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martes, 22 de mayo de 2012

Las autofelaciones

“Toda luna es atroz; todo sol, amargo”
Arthur Rimbaud, El barco ebrio

Primer poema de las autofelaciones

Yo, que conjugo todos mis demonios
y enlazo a  los arcángeles caídos
al impúdico lecho de mi instinto,
y fornico con ángeles y bestias,
con Apolo y las musas en un grito;
sé que cielos e infiernos son tan míos.
Todas las existencias me conciernen.
Quijote soy de plumas y de piedra
y venenos y cánticos voraces.

Las Erinias me estrechan con sus cuerpos macabros
y desprenden copal de entre sus piernas;
sus pezones se hinchan como boyas,
y hermafroditas miembros me aproximan,
sus mininas manitas femeninas,
sus erectos falos armipotentes.

Que venga la antimusa a devorarme,
que yo también engulliré sus carnes
y cuartearé su cráneo milagroso
con mezcolanza cuervipalomina.

Baste ya
Yo ya no quiero
Aserraré los falos insistentes
coseré las vaginas insaciables

Amo sólo a la musa-pandemónium
del espejo,
devoradora de inmundicias,
confesora de fluyentes satanaces.

Révélation

J'ai brièvement nagé dans champs d'Amphitrites.
Caronte il m'a marchée dans son bateau mélancolique
pour brefs moments.
Dans un royaume verdâtre,
je me suis trouvé avec Morpho.
M’a conduite à la mer-océan
de profondeurs inexpugnables.
Là, sous un poids plume et plomb;
ai monté une diminution à la cime-abîme.
Il a là été où j'ai transféré un miroir d'eau,
et j'ai vu ce que je décris:
L'oiseau, a promis qu'un nuage violet,
d'ondes immatérielles,
baisserait depuis céleste partie.
Qu'à une haleine prolongée du vent
on casserait les arbres
d'acier; mais aussi les gardénias de rêve.
M'il a dit que pâles et des oranges, aideraient
à le vert colibri du désespoir;
il m'a invitée à surveiller avec mes yeux
propres la décadence du monde.
J'ai aperçu un oiseau de fer.
J’ai aperçu une épée d'air.
J'ai volé, à travers fenêtre-l'oiseau,
j'ai vu un triangle-quadrilatère arrondi.
Un colibri d'un œil énorme, m'a observée:
il était vert, énorme, d'une grande tête,
avec une jambe de femme
et d'une jambe de cheval.
Dans mon innocence, l'ai cru Huitzilopochtli;
mais il ne l'était pas : un œil rougi et pervers
était dans son flanc.
Ses trois yeux étaient véritablement horribles
et pénétrants.
Le colibri  a absorbé une fleur violette
qui se enraciné à la tour Eiffel.
Dans des bouteilles colorées,
j'ai vu diverses choses rares:
Un pourpre colibri d'une langue tellement longue,
que formait un cercle à son à autour;
un serpent qui, avec langue humaine,
absorbait une face cassée ;
une rara avis buvait un cerveau;
l'étoile du matin enfermait ,
à l'oiseau bleu dans une bouteille cristalline.
On monstres a montré prodigieusement.
J'ai surveillé avec une terreur profonde:
un gratte-ciel en se cassant;
la symétrie, corrompait;
chimères en étant dévoré entre eux.
Une créature sans corps, avec un seul œil,
(un œil vert et foncé,
et une bouche rouge)
m'a surveillée.
Tellement vivant c'était son regard,
qui, ai senti que me scrutait l'âme avec des lumières
vertes et étranges.
J'ai surveillé des oiseaux anthropophages;
oiseaux qui dévoraient  l'or, miroirs,
et drapeaux d'un faux patriotisme.
Des hommes de phallus énormes,
s'asseyent aux bords des les falaises.
Des corneilles des petites ailes, mais de becs  redoutables,
prient une doctrine à un manteau de noirceur.
Quand j'ai seulement monté au royaume des cieux;
dans le giron d'un serpent d'eau,
j'ai surveillé à la tortue bénie qui soutient aux éléphants,
qu'à son tour ils soutiennent la terre.
Apollo se magnifique,
ses cheveux dégagent aux dieux.
Selênê s'absente dans le firmament.
Quand j'ai vu l'oeil de Dieu
à des dos de «Quetzalcóatl »,
je suis retourné à un monde égal,
mais subtil et hypocrite.

