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martes, 22 de mayo de 2012

Poemas de adolescencia


La espera

Paso numerosas noches hundido en la espera
de volver a ser tu amigo si pudiera verte.
Si quieres, prometo ya de nuevo no quererte,
si, al locamente amarte, nuestra amistad muriera.
Peor es que al quererte inútilmente yo sintiera
que la vida sujetada a tu ausencia hallara muerte.
Y de volver a ser tu amigo, si pudiera verte,
paso numerosas noches hundido en la espera.
Yo juro no comportarme de esta manera
si esta manera tan ciega me hace perderte.
Por volver a sentir fragancia de primavera,
paso numerosas noches hundido en la espera
de volver a ser tu amigo, si pudiera verte



Amarte

Amarte con alma de poeta y novelista,
transparencia, amor, pasión y cielo de amatista
son tus ojos palpitando cual luces de prisma.
Un beso: señal de que nuevamente persista
la efusión con que se besa a la exaltación misma.
Con la  intensidad de la novela y la poesía
ofrecerte caricias, como el mar a la arena
notando como el cielo de locura vestía
una noche sincera, serena, ardiente y plena.
Amor que labrarse en novela no pudiera,
amor que sólo al contarse estremeciera,
amor que al amarse, yo aun más quisiera.

II

Amarte cuando abra el verano las flores
las flores doradas, ansiosas de amar.
Sentirte, besarte, pasmar los sentidos;
pasear con estrellas, poderte alcanzar.
Amarte constante, de nuevo besarte.
Elixir de vida del alma tomar.
Cruzando la orilla de sueños perdidos
de amada a amante te fuese a tornar.



El pensamiento

Mi pensamiento, con sus hojas verdes y sus cinco pétalos;
de color morado,
ha sido enamorado por el sol.
Igual que el pensamiento
de mi mente,
sólo se despierta con su destello de amor
que como un sol me brinda su calor.
Pero ese sol no quiere cantar serenata
a este pobre pensamiento dormido.
Así, sin canción, no se levanta.



La carta

La que no se devuelve ni contesta
es esa carta hecha de secreto,
(Incluía entre el texto algún soneto).
Toda mi alma en ella estaba expuesta.

Cuánto pienso en la carta sin respuesta
de amor insatisfecho e incompleto:
dejar de amarte en ella yo prometo
aun sin que se cumpla mi propuesta.

Ese poema tan loco e indiscreto:
amor de miel, a la pasión sujeto:
la intensidad de un tiro de ballesta.

Al escribirte, oh niña, el final terceto,
no se si es quererte o amarte despierto
cuando te sueño a ti en mundo incierto.



Envidia

Diciendo y contando las cosas de ayer
estaban sentados en banca de piedra,
dejando escapar los sueños del ser.
Que envidia me daban aquellos amantes
bañados en lumbre de amores constantes,
que yo ni en mis sueños pudiera tener.
¡Ay, no puede ser¡
¡Aquellos amantes, qué envidia me daban!
¡Con que acelerado empeño se amaban
con besos de amor…!



A veces

Parece que pudieras vivir en cada rosa.
Emerges de los sueños dorados de la noche.
Recorres mi memoria andando en cada cosa;
logrando, así, la vida de mí se desabroche.

Te amo cuando eres callada y sensitiva.
Te adoro cuando sabes abrir mis sentimientos;
cuando puedes hacer que amor mi mano escriba,
pensando en ti, mi vida, en pleno atrevimiento.

Por ti los versos verdes navegan en los cielos,
tu imagen se dilata ardiendo en mi poesía.
Te miro en una noche carente de desvelos,
y, así, me gustas, tan presente noche y día.

II

Conoces los secretos que escribo yo en mi carta,
lo sabes porque has visto las cosas que te digo,
que a tu lado se extingue Helena de Esparta,
y que, con mi alma, todo el tiempo yo te sigo.

Quisiera repetir de nuevo nuestra historia:
llegar hasta tus brazos, no hallar escapatoria,
vivir eternamente hundido en tu mirada,
por fin haber besado los labios de la amada.

Y sé que nunca más oiré tu dulce acento.
Inútil es que quiera hallarte entre la nada.
Yo siento que mi alma se quiebra en el intento.
Nunca veré tus ojos, nunca seré tu aliento.



Amor fatal

Quién fuera otoño,
para quitarte las hojas
de verde vestido que te cubren…
y andar en un paraje solitario,
entre los ciervos que festejan
entre árboles
su vida
I

Mil noches he deseado besar tu tierna boca,
amor de días oscuros, amor de noches claras;
también hube deseado, mujer, que tú me amaras,
mas sé que es imposible, que mi alma se equivoca.

Mi espíritu inexacto es fuego entre la lluvia,
confunde tus aromas con vientos tropicales.
No puedo distinguir sombra negra y tarde rubia.
Eres el origen de mis bienes y mis males.

Jamás alas me diste, pues no las necesito;
las mismas alas tuyas las uso en mi locura.
El tiempo que ha pasado no logra en mí la cura
de haberme arrepentido de este fatal delito.

