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martes, 22 de mayo de 2012

Poemas de adolescencia 2


Contra credo
1

“Me van a excomulgar los santos padres”

Yo descreo en un dios todopoderoso
que ni es creador del cielo y de la tierra,
ni todo lo visible y lo invisible;
tampoco en quien se sienta a su derecha,
pues es como una entraña inaccesible.

Que vengan los demonios del averno
contentos, con tridentes primordiales;
que den tormento cruel y sempiterno
a todos los foxistas desdeñables.

II

Satán, ángel consiente de su yugo,
quebraba las cadenas del infame,
que nunca liberal les dio su jugo.
Dios cruel y represor su néctar lame.

Demonio, yo te admiro, tan devoto:
ninguno osó retar a Dios bendito;
ninguno a contrariar al terremoto
ególatra, tirano monolito.



La muñeca rea
2

Escondida por los rincones,
temerosa que alguien la vea,
negociaba con los buscones
la madre de Dorotea.

Ya su hijita se le corrompió
en su cuerpo goza el malandrín,
y al sentirse ultrajada lloró
en flotante bergantín.

Mamacita,
le dijo el buscón,
ya no gimas maldita
que es tu perdición.
Te vendió tu mamá a este mundo
y no se permite tanta cohibición.
Los clientes dan su frenesí.

Te quiere el faldero y el gobernador
te quiere el banquero y el quebrantador,
te quiere en su maña perverso aprendiz,
también yo te quiero, niña meretriz.



Odio, luego existo
3
“al asesino de mi espíritu”

Yo, que amo a las serpientes venenosas,
y respeto a las arañas tejedoras,
y observo cucarachas y babosas;
no tengo a un animal, halagadoras.

Son los malvados perros desgraciados,
bazofias de animal de un mundo impío,
luzbeles, desquiciados, depravados;
son seres de ultratumba y desvarío.

Perversos, asesinos, representan
arcada, basca y náusea de estos mundos.
Los odio más que a muertos que atormentan
las noches en las calles, vagabundos.

¿Por qué, señor, dejaste que existiera
la bestia calumniante en esta tierra,
que con veneno pútrido me hiriera?
¿por qué ese ser bastardo el vicio encierra?

El único desprecio de mi historia
ha sido el de los dientes aberrantes,
ha sido el de los ojos de la escoria,
ha sido el animal recalcitrante.





Oración al dios niño

Arco de las doradas flechas de oro,
bendito, inmaculado y bien habido;
concede, por piedad, lo que te pido:
le pido a tu grandeza el son canoro.

Otórgame tu flecha irreprochable,
concédeme la faz de alguna hermosa.
Permite que tu hechizo imponderable
cautive a alguna niña venturosa.

Dios hijo de la diosa más hermosa,
¡oh!, ángel redentor de mi pecado:
activa tu sagita voluptuosa

y dame de tu copa lo sagrado,
asalta con tu luz a esplendorosa
dama que me tiene dominado.



Ora pro nobis
 
Yo tuve un sueño hermoso e imposible:
soñé que iba en el metro y descendía
de él para subir a lo inasible
de un carruaje claro en demasía.

Ahí venía una rubia soñadora
sentada de derecha a la carroza.
Brindaba piel de albatros, luz de aurora,
debajo de la tela en que se emboza. 

Me senté justamente atrás de ella.
Gozaba en la visión de su grandeza.
No pude resistirme a su centella
de labios escarlatas de franqueza.

“Suéltame, no me toques nunca”
indicaba al principio del abrazo;
sin embargo, mi amor su odio trunca.
Acepta que sueñe en su regazo.

Ora pro nobis, virgen de los cielos,
mantenme en este goce transparente
y diáfano de aquestos arroyuelos
que dan riachuelo sano en su corriente.

Mas nunca dura mucho la mentira;
despierto contrariado y deprimido.
Ficción y fantasía de mi lira:
tan solamente eso es mi latido.



A mi primer cuaderno de poemas

Los años han pasado por tu rostro;
amores, desfilado por tus hojas.
Octubres han llorado en tu calostro.
Ahora, es el tiempo que recojas
el antiguo altar en que me postro,
y des un nuevo amor, y no congojas,
que des la nueva flor a mis jardines;
que bailen en su fuente querubines.

Aciaga tarde de mis desvaríos
recuerdo entre mi mente avergonzada;
cómo daba realidad a mis desvíos
y a mi ciega pasión enajenada;
cómo daba a mis secos sembradíos
semilla por la daga cercenada,
 creyendo que sin agua crecería.
¡Que estúpida ilusión que me nacía!



Et j’ai pleure


Un miércoles maldito resistía
mi intensa depresión y mis zozobras,
y tú, sin comprender qué me dolía
tildabas de fatídicas mis obras.