Rebelión sustentada en la autodisciplina

Yo te digo que el hombre no es superior a la bestia.
Yo te digo que el hombre no es el centro del universo.
Ni las flores están para halagar tu olfato
ni los astros fulguran para ahondar nuestros espíritus.
Baste ya de los dioses, cuentos para hombres sanos, pero engañados.
No hay existencias más altas.
Sólo existe un demonio llamado humanidad.
Falsa es la libertad y el albedrío;
y ambiciones del hombre, vanidad;
y las glorias, engaño a la mirada;
y los hombres, juguete de la mar.
Yo vengaré a la vida por la vida.
Me jugaré yo el todo por el todo.
Superaré los límites impuestos
en aras de lo que es más parecido
a lo que el hombre llama libertad.
Deje de encadenarme el sentimiento.
Yo me rebelaré contra mi esencia,
contra la biología,
en la medida del determinismo;
siempre con autodisciplina.

Cacofonías

Con coño metajísico y rumiante
filosojáis la menstruación monstruosa
que muenstra entre su coágulo sangrante
un alma gomitada y escabrosa.
Tu pucha velludísima, en maraña
se empioja cuando coge la morcilla
que yantas en tu boca en buena maña,
en tu boca cuajada en la criadilla.
Me dijites que pasas sin sentilla
mas riñes en tus nalgas el espasmo
que te da el que fornica tu ladilla:
ese romanticón rejón de orgasmo.

La sirena

Amaba a una sirena
y cada fin de semana
con mi tripulación
iba a escuchar su canto sugestivo
atado yo a un mástil

Los marinos todos eran sordos
Siempre yo les gritaba me soltasen
Siempre ignoraban lo que yo decía
Y el dulce canto en oscilar instaba
como si fuese el último
siempre el último

Y sucedió que un día
enmudeció su canto esa sirena
y yo
al mástil atado
como Ulises
me intrigué de no escuchar su canto
y verla casi muerta en un escollo

Entonces
me desató una fuerza sobrehumana
y ordené a los marinos
subieran
a la criatura lánguida y aún bella
a la cubierta húmeda y salina

La criatura apenas se movía
algas sus brazos débiles y mustios.

Todo lo comprendí al mirar su rostro
No pude más
y me aferré a la roca
e imité el cántico de las sirenas
con voz forzosamente afeminada

Y sucedió el milagro
la sirena
se levantó y saltó hacia el promontorio
Me empotré en el canto
y no hubo más
y se ahogó la sirena
E n   p a z   d e s c a n s e

La musa del espejo

Un colibrí rechoncho y sonriente
como un gato Cheshire.
Hombres de falos enormes lazando bueyes esqueléticos,
tigres poniendo precio a mis cansancios;
rameras subastando una vagina sagrada caída desde el cielo
envuelta en auras.

Yo pienso que cada espada debe permanecer en su piedra.
No las mováis. Os lo digo.

Las cariátides deben aburrirse tanto;
siempre quietas;
vírgenes;
fastidio;
inmóviles, cual faunos al acecho
de las ninfas siempre
extrañamente sensuales.

Hay pajarillos canturreando,
y los perros de la vecina
de abajo
ensalzan el coro de los motores añejos.
“De rodillas te pido”
apagues esa música infernal.

No me gustan las hembras,
los senos me aburren,
náusea los pezones,
las vaginas me irritan.

Descalábrome

Siempre

Este cuarto y con las mismas manchas;
retrato de los novios;
almohadas secas y cursis,
ramazones donde me recuesto
para ver los arcaicos cortaúñas
y la cabecera con ambiciones de sol.

Siempre las humedades mismas.
Siempre los mismos orgasmos.

Hay medusas en el vientre bajo
pudriéndose como búfalos al sol.

Penétrame,
carnes reblandecidas,
canto de correrías infernales.

Me apretujo al lecho y palpito

Odio a los tigres, siempre tan cabizbajos
Siempre tan cabizbajos.
- Soy triste
¡Soy feliz!

Me duelen las mejillas por un rubor necio,
debieran desgarrarlas.
Pronto estoy por correr en subterráneos
caminos para buscar el vellocino, no de oro,
sino de plumas-burbuja
puesta         movimiento
             en                        inútil
Se las terminará tragando la marea.


