en ese laberinto sin salida.



Penas de amor

Cupido llegó a mí y me otorgó su flecha,
que, con máscara de encanto
ha cubierto su faz engañadora.

No me asfixies con tu manto.
Ten piedad de mí, dios santo.
Quita tu red de mí. Libérame
de tus garras mortales.

Yo sólo quería flecha de amor,
nunca pedí garra de perdición
en donde ahora me desgarro;
en donde me pierdo, en sangre;
en donde ya no soy tan niño.



A los ojos del amor

A los ojos del amor...
tu belleza de fantasía:
ojos color obsidiana de insondable mirar;
tu envolvente aroma que me hace suspirar;
tu cabello, manantial de vida que me envolvía.

Eres más elegante que un cisne.
Las flores se marchitan a tu lado.
El amor, el que por ti me ha cegado,
en mi alma no sabe que define.

Tu piel es más suave que la seda.
La luna se opaca contrastada contigo.
El sufrir que me quema y yo persigo
es pasión que por ti y tu amor se queda.

Tus manos y tu boca: símbolo de amor;
suave locura que me hace por ti morir.
Aunque la dorada flecha no deja de herir,
es cariño adorado lleno de fervor.

Es sutil amor de tus brazos
(me desbarato de amor en ti)
ya no estará más en mí,
aunque avive un cielo tus abrazos.

Las cartas de amor para ti escritas,
bellas palabras, hermosos poemas,
pasiones y vida que de luz están llenas,
a los desechos van como flores marchitas.

Un “te quiero” no basta para expresar
un amor incomparable y de dolor;
adoración dorada llena de candor
que día a día me hace llorar.

Perdido vuelo en el cielo,
este amor me ha de matar;
tus ojos bellos y negros
quitan el alma al mirar.

Perdido vuelo en el cielo,
esto no se ha de esfumar;
la mirada de tus ojos
nunca la puedo olvidar.

Si, por algún motivo, otro amor te pretendiera
yo te idolatraría y amaría más y más;
y, aun pensando en el amor que no me das,
no apagarías el fuego de esta hoguera.

El ferviente anhelo del suspiro…
es dolor que de amor me inspiro
el ferviente anhelo del suspiro…
es amor que por ti lento expiro.

Y, cuando la luz de luna
anuncie la despedida,
mi corazón no te olvida,
porque de ti solo hay una.

Por última vez,
me extirparé el corazón
para no amarte ya,
porque el ave que se va
no volverá alguna ocasión.

Te deseo que seas feliz
y no te falte nada;
aunque yo sufra
sin el fulgor de tu mirada.

Encontrarás otros verdes prados,
otros amores adorados;
pero dudo que alguien te ame tanto
por tu vida y el encanto
que a mí me provoca el llanto.

Y mi corazón se cristalizara y se quebrará
por la despedida que pronto vendrá.



Un nuevo amor

El día que alguien realmente me ame
yo podré brindarle mis sentimientos.
Mis poemas versos y consentimientos
le entregaré a quien el dolor calme.

Todo su cuerpo cubriré con besos.
Llenaré su piel de mis pasiones.
Yo podré concentrar mis emociones
ahora en alegres y dichosos versos.

La amaré más que a la primera;
la haré feliz y vivirá contenta,
y volverá a renacer la primavera.

Ya estará a mi amor atenta,
y fundirá el antiguo amor de cera,
y hará que piedra el otro amor se convierta.



Cuando eras mi amiga, y no te amaba

Como amigo tú me querías; mas, ahora,
aparte de no conseguir tu amor, perdí tu amistad.
Eso es lo que me duele más: la alegre amistad que terminó.

Me duele como no te imaginas
la amistad que pronto difuminas
por miedo al amor que tú tenías.

Yo también sentía temor
a conversar contigo;
como si el amor que yo persigo
me fuera a disipar como a una vela.

Mas el dolor por las noches me desvela.
Me siento culpable, pues tenía tu amistad,
pero también quería tu amor,
aunque la amistad sea más perdurable.

En un principio yo pensaba:
“Todo el fuego que sobre mí viertes yo lo sofoco”
y ya ves, no pude continuar con mi empeño;
me incendié de tu amor,
y ves lo que sucedió.