Miraba tu mirar, entristecido,
lloraba en cruel silencio mi derrota.
Sentí mi pecho todo escarnecido.
Viví mi sinsabor como un idiota.

Y tú, con vil flagelo, me golpeabas,
y oraba la oración que yo lloraba,
y tú con mi dolor te rebosabas,
y nunca comprendiste que te amaba.
Lloré yo, airadamente, con mi aljaba.



Por petición: a Alicia

(que nunca quise)

  I

Belleza natural eres, Alicia,
razón de mi hondo amor y mis pasiones,
el más veraz honor de la justicia,
el más sublime ser en mis visiones.

II

Alicia Catalina Mendoza Maldonado,
la reina de mis glorias, canciones y susurro,
princesa de este mundo que roza a lo reinado;
y yo, a tu belleza, tiempo a tiempo me recurro.

Desvivo en hojas muertas por tu ausencia irrevocable.
naufrago en horas lentas al ver tu rostro ameno.
Semejas a Minerva, la diosa favorable.
Tus ojos son verde redentor y goce pleno.

Alicia, no sé si llamarte Alicia o caricia
de blandos pétalos del verde monte,
o llamarte entre todas las del mundo la delicia
frugal e indispensable a mi fúlgido horizonte.

Te adoro, y atraviesas en ciervos mis albricias,
conquistas mi razón. Logras que el ser remonte
al líquido adorado y frutal de tu primicia.



La rata en la fuente

“No tienes tú la culpa de tus hechos,
pues eres animal sin la conciencia;
la culpa es de los seres de indecencia
que te dan abundante descendencia”

Nadaba una rata en la fuente.
Graciosa, cu cola movía,
cual cisne su fisonomía.
Dejaba una estela adyacente.

Su pelo marrón y mojado,
sus dientes ebúrneos y largos,
ardilla sin pelo agregado
a rabo desnudo y amargo.

¿Que asco nos dio la ratota?,
no se contestar la pregunta;
daba aire de bella marmota
que en cálidas aguas se junta.

Yo sé, te desprecia, ratita,
la gente que dio tu comida,
que tira basura maldita
y luego repudia tu vida.



A Atenco

Violencia se enardece en todo Atenco,
la sangre por la tierra humedecida,
la tierra humedecida por la sangre
de golpes y de de lágrimas, elenco
de viles violadores fratricidas.

La calma reina entonces en el pueblo,
tan sólo un niño muerto por la bala,
un niño solamente se apuñala.
Y toda de pesar mi mente amueblo

Al ver sumido en dolo la bandera,
Al ver que un inocente ha solventado
el tosco desempeño granadero,
de mal moralidad atracadero,
desleal y mortecina es su trinchera.
 
Mujeres ultrajadas por centellas
malignas, no han hallado
justicia a la pérfida querella,
Y siguen libres todos los ineptos,
cernícalos que escupen lo sagrado:
mujer, lo respetado y agraciado,
que tengo entre los más altos conceptos.
Mas bien, diría, Adán nació de Eva,
al tórrido esplendor de aquella cueva.



Automatización

Robótica y mecánica la gente,
camina a su trabajo sin pensarlo,
regresa a su morada y, abstinente,
regresa al día siguiente a continuarlo.

Trabajo, más trabajos, más labores,
se pasa en la oficina, entre pedidos,
tecleando oficios secos, desabridos,
viviendo sin vivir en los dulzores.

Muriendo lentamente en monitores.
Las máquinas, hermanas de su encargo,
olvidando la flor y sus olores,
muriendo en la ciudad, lugar amargo.



Simplemente poema

“Si soy verdaderamente poeta
que lo digan las musas y Apolo”

De consternaciones hago cuentas,
y todo lo recuerdo simplemente;
cuando llevabas azul vestimenta
oí primera vez tu voz ardiente.

Cuando te acercaste de repente,
y diste, a mi vivir, la nueva antorcha,
y diste a mi sentir eco creciente,
pretexto del amor que me descorcha.

De a poco, separaste tu existencia
de mí y mis hastiosas experiencias.
Al mar fue tu benevolencia,
fue rota tu promesa en tu presencia.

Después de un largo estío favorable,
la llama de tu amor se había apagado.
Pero al final de ese sosegado año,
con más violencia, caigo enamorado.

Lo lúgubre hizo fiesta pavorosa.
Mis tétricas torturas aparecen.
Me vuelvo criminal de amor en rosa.
Y la toxina logra que tropiece
mi calma duradera y animosa.

Está de más decir lo que seguía
de esa de esa vida, confusión de agonía.



Poema al bosque

El bosque callado sus alas tejía,
las aves canoras su casa loaban;
en cantos divinos ensalzan el día
del tronco bendito que tanto admiraban.