La cuerva

Me pinté los labios y mugí cual el ave del poeta
Never more

Y me vestí con los sedeños alcanfores de la ninfa
Me embadurnó en su cofia el maquillaje

Y la vi a ella en el espejo
tan bella
horror
tan bella y lactescente como las griegas estatuas
áurea como los excrementos de un dios

Y revoloteando fui por la plazuela
burlándome del mundo
pensando en los pingüinos viles
y en las perisurinas criaturas
liverpóolicos monstruos
hijos de Versace y Dior y Klein
Me dieron lástima

Y se ruborizó un muchacho
ante el beso que le mande por aire

El niño llorando

No cesa de mirarme y no esta del todo mirando
envuelto en esos tentáculos brillantes
como espadas encendidas
como coágulos deslumbrantes
en medio de las tinieblas de los jaguares impacientes

No cesa de mirarme
y siempre llora
demoníacas lágrimas
a través de ojos donde vibran dioses

Íntimamente herido…

Sortilegio de mirarme
con mi propia mirada

Ya no sé quien es el marcado
por esos labios-hierros candentes
que dejaron dos obligados besos
en esa mejilla

Si pudiera
de cera cubriríalo en un sepulcro

Traed veneno

Ya no quiero verlo
en esa aureola rosácea
recriminando al mundo
por sus palomas hipócritas

¿Ya no crees en el hombre?
Sea la poesía tu último remanso

Canto florido

Yo soy Cycni.
Entono cuicatl
junto con los amigos alfileres
o espinas de maguey nocturnas.

Canto-rasgo venas y garganta.

Cánticos vulgares de rameras
fundo como el oro;
los entono al ritmo de un Mozart
gol pean do-un a ta bal;
entre plumajes anchos
y ruinas de mi cuerpo agusanado.

Omar me da sus flores;
indio hermoso
olor a mantequilla, leche,
niño cantarín,
zumbador cual mosca de la miel;
nostálgico siempre.

Pero por aquí y allá veo floriposas marchitarse.
¡Quién sabe cuantas aves cayeron!

Notelpoch

Icuac notelpoch cuica…
nopan moquetzan toxochiuh

Yo nunca agradaré a los grandes dioses:
no tengo garfios para pescar cantos
Ruiseñor ahorcado
me acunó
No pretendas

Un tablón me sirvió de lecho
atadas las manos
acuchillado el rostro
por el eclipse lunar
y el odioso conejo

Si tan sólo Satán se conmoviera…

Pero tú me conoces
nostalgia y abortos del deseo
Miembro rodeado de espinas
ahorcando erecciones “pecadoras”
/////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////
///////////////////////////////////////Odio esta jaula ///////////////////////
////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////

Quiero perder mis obsesiones,
desprenderme de mí y ser abstracto.
No temo a perderme por completo

Ábreme las piernas
y no me digas más
Sólo así llegan las nubecillas
a llevárselo todo

Sombra obsesiva
demonio de mi vida
me suicidaría contigo
Ah mil veces

El cuervo sonriente

Hay cuervos en las esquinas de mi cama
¿serán los ángeles negros que guardaron mi cuna?
¿príncipes de Gomorra a lomos de gusanos?

Siempre hay barrotes en la frente
quito unos
  nacen otros
es inútil

Flacidez espirítica,
pálido,
yerto,
me encuentro.

Odio los sacapuntas amarillos:
devoran los prepucios.
Y se derrama la sangre
sobre los ídolos.

Sonríe el cuervo en el busto de Palas.

La trinidad

Vanesa y Omar desnudos
y el muchacho del otro día
¡Oh   libación perpetua
carne más que la vida!
¡Arte más que la muerte!
¡Amor más que la vida!

Canción de cuna

A rorro   niño
a la rorro ro
sueña en los orgasmos
de Verlaine-Rimbaud
Tralalá

¡Qué asco del mundo y los primores
qué barbas espesas
que enmarañado púbico me encierra
¡Devástenlo    Os lo ordeno!
Vamos a reventarnos lo que queda
estas testas craneudas y ridículas
estos testículos devotos
Consígueme un revólver que eyacule
el último plomo besucón

El verdadero amor

Imagíname como a una rata muerta, sucia, macilenta, destripada;
un roedor miserable y pútrido arrastrado por las cañerías.
Imagina mis entrañas carcomidas por pululantes gusanos,
al tiempo que llevo un beso de la Parca en mi hirsuta mejilla.
Imagíname llevando el gesto del chillido postrero en mi hocico
mientras acarreo nauseabundos olores en mis belfos,
y abrazada estoy a las pulgas de una peste bubónica.
¿Me amas?

