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jueves, 31 de mayo de 2012

Giro en un grumo lácteo y otro poema

Giro en un grumo lácteo de los senos de Hera
y tomo tactos de nata al fondo ruborizados
recordando cómo ayer sus muslos suaves
desmayo provocaban, y no un beso
pudieron darle, que querido hubiesen.

Un mar de leche por un acantilado rojo no es posible, me decía.
Las garzas están cansadas de estar paradas sobre el mismo pié.
Si mi voz de contratenor perfilara el contorno de tu oído,
y no me diera a estar amodorrado en este licor nocturno que
todavía tiene su huella firme.

Me siento como un signo incomprensible
enmedio de otro aún más incomprensible
llamado México.
Soy un algoritmo que corre al revés
y que Lewis Carrol
no se atrevería a descifrar
por miedo a que le saltara en pedazos al rostro un espejo.
Y Alicia riera de nuestro país contradictorio
y asegurara que el país de las maravillas,
con todo y su Reina Roja y su rey,
en cuyo sueño estamos inmersos,
hay una regularidad más lógica en su cotidianeidad
que la que vivo cotidianamente en estos tiempos electoreros.


Un aria de Haendel me hirió la garganta

Con el amor en los oídos ambos
doy tactos a tientas ciegas con mi lengua
por un contorno de clavecines metálicos
de notas de relámpago brotadas
del gran genio de Haendel y sus tiernas
arias que al mismo cielo enternecieran.

Broto en torrentes por la cuerda fina
de un extraño ciervo que solía mugir
al tránsito peatonal y a la turba ingrata
en las horas en que se atora el metro,
con su acostumbrada cerrazón de atmósferas
cargadas de sudores primigenios
y babas anegadas de candados.
Chicles al fondo, como yo, invisibles.

Pero no importa el mundo, y me recreo,
Audaz coloratura, en tus vaivenes,
Mi voz de clavecín roto en cascadas
que Mozart vio caer de la escalera
se apresuró a llamar a las valquirias
para llevarme, roto, un instrumento en brazos
de las ninfas que hervían en las antiguas
canciones de aquel Pórpora maestro
que adiestró a los castratos en el tiempo
que los monstruos marinos se veían
muy a menudo combatiendo héroes.



2 comentarios:

  1. ¿Quién eres tú, Don Misterio? Levas anclas en el mar de la mendacidad y plantas boyas que se abren míticos respiros. Soy Giralda, ya desvencijada, pero aún regulando el cielo.

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    1. Yo soy una sombra amarga del llanto de los ángeles.

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