Playa al atardecer


Las nubes juegan en el cielo.
Palmeras se levantan en la arena.
Espero a que la luna llena
explaye su luz blanca que quiero.

El mar azul y el cielo se funden.
Gaviotas vuelan por las nubes.
Radiante luna: tu subes
y brillantes estrellas se desprenden.

La casa de palmera
con cuatro luceros;
pasan eneros, y, como la vez primera,
los amantes siguen,
festejándose como siempre.
En las tardes de diciembre
más vehemencia consiguen.
Bajo la ropa
se deslizan las manos
buscando lugares ignotos
donde sondear

Queriéndose en la arena,
testigo de la verdad,
Y, después, con levedad,
se acarician con los ojos cerrados.
Sus labios se buscan, exasperadamente.
Se besan, el mar los cubre,
la luna los descubre
posando y concerniendo
al labio tembloroso
ardientes besos.
El atardecer hermoso muere hace tiempo.
Llega la noche,
y, sin que eche
su manto negro,
los amantes se van.
Sé que volverán alguna de estas tardes.



Tu amor por David


Tu amor por David,
fruto de una vid,
vino que me embriagaba
y me hacía perder la razón;
y destrozaba mi corazón

Mi niña, Stephanie:
si ya sabes
que al hablar de tu amor por David
en mi presencia,
me duele en la conciencia
culpa de no poder amarte,
aunque eso me regale la demencia.

A mí me parece un delito
amarte de tal manera.
Por tu amor todo lo diera
y, con mis poemas sin culpa, me desquito.

Aunque David no te ame como yo,
el recuerdo de él y de ti
habrán causado una marca
que en mi corazón se estampó.



Ahora

(versos ilusos)

Ahora que nos amamos
recorremos las calles
Al amor no escabulles.
Ahora nos besamos.

Alcanzamos una estrella,
la bajamos y destella;
alumbra nuestro amor.
Ya no está el horror
que antes estaba conmigo.

Bajamos de un microbús,
contigo parece
diligencia de mil flores
que a mi corazón convence
“el más bello transporte”

Mas sin ti es opaco,
gris y sin color;
destartalado y sin amor;
mugroso e infestado
sin tu ser amado.

Vemos la calle;
mas contigo parece vereda
repleta de flores.
Ese momento queda
en lo profundo de la rosa que te di.

Sin ti, la calle
es un despreciable hacinamiento,
llena de basura.
A mi mente no cura
la soledad sin ti.



Tu amor me cuesta la vida


Tu amor me cuesta la vida,
por más que lo intento arrancar
no me lo puedo olvidar.
Mi autoestima está vencida.

Digo, ahora si lo echaré
seré feliz sin ti
encontraré otro amor.

Más, viene a mí y me obliga
a pensar en él.

Hasta en mis sueños
tú estás.
Ni en mis escasas alegrías
te vas.

Tu amor no lo puedo olvidar.
Necesitaría olvidar que:
vivo, siento
pienso, como para sobrevivir,
veo, agonizo lentamente por ti,
existo, algún día he de morir,
hay personas, hay poemas,
te amo, existe al agua,
las flores, el aire,
el cielo, mi idioma,
mis movimientos.

No te puedo arrancar de mis sentimientos



Si algún día te dejaras besar

Si algún día te dejaras besar,
en ti ahogaría mis emociones;
en un beso intenso.

Aquel beso en que nos deleitamos,
con más intensidad, el siguiente
lo esperamos.

Quisiera en ese beso
quedar eternamente perdurable;
me brindaría alegrías innumerables
y ya no habría deseos despreciables

En ese beso toda mi adherencia
si tan siquiera tuviérasme clemencia.

Besos de tesoro
por los que lloro.

Mis labios abatidos
cobrarán los besos debidos.

Descubrir la verdad
de esta deidad:
¿Por qué no me ama?

Estos besos inocentes se tornan potentes;
serán mi consuelo,
se elevarán al cielo,
volarán con confianza
buscando la esperanza
de acabar con el tormento
que me toma sin merecimiento.



Flotando sobre las olas

Flotando sobre las olas
se encontraba Cupido,
buscando mi corazón abatido
y mis penas calladas y solas.