Suponme como a un noble cubierto de blancas holandas,
un príncipe gallardo amado por las nereidas.
Imagina mi cuerpo cubierto por mirtos preciosos,
al tiempo que Minuestīs, el santo niño, me acompaña.
Percíbeme como un Alcibíades, un Narciso, un Apolo,
un joven llevando el amor de Cristo en la mirada
y es abrazado por brazos de ninfas itálicas.
Y si después de esto Apolo toca su lira al lado de tu oído,
es que sólo amaste al poeta que yo representaba.

¿Poema?

Las melancolías del campo temen
a las agonías que a su vez son culebras.
¿Qué son a su vez las culebras?
¿histéricas mías?

Revestido se ha nuestra esencia
de nuevas podridas fragancias.

Crujiente línea del asfalto anciano,
bache de mi degradación iluminada.
Beso del cardo. Golpe de la niña.

Estrella, manantial del onanismo,
acércate, éxtasis ¿éxtasis?
Quiero ver el crudo movimiento párpado-ojo-párpado.

El pináculo del cosmos
en 
vaivén 
cayendo 
por las escaleras
de       líquida           lingual
    una            lengua
                                                 ampuloso
                                            al                  sui
                                  Salta                            cidio
en serie de triángulos espejos;
mientras Berreo Anciano y Lujuria de Niño
asan purpúreos caracoles.

Suicídame las plantas, que no el cuerpo.
Elévame al abismo.

Bese yo polen envenenado, las pústulas de Cristo,
y de una bofetada a Adán y Eva.

¡Adán, vuélvete ajeno! Reescribe el Génesis.
Escupe al señor y proclámate dios.
(Es lo que Jehová desea en el fondo).

Cíclopes de fanfarronas miopías ven
a Homero deglutido por un unicornio
embriagado, a la luz de los parpadeos
de la excitada estrella del Orión.

Ronco vaivén del tronco Aristotélico,
lámpara de bufón que sus fotones da al vuelo,
¡aléate, vamos, con la alborada!
Einstein: ¡corretea el destello de la luz!

Espíritu de planta
que violas mis falacias:
el padre del mundo fue un tronco mocho,
una hémbrula parturienta;
el hijo, gallo capón
que a su vez es Aristóteles castrado,
que a su vez es Platón en exorcismo,
que a su vez es Nietzsche y el superhombre.
(En el cual, por cierto, ya no creo)

Escúchame, Stupa de Sanchi,
rústico centro donde me completa,
me llena                   
                                 me vacía
la estrofa de la luz.

Bésame Rimbaud;
en foscas redes,
traicióname.
Restriégame tu verso.

Estrofa lumínica es la profetisa
vena de mi piedra.
....

En la cáscara del espacio
que hay entre la madera que respira
como respiran los triciclos de mi infancia,
veo una pupila fustigante, crítica y severa.

Nunca fui niño;
me parió un bisturí,
me arrulló un clínico colmillo,
me besó el acero,
me besará el titanio.

No fui yo niño nunca de placeres,
tenidas pude ha que mis demencias
en sarcástico giro me robaron. (Eso creyeron los psicoanalistas)
con paxiles y aropaxes y otras bestias sans nom.

A veces, me inyectaban en el cráneo
cursis unicornios y bailarinas chulillas.
(y a veces me creían libación de eunuco,
rechupete de parafilias)

Yo soy el clavo de los pies de Cristo,
y me complazco en ello.

Soy el cetro del fariseo,
la sonrisa de Barrabás.

Soy más que un esquizoide patológico
que ya por arañar está la espalda
de la hembra hermenéutica que es mi religión:
la esquizofrenia.

¿Pirul de mi tristura?
¿Fuego de mi estrechez, mente arrobada?

¡Fuera, San Freud; fuera, tremebundos domadores del psique!
¡Bárreme la conciencia, barrendera de las patologías!
¿Desesperas, verdad? Déjame abrazado
a ella, a mi Deliria; es la única
mujer que me comprendemos y me tengo.

Veo una Clitemnestra suicidándose
mientras Orestes retuerce sus dedos, indeciso.

