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martes, 22 de mayo de 2012

La creación y otros poemas


La creación





“‘An xi kju’e’an ngat’e
¿Kó kji’í kjejí?
¿Kó kji’í isien?
‘An xi ts’ achjají’an
‘An xi ts’ acha’a’an.”

(Hoy vengo a tí.
¿Cómo es tu rostro?
¿Cómo es tu alma?
Soy yo quien te invoca.
Soy yo quien te implora)

J.G. Regino





Mote



Yo quise ser profeta,
yo quise ser pintor,
yo quise ser poeta,
un gran conocedor;
y nada de eso soy.

Mas, éste poema trataré de pintarles,
como si fuera un iluminado profeta;
como un psicótico coherente he de contarles
lo que ha venido de mi mente, que es ruleta.





I

L’univers

El ánima del mundo pudo extender su manto
sobre el cielo vacío del caos infinito,
en mil mares de fuego lloró su triste llanto,
rió con carcajadas sobre el cielo inaudito.

Estalló fuertemente: en ola, en sangre, en llama;
universal espanto se produjo ella misma.
Y, los bellos átomos volaron tras la flama
prendados por la magia en que produjo el cisma.





II

L’origine du Monde

Se encontraba eléctrica y volcánica la tierra.
Sustancias venenosas al cielo gris quemaban.
Temblores en la tierra tenían constante guerra.
Vapores de la vida en el volcán brotaban.

¡Oh, infernales lugares del mundo apenas niño!
más parecían los lodos de alguna eterna muerte.
Ésos primeros años de rudo desaliño,
los átomos se aliaron en conjunción más fuerte.



III

Premiers formes du vite

Los coacervados dieron su estirpe generosa
hilando de áurea vida la prístinas molduras,
y se besó el bendito organismo de la hermosa
Tierra en que se formaban, despacio, las criaturas.


Los estromatolitos juntábanse en los mares,
prodigios del primario elemento de la vida.
Dichosos cantaban sus prolíficos azares
en el húmedo vientre de la tierra dormida.

IV

Que vivan trilobites y medusas,
pues fueron primos hijos de la tierra,
y dieron su legado a nueve musas.
Ellas, a sus amados, revelan lo que encierra
la gran verdad del mundo oculta a los burgueses.



V

L’homme

El hombre de la llama brotó por Gracia de Eros.
Iluminó su cuerpo el matiz de los celajes.
Besó su nueva frente el Hermes mensajero.
Los astros y animales dotáronle homenajes.

El Ave bienamada tendió sus amplias plumas
y aconsejo al humano siguiera sus consejos:
“...evita lo superfluo. Tus lacras no presumas.
Nadie es mejor: no tienen luz propia los espejos”

¡Mas ah!, el hombre pronto olvidó sabios mensajes,
y se entrego al delito y la ambición liviana..
Con hierro matricida brindó a la tierra ultrajes.
Buscaba el oro fútil que a insanos engalana.

De un cascarón grisáceo brotó Dermen-y-Sendes.
Creció una fruta amarga desde el centro de Sendes.
Miró la fruta a El Ave;  urdió su plan siniestro,
y su raíz perversa nació dentro del hombre.

El Ave, entristecida, del mal que dominaba
a su hijo más querido, el único consciente,
miró desde la altura la humanidad esclava
de los caprichos vanos del tibio subconsciente.



VI





Respuesta a Bani
Fragmentos recuperados de mi memoria

En el principio del mundo
no existían ni kilos ni medidas;
un venado, simplemente era un venado
que en suaves leñas, iba a ser asado.

(...) Tener por una playa mi bandera,
mi himno: canto de aves tropicales
mi ciencia sea el color de los corales.

No prescindir de gentes altaneras:
unirme nuevamente con el árbol;
hermano de la vida, dulce amigo (...)

II

A través del cristal de la Reina de las Nieves:
Me besas con la espina de la rosa.
Tus plumas de ángel malo, (y cruel), retozan.

Se humilla mi alma al ver cómo es que vuelan
Tus alas dolorosas que congelan.
Eres vástago ruin de hierba mala,
Podredumbre de moscas y sus alas.
Horrible es tu semblante que yo olvido;
Amor, por ti, yo nunca lo he sentido.
Ni sabes cuánto quiero que te mueras;
Indigna tú serás en ésta tierra.
El héroe, por valiente, se destierra.

Bani: “Tus dos pétalos de rosa a lo lejos vi,
pero los míos no eran
los que los que te palpaban:
eran dos pétalos espinados
que tus labios rozaban.
Su sangre ensuciaba tu piel,
te daba su veneno gangrenoso
y tu ni siquiera te resistías.

Como quisiera yo ser la que te envenena
con un beso todo tu cuerpo,
pero ni siquiera dejas que mire,
tus labios de terciopelo.”

Cycni: ¿De qué veneno me hablas, triste niña?




Elegía por la música

Yo fui uno de esos músicos mediocres:
frotón de cellos, bebedor de notas,
de pizzicatos longos y de liras rotas,
trigo sin sol y Tonatiuh sin sombra;
cuerda mordida por Euterpe musa.

Oh, musa, que has negado a  mí el talento
de entretener al tiempo y al espacio
con dulce son y blando movimiento

La  triste nota que en mi pecho mora,
pude nunca arrancar al violoncelo,
pues esta vena me ha negado el cielo:
ese sueño que mis ensueños dora.

Trataré, pues, Euterpe, que mi canto,
remedio de a mi inmórtal desconsuelo.
A ti no te ofenda mi infantil anhelo,
ni aplausos des, que no es mi verso tanto.

Llorad conmigo, y con tus tonos graves
haced vibrar amarga melodía;
mujer sonora de madera umbría,
de aliento sonoroso y halo suave.

Los ruiseñores mueren en mi lecho.
Olvido un arpa en el rincón lejano.
Y de amapolas cúbrese mi pecho.
Y rosas se desgajan en mi mano.





Amanecer

Cuando Atón su rubicunda faz mostraba
en el linde de la bóveda de azur,
el delator de Pedro armonizaba
el céfiro traidor que vuela al sur.

Del Chipre la que nace entre sus aguas
envío a su hijo; flecha no fue pequeña
a la velocidad del pájaro de Horus.
Clavóse en el contrapeso de las plumas
de lo que en urna guardan
los jueces de los muertos.

Mostróme Osiris un cristal reflejo
y dijo: “Éste es elixir de verdores
con el que a Set vencí; me dio una vida
nueva para vengar mi muerte.
Bebe, pues, el líquido viscoso.”

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