Quisiera entretenerte en tu noche solitaria,
volando hacia otros cielos tomados de la mano;
mi sueño absurdo juegue a hallarte extraordinaria,
saber que tu demora doliente no fue en vano

Y siguen tus fragancias vagando en cada esquina.
Sigue exigiendo un beso tu boca enamorada.
Tus ojos contradicen tu boca coralina;
repiten: por ti siento absolutamente nada.





¿Mentiras enormes?, tres poemas

Madre Teresa de Calcuta
1

Usted, Madre Teresa, cuando reza
invoca a los demonios del infierno.
Su faz es semejante al rudo invierno,
tirana, descarada, de una pieza.

Inmune a los dolores de la gente,
traspasas almas puras con tu acero;
burlona, cara mustia, plan severo,
que sádica y perversa no arrepiente.

Ególatra, avara y  pendenciera,
tan ruin, tan despreciable, tan perversa;
serpiente venenosa muy adversa.
De usted ninguna cosa el mundo espera.

Tan traidora e inmunda es su bajeza,
que pudre con engaños a Calcuta.
Cual líquido infeliz de la cicuta,
demuestras gravemente tu torpeza.



Elba Esther Gordillo
2

“Soy hijo de Elba Esther,
amo el sindicato de maestros
y su gran aporte a la educación
mexicana.”

Su buen modo político me agrada,
domina sus empresas constructivas,
cual musas ampliamente decisivas,
en México es usted la más amada.

Si expone su triunfal punto de vista,
los cielos y la tierra la veneran,
¡que luto he de guardar cuando se muera!
sublime es su propuesta partidista.

Así avanzando arriba y adelante
demuestra que es usted la gran patriota,
en su alto proceder fuerte y constante
no acepta desconsuelo ni derrota.

Su rostro, juventud y vida guarda,
irradia una potencia deslumbrante.
templanza que ni huye ni acobarda:
su grato proceder no amenazante.

La selba es thernura igual que su risa;
vigor de un buen caudillo de este mundo,
usted no guarda un aire de indecisa,
su hablar despierta en mí interés profundo.



Finlandia no tiene lagos
3
“Mi amor por ti es pequeño
como los mares del sur”.

Las playas tropicales de Siberia,
los ríos muy caudalosos en Arabia,
los bienes producidos por la histeria,
me dicen que por ti yo siento rabia.

He de odiarte igual que el ave a la vida,
igual que un oso hambriento al ruin verano,
igual que el conejillo a su guarida,
igual que el vanidoso a ser lozano.

El queso de la luna lo repite,
ya te olvidé, ya nunca más te quiero.
Mi amor ya no te busca en tu escondite,
querer es para mí ya un forastero.
Lo juro por los mares de Mongolia,
pues náuseas da el olor de la magnolia.

Estoy en Indonesia, ¡y ni una isla!
Para islas, hay que ir a Luxemburgo.
Esta patria, eficiente se legisla.
Y Shakespeare, es muy malo dramaturgo.

Bañándose en billetes veo a Etiopía,
y Suiza se deshace en la pobreza.
Triunfal, está gozando el alma mía,
al fin con tu recuerdo no tropieza.

La tierra permanece inamovible,
el sol pequeño gira sobre ella.
Tu cuerpo no parece irresistible,
ya no eres en mi vida mi doncella.

El agua deshidrata si la bebes.
Si tienes frío, cobíjate en un hielo.
Tan negras y quemantes son las nieves,
y me amas en rasposo terciopelo.

Jamás habrá pecado el homicida,
y yo ya no deseo volver a verte.
La muerte es lo mejor de nuestra vida,
la vida es lo peor de nuestra muerte.

Calmado, y muy feliz, me chupo el dedo.
Hoy me aprendí la eme y las vocales.
Mañana iré a rezar el corto credo.
Los crímenes ya son angelicales.

El perro de la calle es erudito.
La Virgen ya no es virgen en su iglesia,
Mentira es que Satán esté maldito.
Aumenta los dolores la anestesia.

Tiramos las monedas a la calle,
seguro en el país ya nadie roba.
La urbe está más limpia que los valles,
y el cielo igual de azul que la caoba.

Así, tan verdadero como el poema,
desprecio tus miradas y palabras.
Me quieres orgullosa y con emblema;
yo quiero que te lleve el chupacabras.



Separados

Silencio sólo surge si se sueña;
saliendo se sacude su sonido;
solar, satelital sutil su seña
sembrando, seductora, su sentido.

Sabemos solapar sus sensaciones,
solemos saludar su sexo suave,
siguiendo sin sentir satisfacciones,
seguro santamente se socave.

Su sombra se sorprende sostenida.
Suspenden seriamente su soneto.
Su sueño subsistente se suicida.

Señalan solitario su secreto.
Sentencian sin saber servil salida.
Se siente seducido su sujeto.



Fragmentos recuperados del olvido.

Mirando tus benditos ojos tiernos
bañados de encendida luz oscura
me siento tan efímero y eterno
amando a una magnífica escultura.

Quisiera dibujarte en mi cuaderno
con versos palpitando en tu cintura;
matar con tu calor el cruel invierno,
amar toda tu suave arquitectura.