La más bella de Grecia viola al consentido de Afrodita.

El domador de caballos mata al hijo de Peleo.

Pelotones de arqueros de perfume,
bebedores de Ilíadas,
ven el orgasmo de Héctor.

Psiquiatra universal

Cambiante nube que, cual sentimiento,
en amorfo matiz, en tiempo-espacio,
hilas ora la mónada, ora el tao,
escúchame, nube, prostituta.

¡Vaya, tienes las plumas bien ceñidas,
pues cinco lunas en tu vientre yacen
en seminales cinco soles vierten
su semilla mordaz y violadora,
y voluptuosa y sádica y obscena.

Perpetuamente en tu ara
se cuaja mi tálamo acabado.
¡A ver si como afilas me destuerces!
¡A ver si tus vapores me la humean!

Pero, por lo pronto, con un tétanos espiritual,
o un carcinoma del pensamiento,
diré lo que queremos que no escuches:

La verdad es que
las nubes son el derrame cerebral
de la algodonística bóveda;
el mar, las sustancias psicoactivas
que inyecta a la tierra
el psiquiatra-domador del universo.

Este cerebro que late
como un buche de rana apopléjica
es la cúspide del gran lingam;
es tu penetración eterna.

Un yoni es donde bebo mis patrañas;
un rugiente yoni, húmedo
como la lúbrica boca
de la bíblica
Gran Ramera.

Las musas me ultrajan, las de incandescentes bóvedas.

Con felación perpetua, Apolo
me fornica,
me fornica.

¡Guay! ¿qué me trotas, Omar?
¡Enmascarado símbolo del morbo!
Tú, de collar de falos cercenados,
no alteza de hieráticas cimeras,
infantil domador de histéricas meretrices,
¿dulce blandura de infantil verano?
caracol besador de escuálidos escudos,
camuflado alcatraz de mieles abortadas.

Ebrio de muerte,
me locureo en tu honor;
y, bajo tu influjo, masturbo a Cristo
y desnudo a Guadalupe.

Y a veces como que el alba
se vuelve cómplice
cuando me descarnan los linces.

Nostalgia que en suicidio no termine

En cuna de puñales y de sombras
resucitan, Omar, los vivos cuervos;
aquellos visionarios, poseedores
del único mirar íntimo y vivo
que me miró a través de mi mirada
y me cantó a través de mi laringe.

Por esa voz, pétalo de mi cuerpo.
Por ese beso, el cielo se hace tierra
con las fuerzas de un astro omnipotente
o con fragilidad de mariposa
y ajadas hojarascas en cascadas.
(Mucho lloro al saberte ya perdido,
como lloraste tú mi indiferencia)

Tu espectro me recuerda a cada instante
las auras visionarias fulgurando;
la alborada de luz entristecida;
la minina manita femenina;
el virginal jardín de las ovejas;
escanciador frugal de densa savia
(obelisco nutrido con tu sangre)

Un cisne oscuro, Omar, protervo y mudo
muestra mi sol tinto en oscuridades,
a mis labios cansados de llamarte,
al cordero inmolado inútilmente,
a tu ilusión de amor en mí vertida.

Ahora, niño, un galgo de azabache
es sulfúrica sangre en mis rizomas;
zarpa que rasga, fiera, mis entrañas;
potro que siembra sombras pavorosas
que abrasan mi sentir con lumbre umbría.

En gorgonas, en garfios se han trocado
los penachos de pluma y de perfume
con que sitiaba Amor las cataratas,
las sibilantes lenguas viperinas
de las arpías cubiertas de venablos
entre toscas cadenas y grilletes.

En la hora del dolor, todo se acaba.
Derrumbo mis castillos de azucenas,
solicito una daga tenebrosa,
me ahogo en la noche de tu beso
y me pierdo en tu ausencia hasta la muerte.

Debería partirme en dos por la cintura

y violar mi derecho por mí mismo,
felándome, insaciable, hasta la muerte

Quiero ser un perro pachón

Era niño,
pero me acuerdo de los “perros pachones”;
de ese rostro-arcángel de Rimbaud y sus luminiscencias infinitas;
de su enmarañada cabellera
donde las estrellas de los dioses domésticos se fermentan;
del gesto leve-eterno,
y la divina mano en la barbilla.

Lo recuerdo/ desnudo, flotando encima de un gran lis,
abierto como un ojo en medio del pantano,
y blandiendo la vara de la otredad en sí.