Mas tus ojos de un de ébano negro
me miraban, yo a ellos;
desprendían hermosos destellos.

Desde ese momento tu amor preciso;
dulce y suave cual la miel
en toda la expresión de su sabor.

Mas el dolor, amargo como hiel,
hace perder el encanto de un amor
y lo torna infeliz y abrumador



Paisaje de verano


Cantan los ruiseñores,
las flores de mil colores.
Canta por el bosque,
el amor de mis amores.

Escondida en la penumbra,
duerme una serpiente.
Mi corazón no miente
el amor que me deslumbra.

Campo cubierto de rosas,
manantial claro y pedregoso,
paraíso fantástico amoroso
de propuestas candorosas.

En cielo de un azul claro
nubes de algodón se divisan.
Tus ojos negros me esclavizan.
Sufrimiento duro y callado.

Árboles frondosos y mudos;
tu huella en el pasto quedaba.
Tú no te acuerdas cuando yo lloraba
esas tardes tan grises e importunas.

Caían de un arbolado
manzanas de tentación.
¡Cuánta no es mi adoración
que por ti mi herida no ha sanado!

Saltaba alegre y súbito
un ciervo de cobre.
Cartas metía en un sobre
para trozarlas después.

La forma celestial que me buscaba
me mataba de aflicción, y yo la quería;
aunque matara el alma mía
yo con más intensidad me apasionaba.

Y aunque otra persona te quiera,
(ahora comprendo)
todo lo que tú amas
yo lo amo.
Odio debería sentir
por quien roba
mi razón de subsistir.



23 de octubre

¿Te acuerdas de la flor que te di
el día de tu aniversario?.
Te la dio mi alma de templario;
teniéndote a ti como diosa
gentil y piadosa.

Veintitrés de octubre:
día sagrado para mi alma.
Aunque dices que conserve la calma,
es dolor que mi espíritu no cubre.

Este querer insalubre
se acuerda de ese día de bendición;
y, aunque no volverá a mi corazón,
yo me acuerdo de ese veintitrés de octubre.

Bendita sea la flor que tocó tus manos.
Bendigo el aire fresco.
Bendigo el suelo que pisamos.
Bendigo mis catorce años.
De amor me humedezco
en tus tersos brazos.



Poema a la flor


Flor que con tu aroma
me enervas.

Flor de blancos pétalos
que en mi corazón conservas
el recuerdo
de que existe la belleza y la bondad,
y que juntas pueden coexistir.
Arrancarte sería una vil maldad.

Flor de oro,
flor de ámbar:
al tu hermosura observar,
dentro de poco la añoro.

Plantada en tierra de candor,
es insensible
el que siente por ti estupor.

Tu tallo es verde;
verde de vida, de amor:
tu aroma y tu verdor
que a mi corazón concede
un deseo:
El de contemplar tu grandeza.
Y mi alma piensa:
¡Qué hermosa flor de pasión!



Poesía


Poesía;
lento y suave aroma de verdad,
viva expresión de la belleza,
amor que mi corazón confiesa.
Difuminas con tus alas la soledad.

Poesía;
de colores y de aromas,
de alegrías y de formas,
a veces dolor,
a veces un error
de amor.

Poesía;
toda mía;
amor en tus venas se dilata.
Poesía dulce y hermosa que me mata:
eres lo mejor que ha acontecido.

Poesía;
en la tierra, el mar;
cuando me tocas, me haces soñar
hermosas escrituras,
conocimiento y aventuras.

En ti desahogo mis penas
y puedo comprender la ajenas.
Sólo tú haces entender
el amor por una mujer;
un sentimiento profundo
que llena todo el mundo.
Te necesito tanto
por tu hermoso canto.

Estaba desvelado,
triste y sosegado;
te encontré,
y, en ti,
expresé todos mis sentimientos
y el pasado de mis sufrimientos
por un amor imposible.
Sólo tú  eres remedio infalible.

Poesía;
luminiscencia primaveral,
soluble como la sal,
en el amor te disuelves.
En mi mente vuelves
a hacer recordar
el vivo andar
de dos enamorados,
perdidos e ilusionados;
el querer para desear.
En la vida y en la muerte
estás presente
en ningún lugar estás ausente.