II

Me acuerdo de esa tarde de amargos desamores
diciendo mis tristezas cuando yo más te amaba;
te viste como musa perdida entre las sombras
y te viste, inconsciente, soñando entre las flores.

……………………………………………………
……………………………………………………
…………………………………bajaste la mirada
……………………….., pensé en mi mal agravio.



Febrero, ¿mes del amor?

Un claustro silencioso me acompaña,
el jueves es igual al otro jueves.
Amor, no encuentro el día que tú me lleves.
En campo muerto siémbrase cizaña.

En mí febrero no despierta nada,
pues es un gran desierto sin arena,
pues es cantar de piedra asesinada,
es diálogo teatral sin una escena.

Y no soy atractivo a las mujeres,
en mí sólo se encuentra el mal fastidio;
si huyes de una dama hazme tu amigo
no tardaré en hartarla con mis cuentos.

El par de faros de ese lejano puerto no me miran,
su mar y dos islotes no suspiran,
sus alas descansando están del vuelo,
y todo se completa en rubio cielo.

¡Qué mujer aquella!
ni cuenta se ha de dar que la deseo,
y, si se diera cuenta, no le importa,
con aire de desdén mi sueño acorta
sin más ni más ahorita que la veo.

Se fue divina reina de mis glorias,
que la acompañe dios y el buen Cupido,
su ardua flecha yo no he conocido.
Que quede para siempre en mis memorias.



Camaleónica

Me pareces tan hermosa algunas veces,
no ceso de mirar tu par de abismos.
Hermosa algunas veces me pareces
Atrapan mi atención tus gestos mismos.

Te miro muy común y sin sentido,
ventanas de hospital tus negros ojos,
tu rostro, un humedal desvanecido,
un campo carcomido por abrojos.

Piedad, mujer, semejas a la luna.
compites con el sol en su carrera;
tu faz, más clara que ávida laguna,
la náyade impaciente que me espera.

Eres charal de un lago escarnecido
que muere en lodazales pantanosos.
Eres un triste mar desconocido.
Tu cara me da rasgos desastrosos.

Más bella que Afrodita, ¡Oh reina rubia!
Muere, envidiosa, “Venus” de Darío,
Tus besos son más frescos que la lluvia,
que nace en la razón del cielo mío.

Por dios, ni mencionar pedestre talle,
lo tienes más banal que la cerveza,
tu rostro una cantina de la calle.
Mi gusto, con tus formas se tropieza.

Perdón por ofenderte, flor amante,
ya sé que eres balanza equilibrada,
un soplo puede hacerte deslumbrante,
un viento puede hacerte desgraciada.



Contradicciones

Para Omar

Sí, vete aunque te llamen estas quejas,
pues yo no quiero verte en otros brazos,
tampoco este momento en que te alejas.
Desatas sin saber tan blancos lazos.

No quiero que te vayas este día;
único amor has sido en este techo,
tan lleno de ecuaciones aburridas,
rogando a dios tenerte entre mi lecho;
no quiero así que fluyan nuestras vidas.

Lejos de mí te quiero en esta historia.
Acorta de una vez mi amor creciente,
No quedes para siempre en mi memoria
haz caso omiso de lo que te cuente.

Por fin olvida todo y ven conmigo;
te adoro y no soporto tus ausencias.
No seré de tu marcha fiel testigo.
No dejes tan marchitas mis vehemencias.

Han de nublar mis ojos sin los tuyos
mientras he de imaginar que yo te beso.
Jamás ha de cumplirse tu regreso.
Te quiero igual que el niño a los arrullos.



Falsas églogas

Te viera tan cerca durmiendo en tu cama.
No sabes qué gozo de amarte me da.

Sentir tu silencio diciendo que me ama,
cargarte y llevarte a tu lecho nupcial.

Te quiero ¿me quieres? Dichoso diría
Lo afirmas con besos de calma total.

Fragante y desnuda yo creo te vería.
Viajar a otros mundos en plan sideral.

No sé cuantos ratos pasemos en viajes,
ni el alma del mundo es tan torrencial.

Florestas grandiosas que dan sus follajes
en mi alma y la tuya con canto triunfal.



A mi amor prohibido

Creí que una amistad nos enlazaba.
“Parece diferente de cualquiera”
Me dije ingenuamente, y te miraba.

No fluye entre nosotros cosa alguna:
de parte tuya existen ciervos mudos
que tienen galgos negros por escudos.
Mi hablar tan aburrido te importuna.

Te creí paño de seda en dulce mesa,
paloma mensajera de consejos,
el puerto que se mira no tan lejos,
el árbol compañero de tristeza.

Mas sólo acíbar eres que asesina;
diluyes mi esperanza en tus desdenes,
difieres demasiado de mis bienes.
Eres una navaja vespertina.

Mi amor, inadvertido por tus ojos,
me azota con flagelos despiadados.
Los galgos ya se comen los despojos
de mi deseo de estar enamorados.

Me ofende tu vivir desaguisado.
Te quiero, mientras tú todo lo ignoras.
Trivial palabra es la que atesoras.
Decido separarme de tu lado.