Arroyos acuosos despliegan su gracia,
ardillas sensibles comen su semilla,
al ritmo del viento se mueve la acacia,
y el pez en el agua regresa a la orilla.

Insectos flotantes, sonoros y prestos,
recorren la madre terrestre y boreal,
gusanos terráqueos remueven los restos
que siempre recicla la vida mortal.

En plumas y ciervos, en copas y en suelo,
se vive en verdad, lo divino ignorado
del ser aburrido con alma de hielo
que no conoció este paraje arbolado.



Soneto a Indira

Qué distantes están aquellos días
en que llevabas del asta la bandera,
llevaba entre tus ojos la utopía
de la tonta ilusión que me quisieras.

Fuiste primer amor que despertaba
mis locos devaneos y amor temprano.
En la escolta yo sólo te miraba
más fresca que una rama de avellano.

Mas, ah, tenía que ser sueño improbable,
tenía que ser ficticia mi conquista,
tenía que ser mi amor impracticable.

Y te recordaré mientras exista
como el amor primero e indescifrable;
amor de un niño ciego e irrealista.



Sólo tres amores he tenido

Murciélago, noctámbulo, encendido,
remanso entre las ciénagas mentales,
me vuela por la mente decidido
en fría noche de mis espirales.

Me dice, como auténtico ministro,
que sólo tres amores he tenido,
y otro al que yo no he conocido,
de mi lira de poeta, suministro.

Ninguna me ha besado o me ha querido
las tres, son, sin embargo, mi esperanza
mi quimera que entreteje su templanza
y no es consciente de su frágil nido

Las tres, primer amor a su manera.
Pues, Indira, primer amor de sentimiento;
Ximena primer amor de ese momento;
Stephanie, primer amor sediento,
la más amada en piélago y ribera.



                                                                         

Sonsoneto

“A Felipe Calderón, presidente del saqueo”

El más deseado aguardo de lo patrio
ha muerto en las manos de un perverso.
Vampiro sanguinario, desde el atrio
maldito, bébese la sangre del esfuerzo.

Votar por PAN es peor que suicidarse
suicidan la esperanza más sagrada,
es mejor morir que atormentarse
con un demonio inmundo en balaustrada.

¿Por qué, Señor del cielo, no me escucha?
Quisiera que acabaras con Felipe,
quisiera que empezase fiera lucha,

que ejército de nubes participe
y llame a este pueblo, y ágil trucha
de dios sagrado pronto lo emancipe.



Adiós

Adiós. Y sentiré el lamentar de despedida.
Iré lejanamente del nimbo de tus ojos,
a continente nuevo, a tierra infanticida
de mis sueños de niño y mis cálidos abrojos.

Y, extendiendo tus brazos de púrpura y de pluma,
me dices: “nunca más, diluye todos tus ensueños,
da hoguera a tus dulzores y desvíos de la bruma,
da tumba y realidades a tonta fantasía,
que a un soplo se diluya del mar y sus espumas.
Que cese ya el quebranto y toda algarabía.



Poema final

“aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo”

Pablo Neruda, Poema veinte

I

Poema final,
barranco fatal,
flor de amanecer
que va a perecer.

II

La más punzante espada entre mi pecho
me dice que ya es hora en que te dejo;
repite que acabó este ciclo y trecho,
que ya en tu amor pesqué todo cangrejo.

Ni modo, los vencejos dan la vuelta
al mundo cuando quieren circundarlo;
así, la flecha de oro, muy resuelta
decide al monte sacro despeñarlo.

Adiós, de nuevo, nunca volveremos.
Jamás tu nombre bello alabaremos.
Nosotros, alma y cuerpo, olvidaremos
todo el cruel dolor que en ti tenemos.

III

La lágrima impetuosa se ha callado,
el triste lamentar de mis dolores.
Estrellas argentinas han ahogado
en el mar donde mueren los amores.

¿Las flores fascinantes y de olores?
han muerto ya hace mucho, no las quieras.
Inútil es que hurgues en primores
que ya cruzaron muro a nueva esfera. 

Rimpianto e dolore tan aciago
ha roto sus cadenas en su mano,
expide sus grilletes; y Cartago
por fin vence a Escipión el Africano.

IV

Es cierto que te quise; es innegable
que el agua calme sed y el fuego queme;
que todo mi sentir vivió indomable
si no era a tu querer. ¡Que nunca extreme
tu faz deleitadota a lo culpable!

Stephanie, Sin Par de Peña Pobre:
¿Comprendes a este tiempo mis amores
después de haber leído lo salobre
de océano imperioso de temblores?

A ti tan solamente en estos versos.
Dibujo tu pupila, satisfecho.
Te deja para siempre mi universo.
Que saques a este libro buen provecho.

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