Donde hay vida,
una razón escondida,
amor y elementos en el aire,
o haya cielo, mar,
un ave retornando a volar,
hay algo para inspirar,
hay poesía.

Poesía;
floreada vía de fantasía
que todavía
en mi alma es mía.
Llena de templanza,
digna de alabanza..
Tu infinita blancura
desprende tu hermosura.
En un beso moras
con tu cálido sentimiento me enamoras.
Despiertas desatadas pasiones
en los corazones.
Del amor el fundamento,
de mi enamorado pensamiento.

Eres un paraíso
que la vida quiso,
con previo aviso,
involucrar en mi ser.
Antes era ciego para ver,
en mi dolencia
considerada pestilencia
que nada vale congojarse
ni engañarse.

Del amor la espesura
de un alma pura.
Ya el pasado
ha sido mejorado
Contigo,
poesía incomparable.
Con tu buen estilo
mi alma que cuelga de un hilo;
se torna admirable.

El amor en ti es tan fuerte
como la misma muerte y vida,
por eso nada lo puede vencer.

Poesía;
estas en mi memoria.
Poder atraparte es angelical gloria.



En un lago olvidado


Éxtasis invernal.
Despojándote, de un zarpazo,
de tu blanca ropa,
un ansia loca
se apodera de mí.

Te beso.
Mis manos deslizo y te embeleso.
En esencia sideral robo tus besos.
En un jardín de cerezos
las mariposas se posan;
mientras con besos destrozan
el antiguo amor.

Como dos pétalos,
con gran fragor cayeron
su aliento y sus piernas.
Se deslizan como cisnes en el hielo.
La bebo con mis besos en desvelo
de la noche.

Sus manos finas y pálidas.
Su boca de un color encendido.
Su cabello negro que juega con el viento
se desliza por el agua del estanque.
La abrazo, la acaricio y la estremezco
y luego, burlesco,
por su cuello la rodeo;
Y, cual una serpiente seductora,
me enrosco en su piel
cálida e invernal.
Nos amamos en el lago en una pasión desmedida
nuestros cuerpos, desnudos, se acarician.
La hierba nos envidia.

Sus luceros fulgurosos rehúyen
y vuelven a aparecer.
Otra cosa en mar de ilusiones debe florecer,
en un suspiro, en un grito.
En la expresión mágica del placer
nos escurrimos por la senda.
Tapo sus ojos con la venda
de mis manos.
Así, sin ver que nos amamos,
sus pies juegan en el agua diáfana
y mis manos arraigadas a su piel profanan,
como una flor
me marchito en sus manos.
y el aliento mezclamos.

La saliva exaltada resbala y se une.
El alma se eriza de placer.
Esta noche de luna volverá a aparecer.

Entre sus piernas,
de nuevo,
con mas apego
desahogo mis penas.
Junto a sus senos impávidos
me cobijo.
Una última palabra me dijo
en una noche de deleite.
Escabullo mis manos por su espalda
y recorro mi boca por su cuerpo
y, gimiendo de éxtasis, se salda
el amor debido
y ahora cumplido.



Pescando un amor


Pescando versos me hallo
un cálido día de mayo,
buscando la rima del ave.
Deseo que el dolor pronto acabe.

Buscando la rima de la ola.
Hallando la rima de estrella.
Vislumbrando aquella
que mi alma desola.

El verso de plata se extiende,
y, su boca carmín,
no lo entiende.
Su alucinante esencia
queda impregnada
inclusive en su ausencia.

Escribiendo con lágrimas,
con la sangre de mis venas.
Besando su recuerdo,
besando su cálido emblema,
permanente en el suelo que pisó
permanente en las cosas que tocó
permanente en su presencia.
mientras mi ilusión piensa:
¡bendito suelo de cadencia!

Regando flores
en mi memoria,
queda el recuerdo de la historia
de un amor;
al que yo con mis lágrimas quise limpiar
el camino por el que habría de pasar;
y, como a un dios,
ponerla en un altar;
sacrificarme en su honor;
adorarla sin razón;
su dolor,
absorberlo yo;
el camino suyo con mis labios asear;
sus preocupaciones cargar
caminando entre suelo de espinas
El camino de oro para ella se destina
regado con mis lágrimas para las flores pisar.