Te extraño a pesar de tus deficiencias.
No sé si dispensar lo que me hiciste.
Con dardos venenosos tú me heriste,
mas son, igual, fatales tus ausencias.

Si accedo a perdonarte será sin tus lebreles
que juzgan y maltratan mis sentidos;
que queden en cenizas esparcidos,
y no te sigan cínicos e infieles.

Vuelvo a mi soledad sin un amigo.
Te digo adiós por siempre, hasta la muerte.
Tu nombre entre los cielos lo bendigo;
maldito amor, secreto de mi suerte.





A mi novia que no conozco

“Si encuentras esta carta abandonada,
no dudes en tomarla y comprenderla.
Provoca que mi amor tu ser invada.
Si tienes pretendiente déjala olvidada”.

A ti niña ignorada y de otra patria,
a ti, que poco entiendes de mi idioma:
que vuele a tu balcón la fiel paloma.

A ti, mi amor oculto y escondido;
no sé cual sea tu nombre y cual tu credo,
si vives entre el oro o el viñedo.
Tu origen desconozco, entristecido.

Escríbeme aunque vivas no tan cerca.
Acércate aunque vivas escribiendo.
Destruye el aislamiento que me alterca.
Devuélveme el amor que estoy queriendo.

Si tienes la bondad de ver mis versos,
te ruego, comunícate conmigo.
Calienta en el invierno el rudo cierzo.
Florece entre el jardín con rubio trigo.

Inventa un buen noviazgo duradero.
Vamos al parque verde en un instante.
Juguemos en la playa del estero.
Deja que te cobije el sueño amante.



A Omar

Mis manos no esclarecen sus deseos.
Tus muslos en reposo no lo notan.
Libera las cadenas de mis reos.
Las olas centelleantes se trastornan.

Redondas son las noches que me miran.
Contengo mis instintos desquiciados.
Pulmones, sin amor, ya no respiran
sin besos en tu piel que no te he dado.

Ninguna vez me canso de esperarte.
Amor, gacela de oro inalcanzable,
se burla de mi estado deplorable;
no quiere el dios Cupido enamorarte.

Quisiera…
Yacer en el colchón, desinhibidos;
besar con diversión los labios tuyos;
abrir con mis palabras tus sentidos;
rendir con mis caricias tus murmullos.



Inspiración

La musa es un placebo de la mente,
sirve de buen pretexto a las personas
que no saben labrar afablemente
la piedra virginal del amazonas.

Ni es la inspiración ninguna diosa,
ni cae del cielo bello verso alguno
ni brotan en el cáliz de una rosa
las hijas primorosas de Neptuno.

Igual que el arco tira los halcones,
en práctica y talento se consuma
la caza de las místicas canciones
que brotan escondiéndose en la bruma.

No intentes encontrar entre la espuma
pepitas de oro puro acaudalado.
Si no cavas la mina con tu pluma,
jamás entreverás lo que has ansiado.




¿Qué si las aves vuelan,
acaso no las ves surcando el prado?

Me sentaba a esperarte noche y día.
Y forjaba tu sombra en el destino.
Y besaba tu rostro alabastrino.
Y emanaba mi amor en su estadía.

¿Por qué si no conozco el rostro tuyo
mi ser con avidez a ti se vuela?,
¿por qué si aún no ha brillado ese cocuyo
ya he puesto a mi caballo las espuelas?

Mujer, mujer, ¿por qué la espera ignota?
no beberé sin ti la limpia gota
que sana las heridas de mi lance
de amor: principio alegre que se niega.
Va tu emoción, zozobra y no se entrega.
Has tardado, mi amor, en largo trance.



Sagitta cupidineus, mihi ausculta.

Para Omar

Aquí veremos todos los segundos
que son sinceramente despreciables.
Admira cuan inicuos mas vitales
las aguas y los vientos matinales.

Y solos los instintos minerales
renuevan en su sangre sus cadencias,
propagan en sus bustos sus esencias,
embriagan almas puras y cabales.

Nosotros somos agua tan escasa
que no se encuentra cerca de los pozos.
Y causa en derredor los alborozos
que ciñen son sus lenguas nuestra casa.

Ningún amor amante he conocido
tan nívea como tú, tan flor serena;
destilas un aliento de azucena;
las otras, son mujeres del olvido.

En paz recitaremos, falsamente,
las églogas dichosas de un perdido
que vive en un afán desinhibido;
tan loco como iluso, ciertamente.

Reirás con estas cosas sin sentido.
Verás los cardenales homicidas
tan rojos como son las nuestras vidas
que lloran en silencio que te has ido.

Cachorros de ojos puros nos alumbran,
mi amor, hermano de ellos, no te inspira.
El canto milagroso no conspira
en contra del desdén que te acostumbra.

Continuamente atacas con tus notas
las aguas moribundas de mis mares;
se mueven en cuestión de los azares,
y tú, con voz de mar, la playa azotas.



