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martes, 22 de mayo de 2012

Exhalaciones del yo interno


Himno Nacional del Parnaso

Coro

Es de cisne tu emblema imponente,
es potente tu lírico acento.
Regia patria: tu canto es torrente
que despliega su inmenso portento.

I
¡Oh! Quijote, tu lanza idealista
nos aparta de hipócrita sierpe
y nos lanza a la nueva conquista
de los mágicos sones de Euterpe.

II

El Parnaso es sagrado al poeta,
es volátil jardín de perfume
es la luz de una onda violeta
que en su rayo jamás se consume.

III

Los tiranos dividen la tierra
so pretexto de falsos abismos,
y fomentan la bárbara guerra
elogiando sus viles cinismos.

IV

Mueran ya los abismos ilusos,
necios odios que agitan al mundo.
Mueran ya los prejuicios obtusos
y elogiemos nuestro himno fecundo.





Noche de la última ninfa

Cielo amante,
triste alpaca,
luna opaca,
muerta errante descansando en su sarcófago de nardos.
Fieros cardos.

Los árboles serios tiritan de sueño.
Suicídanse faunos mascando beleño.

Los seres de sombras inertes se posan
en copas arbóreas teñidas en rojos.
Los férricos monstruos tiranos destrozan
los cantos sublimes de los petirrojos.

Lácteos ojos,
vidrio turbio,
los abrojos
del suburbio que consume de la ninfa su guarida.
Grave herida.

Mil grillos traducen idiomas arcaicos.
Centauros observan las pocas estrellas.
El hombre no escucha los ritmos trocaicos
del viento que gime rasgado en centellas.

El humus del homo liquida ilusiones,
subyuga los cuerpos de todas las hadas,
olvida del ave las raras canciones,
a Venus la mata con sus puñaladas.

El Pico del Águila flota, cual fiera sombría, en la cumbre de Ajusco,
y la última ninfa tirita de olvido hundiéndose en cieno negruzco,
y dota su escuálida lágrima al suelo marchito,
y fija sus ojos tristísimos al infinito.



La Dama del Etéreo Ruiseñor

En un Cisne, suavemente, me paseaba,
“el humus del suelo es pariente del homo”
decía el Cisne Oscuro mientras despegaba
conmigo teniéndome entre su lomo.

En un caballo blanco cabalgaba
La Dama del Etéreo Ruiseñor”,
y en ondas vaporosas se ocultaba,
en ondas de letargo y de sopor.

No supe su destino reservado,
ni lo que la incitó a transfigurarse
en brumas de ese bosque apaciguado.

Mas, sé que tornará a exteriorizarse
y me revelará el secreto amado
que puede en gran delicia transformarse.








Súbito desengaño
 (A Stephanie)

Brillaba el espejo temprano.
Un barco de pluma comía
el cuerpo de un cristo lozano:
momento de la eucarístia.

Las torres de tronco estatuario
mecían mil banderas de Libia.
Su mágico aliento herbolario
prendía el rededor de lascivia.

Soñé en comisuras terrestres,
turbado por intemperancias
de lúbricas plantas silvestres
de lóbregas exhuberancias.

De pronto, un aroma liviano
impregna la atmósfera vaga.
Aliento profundo y arcano
mis lúcidos sueños apaga.

Stephanie, ocaso del día
Stephanie, halo mortal
el estertor de la agonía
anida tu aliento fatal.



La máscara es tu rostro verdadero

>Exorcizaste tu dolor en tus pinturas;
en ellas, siempre sola, tras la máscara te mostrabas<

De niño, me asombró la venadita:
un bosque terrorífico y estrecho,
dolor de una clavada estalactita
en un paisaje agónico y maltrecho.

Sentí fraterna vena traspasando
mi sien doliente, triste y abrumada;
sentí tu misma sangre verberando
mi vena, con tu venas, hermanada.

Serenidad en un dolor de nueve flechas,
refugio en tu nación de tradiciones.
Un judas de cartón de tristes mechas
es tu paralelismo de ilusiones.

Los monos consolaron tu suplicio.
Los loros enjugaron tu tristeza.
Los frutos extasiaron tu terneza
con su dulzor frugal y alimenticio.

Bipersonalidad del rostro ameno
en la tormenta: lágrima abundante,
seriedad de mártir, ceja desafiante,
leve sonrisa del mirar sereno.

Te auto-pariste, te auto-amamantaste
sola te diste luz auto-enclaustrada.
Tu comienzo y tu fin te lo otorgaste
en línea que se vuelve pincelada.

Ternura en tu dureza, la faz de amena melancolía,
burlándote a ti misma. Es el antifaz indiscutible
tu verdadero rostro. Las nueve flechas de la agonía;
son profundos dolores de tu tortura ineludible.



Divertimento del sueño

Sueño inconcluso que nunca soñé

-          Que crimen lascivo provoca el botón de azucena,
tu plántula firme y estrecha de sano pecado,
tu espléndida fuente meliflua de huerto rosado,
tu vasta llanura garrida de piel no morena.

¡Si fueras jinete que al trote domase mi vena...!
-          ¡Oh, calla, mi amado!, el prístino abismo templado
será el intimista y primario baúl de tu pena.
Desboca tus potros al fértil resguardo del prado.

-          Me deja hechizado tu prócer berilo escarlata.
-          Pues palpa del éter sus dotes termales,
y enclava tu indómito ariete en mi puerta beata.-

Exhala en mi honor sus argénteos gemidos joviales.
Despierto del sueño farsante y doy cuenta en mi errata:
fue sólo insolente quimera de sedas irreales.





Amor

Con el murmullo blando del astro ultraterreno
respira somnolienta la niña en su colchón.
Sus breves rizos besan su desnudado seno
como aura milagrosa de estrella del Orión.

Su boca limpia y pura, y su mirar ameno;
su simple, comprensible y dulcísima expresión;
su pie chiquito y blanco que goza en ser sereno,
y su cintura suave de esbelta complexión.

Como hechizado, observo su dulce y clara frente,
“Vaya, que si eres bella; vaya, que eres feliz.
Huye de mi amargura; huye, que soy demente.

Pudiera herir tus sueños con cántico infeliz.
No quiero ensombrecerte con triste y cruel serpiente.
Renuncio a mis placeres cortando su raíz.”

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