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miércoles, 30 de mayo de 2012

Poema de la marioneta


Poema de la marioneta

Como una marioneta envejecida me encuentro esta tarde hilando algunas ideas que de pronto se me escapan como remolinos en un vórtice de vértigo sin forma. Aclaré con el agua mis heridas y a un cangrejo le pedí prestada la concha para adornarme al día, que de todos modos me ignoró.
En un cuento minucioso yo esperaba verter mis complejos, hacerlos composta y hacer florecer algo maravilloso y contradictorio: un poema épico que se burlara del hombre y que diera cuenta de la insignificancia de todo esto. Pero no he dado el ancho ni mi pértiga es lo suficientemente flexible para saltar al otro lado donde espera la exquisitez de la verdadera poesía.
No soy un genio como Haendel o Mozart que pueda transgredir lo cotidiano para robar los duraznos celestiales que el soberano del cielo guardaba hace milenios. No soy como aquel mago que hizo un truco maravilloso: hizo ascender a su hijo al cielo para robar las frutas divinas, y terminó descuartizado, y en lágrimas pedía para el entierro de su hijo a los ingenuos que le creían muerto. Entonces el hijo salió indemne de la canasta. Pero yo no he conseguido salir bien librado y, si bien se asoman al fondo de mi corazón, hallarán un muchachito de madera, contorsionado, que está atorado en una aorta, y que como un niño que se acaba de dar un porrazo, sonríe ante la impotencia de desmentir que no le duele.


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