II

Mátame mientras yo, postrado ante ti, te amo.
Si no tienes corazón, hazlo.
Yo te perdonaré.
Mientras por ti doy la vida,
tú, muy decidida
como a un insecto me tratas.
Te inspiro repugnancia
y, después, con arrogancia,
me pisoteas.

Y en ese dolor,
te amo;
aunque me humilles,
aunque con tus manos
mi corazón constriñes,
yo te sigo adorando.



Tres, sólo tres


Tres escaleras,
¿cuál escoger?
¿La de la muerte
la del amor
o la siguiente?

Desdichado me encuentro,
pues ninguna me asegura.
El amor intenso dura
y mata de desventura.

La de la muerte,
tal vez;
pero, qué mala suerte
la mía.

Amo con el alma
mas a ella gusta la calma
de un querer
que no llore ni se sacrifique por ella,
ni pueda por su boca estremecer.
¡No!
Ella quiere
alguien que la sepa querer un poco;
no como yo,
que por sus besos me vuelvo loco.

Cuerda de flores


Requiero de una cuerda de flores
para, tu boca, atar a la mía;
y recordar aquella que ceñía
de un corazón, espinas de dolores.

La cuerda me asfixia,
me desangra,
cada vez que aprieta,
para encontrar ese beso
tan grande como el universo.

Un beso,
amor de mis amores;
sólo uno necesito
porque con otro incito
atraer lápida de horrores,
y mi tumba cavar profundo
para despedirme de este mundo.

Por eso con uno solo,
un sólo beso de oro.

La flecha de Cupido
oprimió mi corazón malherido.



Rendición


Llorando al despuntar el alba,
muriendo al llegar el ocaso
pensando en aquel abrazo.

Con los ojos húmedos
y el corazón oprimido
pienso en ese instante perdido

¿Hace cuánto que no sonrió?
¡Desde cuándo no tengo sus amantes brazos¡
¡cuándo se secó el lecho del río!
dime, porque yo no sé.

¿Cuánto te quise?
¿cuánto te amé?
¿cuántas veces
con mis ojos
a tu fragancia llamé?

Exterior es mi amor,
nunca estoy cerca de ti.
Siempre pienso en ti al dormir.

¿Cuándo yo te haría un mal?
El mar opalino del rendimiento
se extiende más allá del horizonte.

Mi corazón no responde.
Pierde la razón
al anegar mi visión
a tu forma de hablar,
a tu forma de ser.
¡Cuánto te quisiera amar!
Elevarte
por las nubes,
y, como gaviota, volar.
Cada pluma
con el aire atrapado entre ellas.
Con mis alas cubrirte y protegerte
hasta la muerte.



La lectura

¿Qué es la lectura?
preguntarán tus labios
¿es pasatiempo de sabios?
¿tal vez obligación escolar?

La lectura es...
navegar en el conocimiento
a la deriva del viento,
pescar peces plateados,
descubrir en sus adentros
verdad y claridad,
hacerlos para siempre nuestros.

A muchos no les gustará
sentir el perfume de un libro nuevo,
pero yo conservo
aquellos peces plateados
de esmeralda y de jade.

El entendimiento invade
mi alma, mi espíritu, mi ser.

Sólo un libro hace ver lo invisible
y lo vuelve comprensible.

Los libros,
con sus páginas,
construyen en mí alas,
para volar cada vez más alto.
En ellos no hay intenciones malas.

Es mejor tener un buen libro
que un mal amigo,
aunque letras no produzcan sonido
dominan los ojos
dominan la mente,
hacen reflexionar
y a aprender lo que es amar.



Abrazados


Abrazados,
unidos como nunca,
con hierro atravesando las entrañas;
juntos, odiándose portentosamente.
Abrazo mortal simplemente.
Se desgarran.
Con rencor amarran
el hierro con la pluma.
La espada brilla como luz de luna.
Y la lanza
poco a poco avanza
entre el alma y el corazón.
Agudo dolor se injerta
al introducir nueva espada
aparte de la que estaba.
En un delirio furioso
se arrancan el último aliento,
entre espinas de recelo y destrucción,
en mutismo de admiración,
y, después, el alma la arrebata el viento.