Quisiera tomar maletas e irme de vacaciones con él
sólo una temporada.
Sólo La Minueida, y no escribiré ya más poesía.

Poemín

Yo sólo canto y bailo como niño,
sin atender al carrousel inicuo
ni a las notas si son bien afiladas.

Yo de todo me burlo y sólo danzo
como me dicta una ecuación infame.

Responso a mi tristeza

No te dejaron ir, hombre silvestre,
a esa selva remota en que los sueños
de niño hervían para ignorar la espina.
La Civilización, la Gran Ramera,
el hombre que a los niños despedaza
bajo del cíclope la infame rueda.

Amordázame el canto del cenzontle,
pero muero más en mi hermano el hombre.

Ya me hieren los cantos de las aves.

El fuego helado filtran en las flautas,
que se endurecen. Frígidas resuenan;
salpullido glacial del vientre helado.

Danza de corpulentas lenguas bajo el sauce apuñalado
y torcido por la mano de algún Eolo-Ehécatl.

Se azotan,
se levantan
y se azotan,
plumas-piedras, paloma que se estrella.
Lagartija de flor bulle y estalla.
Ora diente de león, ora gaviota.

Pasitos de ballet

Cánticos de la autoconmiseración   danza, danza,
cállatelos cuando desatasquemos  danza, danza,
ánforas de la civilización.
Danza, salto, danza, equilibrismo
vibra cual las campanillas tantas ciegas.

Infancia y amistad

Glu, glu,
las burbujitas
se aglutinan
Pac-flú y vibran las venas jabonosas
en la piel pecho abierto que se eleva
y mira con un ojo tierno y niño.
Glu, glu, que se aglutinen las burbujas.
A ver quién poncha más; a ver quien gana
Vamos a reventarlas pronto, amigo.
Pues hasta la amistad es como ellas

Sueño de incesto

Fálicamente, Omar, yo te envolviera;
mi satánico niño envuelto en nata
De penas, duelo, me consolaras tanto.

No hay trascendencia.
Sólo fornicáramos.

No te sometieras al poder.
Negáramos, inclusive, la sabiduría.

Ya que todo está predeterminado
ignorara morales mojigatas.

Bailáramos, viviésemos cual arte,
que es lo menos falaz de la existencia.

Hermanito: me penetraras.
Agotásemos la veta de la vida.

Hiciéramos incesto, mi hermanito.
Hermano mío ante Cristo, no de sangre.

Delgadina

Delgadina de faldas escarlatas
danza en círculos falda, trompo y torno;
en puntas de los pies, galgos y lanzas,
raíces desentierra de sus plantas.

Danza hacia el rey. El paso como estaca.
El rostro de una ardilla. El busto firme.
Codorniz al erguirse, y en sus brazos
tomando hilos que la atan a la tierra,
(también al cielo y a sus transparencias).

Y aquel que atropelló de su hija el lecho,
estatua de tirano, no sonríe.
Delgadina, con un puñal en mano,
extensión de la daga, en él se clava.

Gimen los Cam, las hijas de aquel justo,
y lloran rosas en botón ahumadas.
Aulla aún autor de lo incestuoso.

Vagancias

Caminando entre las verdedades desnudas,
vi tocones adustos y raquíticos
cuajados como cirios flemáticos;
mas a lo lejos, observe, embriagado,
un pájaro peripatético filosofar las últimas migajas.

Como asteroides huyen las guirnaldas de lo que fue la tarde:
 un cielo pronunciándose en podredumbres.
¡Qué las esferas del amor y los altos goces!:
la hiel todo lo penetra, violadora y todopoderosa.
Siento las mismas yescas ardiendo en mi cerebro.

Húrtame.

Ya no quiero tus burlonas luces,
ni los dientes carnívoros de mi enemigo.
Disuélveme.

II

Montado en un ave zancuda, vagué por entre los pantanos.
Las luciérnagas me guiaron a nuevas latitudes;
a nuevas noches abiertas como fauces de gárgolas risueñas.

Con la mente acarreando el mismo puma
y los mismos tintineos tiernos macabros,
me dí a girar como un derviche,
sorbiendo las estrellas coaguladas
con un popote inmenso de locura.

Encontré tótems inauditos, más que obeliscos;
cimas en otrora en flor, ora desiertas.