Soledad de soledades

(Meliora sunt vulnera diligentis,
quam fraudulenta oscula odientis)

I

En mi soledad revivo los instantes
que auguran buen presagio de gorriones.
Que placidos y lúcidos amantes
veneren en el templo sus rincones.

¿Qué mi alma sin la gente no despierta?
Soy nómada en desierto alicaído,
y sé sobrellevar la gris tormenta,
y nunca un manantial he concebido.

Los otros, flor de selva alimentada,
fenecen en la ausencia de su lluvia.
Al cactos espinoso, flor de espada,
le pasa inadvertida ruda gubia.

La selva quejumbrosa
lamenta sus carencias inventadas;
escupe la tierra que la alimenta,
y no hay en su fragor qué la arrepienta.
Jamás ha visto arena en sus cascadas.

Nopal en sol hirviente e implacable
rechaza los fulgores del estío;
los rayos no son algo abominable,
ni halla en sequedad morir impío.

Salvaje caracal soy en la vida
cazando en ratos libres la paloma
que al cielo estéril su blancura asoma.
Aspira el alcanzarla mi mordida.

Los otros son abejas laboriosas,
algunos son avispas pendencieras
que nadan en el néctar de las cosas
creyendo verdaderas sus quimeras.

II

Polimnia, Erato y Calíope me cuentan
de ínsulas lejanas, tenebrosas
que acosan al humano y lo atormentan;
no son sino quien tengo por virtuosas.

Melpómene, mi amiga de tragedia,
comprende a las funestas soledades
que dan delectación a quien promedia
su vida en reflectantes cavidades.

Soy uno de los tácitos dolientes
que no tienen placer sin la congoja;
lo alegre me deprime airadamente,
lo triste me conforta en paradoja.

El aire solitario y sus canciones,
¿podrán transliterarse a nuestro idioma?
amores pasajeros, transgresiones
¿tendrán una ovación o algún diploma?

Pequé de desazón al ver los besos
que dan los aguadores a sus novias.
Consuélame el saber que algunos de ésos
serán trocados pronto en hidrofobia.

Mis penas valen más que sus delicias.
Sabré que soy de veras desdichado:
lo soy por voluntad de mis justicias
que sienten suelo ajeno en el agrado.

III

El México resulta tan extraño
a todo mi sentir, que he descubierto
que soy el extranjero y ermitaño
que viaja por el mundo en desconcierto.

Mi patria son también mis soledades,
mi himno tierna voz de ruiseñores,
teniendo de bandera austeridades,
teniendo por escudo mis amores.

Mi dios, Cupido el cruel y buen tirano;
mi Virgen, La Sin Par de Peña Pobre
Stephanie llamada por mi mano,
nereida desbastada en alto cobre.


Soledad.
Interdit para quien acompañado
no cesa ni un minuto de los días.
Inconnue para quien desaguisado
renuncia a su calor con cobardía.

No llores, soledad, yo te comprendo.
No eres el sinónimo de muerte.
No eres el horror o el gran estruendo
que mata con el rayo de la suerte.

IV

¿Por qué sólo contigo me siento acompañado?
¿por qué en tu larga ausencia me siento desdichado?
¡respóndeme, princesa! ¿por qué las hondas penas?,
¡contéstame! ¿por qué las devastadas azucenas?

¿Será que todo es obra de un dios tan caprichoso
que se solaza en ver el final de nuestras obras;
que se entretiene en ver el drama revoltoso
como si fuera teatro de trágicas maniobras?

¿Por qué la rosa núbil protesta en tus mejillas?
¿A quién tú le habrás dado la ostia primorosa
que sirves en charolas de plata y almohadillas?
Mejor será que vaya buscando al agua acuosa
y no la piedra tome por blanda y orgullosa.

V

A ti, nuevo pretexto de mis rimas;
te tiñes del color de algún tesoro
sacado de lo oscuro de las simas
recónditas como cabellos de oro.

Tus ojos son color de la victoria;
tu rostro, el de la estatua del artista;
tu cuerpo, imitación de sacra gloria
del beso imaginario de alquimista.

Paloma, tú que abrigas todo un mundo:
enséñame la ciencia de tus besos;
revive con tu voz al moribundo;

destruye con tu boca retrocesos;
renueva con tu vista lo profundo
de mi alma que ambiciona tus sucesos.



Fin de amor

“Como siempre a ti, amada enemiga mía”

No sé lo que ha pasado en este avance
de la vida que transcurre entre mudanzas,
que ya tu amor dio pie en la sepultura,
que olvide de tus donaires las usanzas.

Y en cálido sopor se arremolina
el día en que yo te vi por vez primera,
las tardes desastrosas de mi ruina,
también lo quijotesco de mi espera.

Te dejo de querer y, sin quererlo,
la estrella más grandiosa no te imita.
Las aves ya no lloran con tu boca.
El viento no me trae tan honda cuita.

Dejaron de arrullarte los ramajes.
Dejaron de elogiarte los olivos.
Cesaron uno a uno los ultrajes
en mi alma con sus sueños fugitivos.

En un lago verdoso trancisneaste
las algas en los cisnes de blancura.
que daban a mi ser dura armadura
en contra del dolor que estimulaste.