Poema treinta


“Te amo”, y no escribí más.

“Bésame, acaríciame,
quiero sentir tu piel,
fundir mis labios en los tuyos
entre verdes murmullos,
beber la miel de tu boca,
flotar dulcemente por el mar
y volar”
(pensé)

“Besar uno a uno tus cabellos,
acariciar con ternura tu pensamiento,
hacer surgir de tu oculto corazón
un nuevo sentimiento”

Tú me dijiste:

“En el corazón no se manda.
Encontrarás
otra persona que sí te quiera.”

Esas palabras hacen que mi ilusión muera.
Bien sabías cuanto te amaba,
pero aparentabas no saber nada,
mientras yo a tus ojos no miraba.

Hice un esfuerzo supremo
para reprimir las lágrimas, pero no pude más,
y, cuando tus ojos divisarme no podían,
al oscuro mar me fui a ahogar
y no pude remar sin remo



La niña mujer

Cantando estaba la niña.
Cantando a un naranjo, a un clavel.
Otra ocasión, llorando se encuentra,
llorando en un vergel.
Mal de amores sufría
por un caballero de Castilla.
Por él, loca, rompía
a llorar sin pausa.
Cupido no concedía
el amor del caballero,
quien prendado estaba
de una dama.
Y día y noche lo espiaba
Y lo veía recitar poemas
intensos y suaves
como alas de ave;
el amor como su emblema.

Llegando el caballero a un río,
cristalino y de agua pura,
la niña tras él corrió.
Le dijo:
-Amor de mi espíritu:
enamorada ando de ti,
pensares que he de mentir,
pero esto nace de mí-

Díjole el caballero:

-Esto no puede ser.
Me Fernanda mi corazón es,
y lo más profundo de mi ser-

Implorando, la niña lloraba;

“Caballero: tenga piedad.
Perdone mi terquedad,
pero he de morir sin usted”

Mas el caballero ahí la dejó.
Dijo:

“Mi amor no merece vuestra merced,
no habré yo de perder,
pues la vida de una campesina
no debe de valer.”

La niña, llena de rabia,
expresóle al caballero:
“usted es un andariego
que amores ha de buscar,
mas al encontrarlo
puente de plata ha de labrar”

La niña arrojóse al río,
no sin antes una piedra atar
al piececito, con unas cadenas.
“Por tu amor, caballero, yo sonrío.
En la hora de mi muerte he de llorar.”

Hundiéndose en el cieno denso
“El amor que no comienzo
hoy habrá de terminar”
Hundiéndose en las aguas
su vida fue a declinar.



Indecisos

Pensaba el niño:

“Amándote voy por la vida.
Este pensamiento ni yo lo entiendo
no sé ni qué versos ando componiendo
cuando tu ya estás dormida.”

Soñando la niña:

“Niño mío amado:
todo lo que tocas es sagrado,
mas que no me ames temo,
y amarte a este extremo.”

Pensaba el niño:

“¿Por qué este sentimiento?
Sin su amor de aurora
que no viene ahora
ya no habrá contento”

Suspira la niña:

“Miedo me da decirle
¿Qué tal si no me ama
con el fulgor de una llama?
y no quiero el alma partirle.

Soñaba el niño:

“Al no amarme
me parte el alma,
y la verdad de palma
caerá sobre mí.
Yo la amo,
mas su amor no reclamo.

El niño sale a llorar a la calle,
la niña también, diciendo:
“ojalá mi amor no me halle”.

Se encuentran ambos llorando

-¿Por qué lloras amiga?-
-Es que... con una piedra tropecé
y fui a dar por el camino
y en la herida me he puesto vino
y tú por qué has de llorar-

-Es que al agua fui a resbalar,
y mi libro de amor
al río fue a dar-

Pero no pudo ocultar
el amor que se guardaba
a sus pies se fue a hincar.

¿Qué te pasa amigo mío?

-Herido vengo mi vida,
de toda la noche llorar.
Te amo, aunque quería ocultar (lo).
Por eso te vengo a adorar

La niña lo fue a levantar,
y un beso le fue a dar.
Se abrazaron y lloraron juntos de la mano.
Su aliento mezclaron.