Es verdad; le confié a las tórtolas mi ternura de niño;
yo, más frágil que el siseo de los asmáticos;
lleno de termitas hasta en los dientes,
corroyéndome como las viejas casonas.

Que más da que rutilen, violáceos, los cadáveres
en interminables giros semejantes a hondas incansables.

Vivan las pavorosas rosas, las luciérnagas besuconas y las aves zancudas;
pues no dan más peso a la realidad que al sueño,
pues ambos son tan sólo flor, sustancia.

Pero te he extrañado tanto.
Te retoco, te modelo, te rehago.
Nunca te pareces a quien eras.
Los astros no han dado tregua a su clepsidra de olvido.
¡Oh, que me devoren los canes! ¡que me arrastre el tifón!

III

Danzando entre los campos verde-zigzagueantes,
girando, cubiertos de amarillo,
como la pupila honda de la lagartija mística,
se encienden las carreras contra el yo.

Hay lagartijas bípedas andando por el techo en largos pasos;
mariposas en las lámparas sin fruto;
nubarrones regurgitados por quién sabe qué dios;
los mismos cantos y los mosquitos
zumbando en la bóveda plana;
azores rasgando el abismo celeste;
bandadas inmóviles;
y, hasta el fondo,
la esfera amarga y cíclope,
al igual que todas.

De gravedad la uniócula lágrima no entiende,
se hunde en la bóveda y cruje
como los cráneos de los poetas-guerreros bajo el hachazo.

¡Que se pudra el mundo! ¡Que me proclamen rey de las naderías!

Doy cuenta que me engañan mis recuerdos:
las pistolas lunares ya no están en su sitio.
A aquel amor mal lo recuerdo.

Así los surcos de las olas en que navego,
víctima masoquista de este campo
al que casi todo hombre da la espalda, horrorizado.

No soy ostra cerrada a las mareas;
soy pulpo ahogado en su propia tinta
ante el vaivén monótono de las constelaciones
que nunca parpadean.

Ya no soporto más: el pez naranja ha muerto
junto con las vides del sublime pecado.

Los arcángeles huyen en tropeles hacia agujeros que tras mí se esconden.

¿Vanas?

De las cosas y del hombre nos burlamos,
aun más de Dios y sus designios lóbregos.

Ajeno al arte, sólo con lucifer danzamos
/ yo y yo/ criaturas espiríticas,
atados a las antítesis del otro lado del espejo,
marginados del mundo “decente” y contento.

Yo destruiría, de ser posible, el mundo,
lanzándolo a la boca de un gran fauno
para que San Catarsis lo volviese.

Cada día son breves más las anguilitas.
Profundísimo callan los gorriones,
que puedo ya escuchar cantar los huesos
unos lácticos himnos excitados
blandiendo espadas, apilando cráneos,
derramándose con inmisericordia,
haciendo buches con el vino santo
y coronando putas con las ostias.

Un triste ruiseñor desfigurado,
al no poder cantar, danza tan sólo
al tintín de las mareas lejanas;
tintín de campanitas agitadas
por un niño que, como yo, no sabe
en absoluto de las cosas “altas”

¿Ásperas?

Blanverdetrasparentes manan las trasfusiones
por entre las venitas de mi cuerpo;
también por mis ojos, casa de redes negras a contraluz.

Entumecido, mi uña de alacrán se eclipsa toda.
Ordénole se mueva,
no obedece,
y se ata al hilo de un Satán titiritero
¿más fiable que yo?
No, no lo creo.

La castración, el miedo, los amores, compiten por mis restos.

Ni los buitres, montados cual cowboys, relamen mi cadáver.

Si pudiera arrojarles mis zapatos
a esas auras, buitres, como se llamen,
de mí se burlarían;
lazarían sus propios falos,
seguirían carcajeándose,
aprestarían las armas relamidas
y dispondrían de mí por los oídos.

Que me tapen con cera los oídos:
los gorriones aúllan demasiado.

Confío más en los buitres que en la vida.
Ciégenme pronto, que no veo el final.

Amigos buitres, lozanos carroñeros de blanco collarín:
alléguense ante mí;
abrácenme sus plumas renegridas,
amorosos venenos de la vida.

Herejes aves devotas:
canten enmudecidas para mi juventud anciana y niña.

Filántropos cadáveres perversos:
abriguen mis últimas plegarias.