Ahora, sin dar cuenta, transmutaste
los cisnes en vapor de un limbo yerto
que guarda entre cadáveres el muerto
amor que consintió que le olvidaste.



Ausencia de la amada

Tribulación, congoja y amargura
se siente al no saber qué son los besos;
se siente al no abrazar una cintura.
Siento ignorar el ósculo travieso.

¿Qué sentirán los novios al quererse?
¿y qué dirán de aquestas soledades?
¿por qué el cocuyo infiel y sus maldades?

Soy el mismo ajenjo, misma alosna,
mendigo al que le asombra un gran palacio,
mendigo del amor, mengua limosna;
recojo las cenizas del topacio.

Valoro a una mujer como valora
el ciego a la visión que nunca tuvo;
y siempre oyó contar la bella aurora,
que verla sin tocarla, nunca obtuvo.

No entiendo al hombre infiel que fácil quiere
vivir en dos planetas de pasiones.
No entiendo al hombre cruel que mucho hiere
un alma de mujer con emociones.

Hombre necio que amores no valoras:
a mí me son tesoros muy valiosos;
si fueras como yo, conmovedoras
lágrimas echarías del par de pozos.



Dolor

¿Qué rosas marchitas disipan romántico sueño de amor?
Tu muerte, ¡Oh romance de antaño!, de luto se viste, y de flor.
______________________________________________________

Mi duelo sin tu amor ha caducado,
martirios de otros años acabados,
tormentos borrascosos terminados.
_______________________________________________________
I

Tengo las penas muy amplias. Tengo el consuelo pequeño
Vive mi ser trepidando. Pasan tus ojos de sueño.

Ha perecido la lila con su dolor tan inmenso
sin aliviar su agonía, llevando en manos su lienzo.

Nunca volvemos a verla. Enluta su rostro marchito.
Esconde su ciega tiniebla. Desvive su cuerpo contrito.

Lloramos los dos su partida. Sucumbe su ensueño divino.
La entierran los pájaros muertos. La velan los pálidos vinos.

No mueras, no mueras: te quiero; quiero mi dolor de regreso.
Quiero mi sufrir amoroso y no el vano gemir no estando preso.

II

Ay, murmurador, ¿puedes callarte?
no nombres la mujer que antes amaba,
pues no hay en mi dolor pena más grande
que no tener el alma quebrantada.

III

Angustias nemorosas: ¿por qué me abandonaron?
asfíxienme como antes lo hicieron: en las losas
que daban el por qué a mi sacrificio, que hurtaron
de mi trágico suplicio venas tenebrosas
que en noble perecer fueron hermosas.

IV

¡Que tiempo me faltó para sufrirte!
mujer ingrata y llena de llaneza.
¡Oh sílfide de afecto y aspereza!
Extraño mi calvario de morirte.

Constriñe con tu voz la mía alterada.
Embriaga mi razón y dame el llanto.
Hazme morir de amor como hace tanto.
Repite en tu mirar la cuchillada.

Te pido me arrebates la cebada
con que mantengo vida sosegada,
y dame todo el filo de tu espada,
que quede entre mi ensueño estacionada.

Proyecta, en mi vivir tu puñalada.
Encaja con valor tu dentellada.
Aviva, con soplar, la llamarada.
No dejes ni una piedra colocada.



Al cisne, emblema de la patria modernista.

“¡Oh cisne! ¡Oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena
del huevo azul de Leda brotó de gracia llena,
siendo de la hermosura la princesa inmortal,
bajo tus blancas alas la nueva poesía
concibe en una gloria de luz y de armonía
la Helena eterna y pura que encarna el ideal”

(Rubén Darío, El cisne)


Ya muchos de los poetas modernistas,
amigos de mi ser, ya te han cantado
los versos del halago de humanistas,
también tus cualidades predicado.
Yo fui de tu plumaje aficionado
de tu alto y blanco cuello y tu elegancia
de gracia de mujer, fui deleitado
desde tempranos tiempos de mi infancia.

Eres la flor de lis que me acompaña,
la góndola bruñida que transporta
al centro de la tierra y sus entrañas,
mi amigo fiel que todo lo soporta;

 Tú eres el trofeo de los plumistas
y eres galardón y áurea cimera;
de paz y de perdón brillante arista;
del cuadro celestial la bella esfera.

Al lado mío, completamente mudo.
Y muere junto a mí. Campanas graves
se escuchan en su voz, y el grito agudo
se escucha del abismo al arquitrabe.

En fin, tanto te admiro, buen hermano,
que imito tus costumbres de la mano:
a muerte serle fiel a mi doncella;
con más fidelidad, si fuera de ella.



Las Mañanitas Dolorosas

Éstas son las grandes cuitas
que cantaba el rey David
a las almas más contritas.
¡Que me las canten a mí!

Que tu alma en dolor convierta
las dichas que saboreó.
Ya las almas se quebrantan.
El sinsabor ya llegó.

Si el veneno de estricnina
me quisiera hacer favor
de clavar su estalactita
mientras me aflige el clamor.