Mas el niño soltó el llanto
-¿Por qué lloras, amor?
¿qué es lo que te causa espanto?-
-No lloro de espanto,
lloro de alegría.
A morir yo te amaría,
hasta el fin de la humanidad-
Y, amándose como nunca,
lograron su felicidad.

 


Percusión del agua


Si tú me amaras tanto
tanto como yo a la flor de tu vida,
derramarías llanto;
de nuevo enamorada,
te hallarías a mis manos servida

Un nuevo verso
para que una noche lo leyeras,
poemas dispersos
en un poemario.
Otra vez como amigo me quisieras.

Esa percusión
que siempre se oía cuando lloraba
fue desilusión
de oscuridad,
y a la basura mis versos tiraba.

Tú no comprendiste eso
de amarte con vehemencia y con locura,
de querer tuyo un beso
para calmar mis ansias
y atrapar totalmente tu hermosura.



Versos nocturnos

Cantando versos de amor en la noche,
estando acompañado de mi lira,
mi alma no quiere que otra vez derroche
el verso que se eleva y que suspira.
Necesito de ti una caricia.
¡Piedad! sólo una en mí desperdicia.

II

Dice mi alma:

¿Cuál poesía David te declamó
para que rendida caigas a sus pies?
Has de haber oído por lo menos diez
¿Puede que a tu vida más que yo amó?

Ni intentando imitar a un poeta Ovidio
ni amándote amado y petrificado
consigo una mirada o un beso amado.
La gran fortuna de David la envidio.

¿Acaso sacrificó por  ti la vida?
¿Supo llegar hasta la cima de tu amor?
¿Tal vez con palabras prendó tu mente?
Ese misterio mi alma no desmiente.

Sólo quiero saber:

¿Qué hizo David para enamorarte
y con ciega pasión ilusionarte?

¿Que hizo David para quererte?
¿Cruzó por el camino de la muerte?

 


Perdonándote de ti me vengaré


Perdonándote de ti me vengaré
por  todo tu mal que en mí aconteciste.
En el centro de mi amor tú viviste.
Hoy es el momento en que te extirparé.

Y, perdonándote, te dejaré ir.
¡Ahora si volaras al olvido!
Ya por tu amor no estaré perdido.
¡Ahora si me dejaras vivir!

Tu también perdóname; mi alma te amó,
pero ya no puedo querer a mi verdugo,
esa a quien mi alma su nombre proclamó.

Este anhelado día por fin me calmó
bebiendo de frutas nuevo jugo.
Amor: fue mucho lo que mi alma te amó.

II

Fuiste mi amiga.
Me duele dejarte de amar como ayer.
Mi alma bendiga
todos los días
a mi amada, a mi musa; que “poeta” me hizo ser.

Me entristece saber que no me extrañarás.
Sin tu amor, niña,
este sentimiento
me destrozará.
Al separarme de ti
siento que me separo
de mí propio corazón.

Ha llegado el momento:
mi corazón se ha cristalizado y se ha quebrado
por esta despedida que ha llegado...



Mi último poema al se que amo.

En este momento
tengo tanto dolor e inspiración,
y siento tanta perturbación,
que me duele plantar estos versos.
Aunque es tan intenso el dolor que no llore,
es efervescente el espíritu en río de sangre.
Tampoco tengo tu consuelo, por eso no puedo llorar.
Siempre he llorado solo por mis ansias de amar.
Esta vez quisiera hacerlo en tus brazos.

II

Después, me fui con mi ser hecho añicos;
cargando esa triste culpa.
No pude aguantar las esperanzas
de decirte unas últimas palabras de amor.

Afuera llovía.

Fue demasiado tarde.
Tomaste otro rumbo,
y, por más que imploré por encontrarte y corrí,
no te pude dar alcance.

La lluvia no fue suficiente
para apagar mi amor por ti.

Desesperado y húmedo,
no soporte más;
mas tu amor
me dio las fuerzas para continuar.
Por poco salgo arrollado
por un vehículo a gran velocidad.
Todos me veían como a un loco,
un loco de amor.
Decía:
-Amor mío no me abandones,
amor mío, ampárame
por última vez-
no me importó mojarme,
pues el frío que siento sin tu cuerpo
es mucho más intenso.
Húmedo, jamás te alcancé.
No me pude despedir de ti.
Tiritaba de frío y tristeza.