¿Sombrías?

Desterraron a Adán, de los infiernos, a otro infierno.
En vano buscará el cielo imposible.
Y no fue Dios ni Eva la causante.
Fue el tedio de ese “Paraíso”

Me desperté y aborrecí mis párpados
y odié a los cristos ponzoñosos
y los adanes- éxodo que no tienen hacia donde retornar.

No sé con qué anzuelos he venido a este averno;
que las delicias huyen
cual hembras sorprendidas desnudas, mientras las lame un gato.
¿
La última sonrisa? gracias a Satanás, no la recuerdo;
pero debe haber sido hace ya tanta clepsidra tiránica.

Aúllo. He perseguido a la antimusa del espejo;
he cabalgado en la neurastenia;
me he excitado, lloroso, con mi amigo;
pero siempre vuelvo, instintivamente,
la espalda a las cosas del mundo.
Valle de sombras, luto,
voces que en ritornelo se aproximan.

Una tarde

Una tarde, abracé a la dicha, al poder y al arte; y los encontré elevadamente absurdos; y no abrigué más deseo que el de ya no ser humano, de perderme por completo en el de la ansiosa muerte el hondo culo. Danza con muerte breve me es precisa. El hombre no es superior a la bestia, ni se puede “alzar” por encima de ella, como diría cierto funámbulo narrativo. Ni los mismos dioses podrían ser el centro del universo (Destino más que los dioses) El universo es como una ecuación cuyas leyes son ajenas a nuestro primitivo y antropocéntrico modo de observar la realidad. La vida, una ecuación; la muerte, el cero. A veces sueño igual a realidad; cosas igual al hombre. Real más que sombrío. Por eso estoy enfermo.

Teatro de la vida

Me orillo a creer que la vida
es una farsa que debe vivirse y representarse
con la mayor pasión posible;
y, cuando representemos nuestra muerte,
no temer, y resistir estoicamente

Península del árbol

Raíces retorcidas.
Salomónicas columnas, presuntamente sabias,
ascendiendo a los infiernos.

Hierbas enfrente cual no las tolero.
Mis drogas son amor, delirio, danza.

Yo me basto a mí mismo
y de clavado me hecho
a la hondura del ser más tenebrosa,
donde los demonios danzan
en torno a una musa secuestrada.

Pasitos de paloma,
cuello y pico cual un cincel
esculpiendo en este aire
una criatura de imposibles formas.

Bostezo falso.
Examinar al monstruo.
Hacer que no lo vemos.
Remirarlo.

Pasar la lengua por entre los dientes
y asombrarse como un can ante un ave colosal y colmilluda.

Buche de rana de la explosión a punto.
Dedos que no se atreven a tocarla.

Zumban en torno moscas tan devotas
peinando casi el buche-globo.

Su encía de renacuajo está por reventar.

Fuente de Tláloc

Por las manos, el agua reverbera
como un semen interminable y estéril;
obsesionado en fecundar la tierra.
Insiste, sin saber, entre el bullicio,
que su leche coartada, mas eterna,
le es dada del estanque en que se vuelve.

Escalera

En el vértice de la escalera
derramo lo que serían mis lágrimas:
un griterío de piedras resecas,
quebradizas; talco del buen vivir.

Incesantes, abordan estas barcas,
y se ladean como entre las marismas;
y, peces, se contraen a cada compás.

A veces casi ruedan hacia abajo;
otras, apenas bogan hacia el centro.

Rey

Sentado a manera de un magnánimo rey estúpido
coronado de caracoles,
sostengo a los perros sonrientes y lengüilargos
(se llevan las manecitas al rostro).
Lloran cual plañideras,
pero mirando por los resquicios de sus dedos
a un león desparramado como una carne grasa, apátrida, amante de gusanos,
y a los cráteres persignados por los sodomitas príncipes.

Me pongo a dorar los adorados arcángeles al aceite.

Los reyes del mundo

Voy contra todo pueblo imperialista
que exista o haya habido en el pasado.

Más que erudito, suelo ser yo
de los que hablan con su propio corazón;
por eso escupo a todos los reyes
y a todos los gobiernos,
a todas las naciones y baluartes de guerra.

Nada significa el nombre que Civilización me dio,
por eso Cycni me autonombro.

Mueran las patrias y viva el hombre,
de ser posible.

Muera el hombre cual lo conocemos.

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