Que longa está la semana
en que quemo mi estandarte.
Morimos todos augustos
en yacer con nuestro baluarte.

El día que apareciste
nacieron mil amargores,
y en la pila del bautismo
murieron todos de amores.

Ya vengo adoleciendo,
ya lo oscuro me cegó,
ya se abate la tacaña
vida que a mí me tocó...

De las estrellas del duelo
tengo que apagarme dos:
una, para profanarme;
otra, si me perdona dios.

Volaba en cuatro maromas
del Olimpo hasta los Hades.
Hoy por ser día del espanto
festejamos mis soledades.

Con nardos y alcanfores
hoy me vengo a lapidar.
Hoy por ser día del espanto
ya me vienen a plantar.





Confusión

“Yo seguiré con mi penar impío,
mientras gozas de envidiable calma;
tu me dejas la duda y el vacío,
y yo, en cambio, mujer, te dejo el alma”

Antonio Plaza

Aquí, entre mi pensar inmensurable,
me encuentro con el nácar de tus manos,
y vuelvo a recordar lo indescifrable
de ebúrnea piel y abismos sobrehumanos.

He dicho que mi amor ha declinado,
mas, siento que han quedado las cenizas,
y en ellas se refresca lo sagrado,
en ellas se remoza lo que hechizas.
Aclárame las dudas que germinan:
¿será verdad dio pie en la sepultura
mi loco devaneo que nunca atinan
los técnicos que estudian mi locura?

Los pájaros silvestres me lo afirman,
los ciervos del zoológico lo niegan;
pues dime tú ¿Qué me confirman
tus labios rojos que nunca se entregan?

Lo estoy dudando mucho entre mi espacio;
te quiero, no te quiero y me deshojo.
La savia en este andar es el prefacio
que sólo es el principio del abrojo.

Te estoy deseando más a cada instante.
Me da nostalgia ver la espina ingente
que ardió entre tres veranos, ambulante,
que otorga a remembranzas lo incoherente
de todo este vivir desmesurado
que nunca dio penar tan más amado.



Poema del Caballero Andante.

Yo soy del Cisne Oscuro caballero,
también yo soy capote de revancha;
de pugnas y aflicciones cenicero,
en busca de aventuras en mi lancha.

Las olas de ancho piélago me agitan
mi pobre barca nunca claudicante.
Soporto el largo ayuno delirante,
que acaba cuando tu calor me invita
a cenar a tu costado rozagante
que voy idealizando relajante.

No tengo de caballo a Rocinante,
tampoco el Bucéfalo de Alejandro,
tampoco el de Amadís tan arrogante;
yo tengo Oscuro Cisne por balandro.

La real caballería es indispensable;
andar de manto en mente y elocuente,
canino no notable y noble sable
que a endebles corazones no es clemente.

Sombrío cisne es calor fraterno.
Escolta mis andanzas y mis pugnas
en contra del perverso mal moderno
que, siempre lo observo, me repugna.

¿Por qué no han vuelto aquellos años de oro
con que soñó Quijote en sus lecturas?
¿porque loco el mas cuerdo de los hombres?,
el más sublime ejemplo del decoro.

El de la más veraz cabalgadura,
el hombre entre los hombres y el pronombre
que imito en mi vivir hasta su nombre;
el de la melancólica tristura.



No al verso libre

El verso libre es canto sin escala.
Es un disforme frasco de perfume.
El ritmo y longitud se desiguala.
La rima poco a poco se consume.

No quiero abandonar mis tradiciones
el “verso esclavizado” es disciplina
de mi alma sublevada a mutaciones
que adora del soneto a la sextina.

Jamás volver al verso libre y falto,
es mi misión desde hoy hasta la tumba,
embestir estos tiempos del asfalto;
que el verso libre viaje a la ultratumba.

Yo quiero rescatar los ya lejanos
tiempos en que lemníadas y cisnes
jugaban con el néctar ambrosiano
que ahora revestido está de tiznes.

ya van más de cien años de estos versos,
¿no creen que ya es el tiempo que reviva
la letra con antiguos trazos tersos?
¿no creen que existe otra alternativa?

A todos los que escriben sin las rimas,
los reto a procurar hacer sonetos,
los reto a rebelarse contra climas
que nunca han superado a los cuartetos.

Intenten componer nuevas facetas
si logran, coincidentes, lo que pido,
podrán decirse auténticos poetas,
si no, poetas son del resoplido.



Poema al novio de Stephanie

Disfruta, tú que puedes, las tardes en su boca.
Recoge de ésos labios la matinal esencia.
Inúndate con ella, las cítaras invoca,
que den cadencia al fuego, frecuencia a tu apetencia.

Puedes decirte el hombre que es novio de la diosa
flamante del Parnaso que vive en mi sagrario,
y puedes presumirme de cómo se rebosa
tu novia aprisionada en cálido santuario.

No servirá envidiarte la niña diamantina,
no tienes tú la culpa, igual que no la tengo
soñándola en la noche cual rauda golondrina
que teje entre su nido oro fugaz y luengo.