Eran tantas las lágrimas que caían del cielo
que se llevaron las mías.
Como lágrimas en hielo
se fue el dolor por ti.

III

Por mi ventana
se observa la luna,
y mi respiración se filtra
sobre mi almohada.
Noche triste y obscura.

La humedad de la lluvia
se precipita en el cristal

¡Ay, amada mortal:
me he separado de ti!
En mí se ha clavado
una mirada de luna letal.
Recuerdos...
sólo recuerdos...
por ti.



Ave de inspiración

El ave de inspiración cae tras la nube lívida,
desciende tras la pluma incrustada
disparada por el pensamiento,
y, en ese momento,
los peces plateados
y las aves de oro
que juntas conocen cielo, tierra y mar,
se juntan en un pez alado
y acuden a mi llamado.

Mi pluma es como la flecha:
no puede llegar al corazón sin arco,
como la pluma no pueda hacer poesía
aunque tenga tinta negra.
La tinta roja del corazón es la que escribe verdaderamente.
Y el alma se alegra
porque no hay cuervo que por siempre vuele.



Recuerdos

Taciturna hoja de verano lanceolada:
hoy tu hermosura por tantos años admirada
emigra en alas de fugaces golondrinas
que asombraban la razón y los sentidos.
¡Aquellos instantes ayer vividos
hoy yacen en una lápida en ruinas!
El corazón mío, gritando, implora
que esa belleza seráfica y celeste
que enamora
a mis caricias conteste.
Un dictamen de permanecer cautivo
fui condenado hasta obtener olvido.
Sola se encuentra mi vida
atada en la sinrazón;
y, herida la pasión,
provoca un grito y un lamento
que suplica no más demora
de esa belleza seráfica y celeste
que enamora.
Cuando tanto tiempo persiste la tardanza
de aves que jamás hubiera de traer la brisa,
me quedo sin siquiera una sola esperanza,
y el recuerdo en paredes del alma se desliza.
Desde hace tiempo en ti naufraga el pensamiento
meciendo las suaves olas del mar del olvido.
En altas horas de la noche pasa el viento;
murmura el amor desmedido que hubiera sido
amándonos en un vehemente sentimiento.
Yo siento aun más cerca tu espiritual memoria.
Cubriría de invictos honores y gloria,
de laureles heroicos de triunfo, la corola
de esta hoja de verano lanceolada
si, sólo por esta vez, mi amada
me librara de esta angustia encadenada

II

Cada gota de los cielos,
bendecida entre nubes,
cae al suelo.
Un celaje de la tarde
me recuerda tu ropaje.
Y vestida con el día,
con toda luz, amada mía,
te recuerdo
mientras duermo.
Tú me miras y respiran
ilusiones, perdiciones
de tu piel.
¿Enfermedad o malestar?
yo no lo sé; sólo te amo
y te llamo
aunque nunca volverás.
Me amarás solamente
deshojando cada encanto
nuevamente al despertar.
Mientras sueño en la ventana
en la luz de la mañana
cuando tiempo enmaraña
el recuerdo de aquel día
en que dije:
En este momento ni tu nombre he de conocer,
sólo sé que como frescura de primavera
te has de ver.

III

Cada vez que escribo dejando en el papel
vibrando una huella,
esencia de clavel ,
tú eres la que de la mano me lleva,
y pensando en ti, ángel sin alas,
he escrito lo que a tu recuerdo
parezca una estrella.
Eres dueña por igual de mis razones,
y de mis profundas ilusiones,
aun en la lejana singladura,
por igual de mis razones eres dueña
de este corazón que contigo sueña
en la melancólica noche oscura.
Quisiera una vez, finalmente aliviado
de verte en un pétalo, en cada flor,
me hicieras favor un minúsculo instante
dejarme un segundo poder ser tu amante
en ese lecho que hay entre tus brazos,
y amarte escondido en follajes espesos.
Una vez dormido, llorar lo que no he podido,
entre cariño, ternura y calor de unos labios,
entre ternura, cariño y calor de unos besos.
Y me dedicaras al soplo de aire disperso
un ¡te amo!, un ¡te amo!,
aunque sólo fuera vano.

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