Respétala. No dejes que los pantanos mojen
sus delicados ojos, sus fiestas y alegrías.
No des ningún motivo para que la congojen
las penas miserables, letales profecías
de amor infiel e indigno, de alta cobardía.



Fidelidad extrema

“A quien nunca fue mi novia”

Infidelidad…

¡Que nombre tan terrible y deplorable!
La ofensa más atroz que un caballero
andante del amor imperturbable
sopesa como agravio bandolero.

Contraria a los principios del romance
que tengo a ti, Sin Par de Peña Pobre,
es ese embaucamiento y malo lance.
¡Que ese vicio cruento se zozobre!

Aun siendo tan lejana te contemplo.
No fuiste tú mi flor de tiernos besos,
tampoco en mis pasiones contrapeso.

Y así, mi flor amada, me resisto
a ser infiel al sol que me abrigaba
en ese amor bendito, desprovisto
de lo que en amoríos se menoscaba.

Si así te soy tan fiel, amada mía,
¿qué haría si me abrigaras a tu pecho?
si dieras a mi ser tu compañía;
tan juntos como el suelo y el helecho



Ternezas

“El amor a los jóvenes los hace vivir,
a los adultos soñar
y a los ancianos suspirar.”

 Dicho popular

Es gran mentira toda esta sentencia,
yo, siendo joven, doy grandes suspiros
de amor insatisfecho en mi dolencia,
y sueño con utópicos zafiros.

La edad de Romeo cobijo en mi vida.
A mis diecisiete, son largos los años.
Es grande la espera, tarda la venida
del líquido amargo de los desengaños.

Miro en la ventana verdes abanicos
moviéndose al viento con frágil compás.
Un mar de hojas verdes corona los ricos
boscajes nocturnos repletos de paz.

Se burlan, contentos, en túnicas rojas
locos cardenales danzando su son,
dan miel con su boca a sus novias las hojas,
y nunca mencionan ningún desazón.

¡Quién fuera plumaje de cándidas plumas,
armónica seda de un gran festival!,
¡quién fuera atractivo a las blancas espumas
que son albas dermis, mujer corporal.

¿Tendré en este mundo al menos respuesta?,
¿mi sueño imposible se hará realidad?
¿sentir de dios niño su nueva ballesta
que en vez de los arcos de calamidad.?



El nacimiento del amor


Apesumbrado y solo, la condena fluctuante vivía.
Inmensa y abisal sentí mi pena, color del hollín.
Apareciste linda, clara, buena: fragante armonía
que competía con Venus copiando su boca carmín.

La bella entre las bellas daba aliento en sensual simetría.
Asombrabas mis ojos con tu hechizo, sagaz querubín.
Y sosegada y tenue, me mirabas con rara alegría,
brillante y animosa, comprensiva ante el mustio delfín.

¡Ay Venus mía!, óyeme, todo nace en tu boca tan cálida,
y rezuma tu faz toda esencia de amor al mirar;
y transportas perfumes que cautivan a mi ánima plácida.

Y en inmortales ímpetus, ya deseaba tu albor desnudar.
Recoges en tus manos chocolate que entregas, impávida.
Mi alma, sobresaltada, te empezaba con ansias a amar.



Poema conmemorativo

Después del poema cien, me cuestiono
si soy verdaderamente poeta,
si puedo ya sentarme en ese trono,
si merezco mi ramo de violetas.

¡Quién sabe!, a lo peor mi verso umbrío
tan sólo sea de lodo y bajo cieno;
tal vez mi apesarado mal sombrío
sea solo, a los felices, gesto obsceno.

Recuerdo mis inicios inexpertos;
ridículos y cursis, hasta obtusos.
Comprendo ya mi ambiguo desacierto
del mal primer poema y sus abusos.

Cornejas renegridas y agoreras
predicen mal futuro y amplia ruina.
Los cisnes, con sus alas romanceras,
presagian dulce fin a mi doctrina.



Soneto azul.

Hace un lustro, pasaste por mi vida.
A añil caballo dabas rienda suelta.
Te vi primera vez azul dormida;
azul, dorada, mágica y esbelta.

Cisne garzul, extraño, impresionante,
con ojos de sirena seductora.
Tomabas forma de índigo diamante,
color de cielo y niña embriagadora.

Azul, azur, garzul, color de cielo,
celeste y celestial de cuerpo entero,
vestida con zafir entre tu pelo.

Cual gema milagrosa en cenicero
te vi entre los mortales de este suelo;
cual alba renaciente y sol primero.



Cavilaciones

Con mucho más encono, me arremete
la duda que me embebe el pensamiento;
montada en un espíritu jinete,
veloz, busca mi espíritu sediento.

No se si medio siglo aquí aguardarte,
si dejo los quetzales a la selva,
o dejo ciegamente de adorarte,
o logro que mi ensueño se disuelva.

Temores del invierno pasajero
resuelven en volver a la simiente;
y Eros, el más ruin filibustero,
confunde sus saetas en mi mente.

¡Qué crees que estoy pensando, dios de dioses,
al ver tu indecisión tan mal lograda,
al ver que dondequiera que te poses
me dejas firme huella enajenada!

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