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martes, 22 de mayo de 2012

Amor es más misterioso



El beso

La góndole era scura, igual que mi martirio.
Venezia se vestía del festival alegro,
y voces que entonaban “O sole mío”, se oían.
Tañíanse las cuerdas sonoras del laúd.

Il cielo azurro era il mio struggo, il mio tormento.
Tú tan quieta, così tanto indéchiffrable,
jugabas
seriamente
con el agua
del canale,
a la par que, en pasividad,
contemplaba tu ameno semblante.

¡Oh! il vostro prima di vergine senza peccato,
azucena di non sporcata,
¡Oh!, tu cuello de cisne, tus dedos de niña.
Il vostro aspetto di statua,
tu aspecto de difunta hoja de invierno.

Sin embargo, bella utopía
de mis noches
cenicientas
de hace siglos,
cuando en tempo alegro nos entreteníamos vagando
por las calles de Milán.
Mas Venezia es triste cuanto más festiva se muestra,
y agrió nuestro carácter su mustio carnaval.

Me permití acercarme despacio a tu figura.
Volteaste.
Sin expresión ninguna tu pupila me miró,
y un beso desabrido y sin amor tu labio congeló.

I fili di Venere enjugó su lágrimas, tronchó su flecha
y la tiró a las aguas del dios Neptuno;
y se escondió en San Marcos transfigurado en ángel.
E il bacio nel mare de ll’ Italia se enjuagó.





Poema CLI

El hombre angustioso contaba sus horas;
el día de la muerte le estaba acechando,
mas una promesa brotaba en la aurora:
llegar junto a Cristo piadoso y Dios Padre.

La inmensa sombra de la vida por su mente se posaba
¿será carroña vil de las nauseabundas lombrices de la muerte?
¿su cuerpo avejentado se pudrirá con sus esperanzas?
¿o coro de ángeles prestos a verle, al lado de los profetas lo conducirán?
¿honrará su frente un magnífico espíritu?

La letal zozobra del destino laceraba su mente.
La hiena voraz esperaba su último aliento,
para ultrajarlo con los flagelos flamígeros de Satán.

Sólo el dolor de estar vivo era su amarga certeza.





La lujuria

Jadeante morbidez de las caderas,
burdel de tus mejillas lujuriosas
que beben sus delicias revoltosas
en cánticos vulgares de rameras.

Un clítoris henchido en tus riberas
es río de ondas precoces y viciosas.
Enciendes en tus playas licenciosas     
la crápula en livianas madrigueras.

Y brindas en tu copa disoluta
la sangre corrompida del pecado
que escurre por tu carne prostituta;

y lames tu lascivo desenfado
en vena del veneno de cicuta;
en crímenes morbosos desbocado.





La création de ma copine

Tomé el cetro de Dios y, santamente,
a la mujer perfecta di la vida:
un cuerpo de gacela enternecida,
con ojos de laguna transparente.

Su frente de diamante reluciente,
de rosicler su boca colorida,
atmósfera en su aliento renacida,
su cuerpo de cascada efervescente.

Y dije éstas palabras a Dios Cristo:
“no habrá mayor pecado que los labios
de ésta mujer hermosa en quien existo,

o no hay mas Paraíso de los Sabios,
que la sabiduría de la belleza
que muestra entre sus ascuas su grandeza”





Sueños de niño

I

El dolor me llamó hermano
en mi niñez, cierto día;
y yo le besé la mano,
y me entregué a mi agonía.

En mi mente depresiva
un alacrán se asentó;
y me lanzó su ofensiva,
y su aguijón me otorgó.

II

Escucha este ruiseñor, mujer inexistente;
vaga armonía de notas de piano soñoliento,
rauda expresión ignota de calmo arrobamiento,
Eros amordazado por mi niñez demente.

Niña, escucha este canto premioso y balbuciente.
No sobrecoja a tu alma mi extraño azoramiento.
Quiero darle al albatros mi ensueño deprimente;
y hallar, en tu pureza, manso deleitamiento.

III

Oh, mujer; yo a tus brazos volé en extrañas ensoñaciones.
Me acogiste en tu nada, en la pradera de tus dulzores.
En tu impúber aliento anclé los barcos de mis ficciones,
y hallé en tus gratas manos la inexistencia de los dolores.

¡Ah sí!; tus labios eran sangre de cristo resucitado;
mi sereno terruño, de loco niño la fantasía.
Tu albo mirto era todo en colores ruborizado;
y presto seducía con su coqueta galantería.

Ahora que arañas miles me descomponen con sus venenos,
recuerdo tu sacro amor, tu vaporoso cuerpo ilusorio,  
mis témpanos fundidos con tus solares ojos serenos,
el jardín en que esperé el ambicionado beso amatorio.

III

Si la rosa de abril destrozada
en la mano de un Hércules rudo
en el seno terrestre, regada,
presentase su pétalo mudo;

en angélico orfeón, la sirenas
cantarán el acorde primario.
Trozarán las brutales cadenas
que me atan a este calvario.



Himno a Cristo engañado

“Bienaventurado el que, engañado por el Padre,
sirve como instrumento para esperanzar a los hombres
con la imposible vuelta al paraíso”

Cante la alondra temprana tu espina;
punta sangrienta que Dios mentiroso
clava, insensible, en tu cuerpo penoso
que álgido muere en la nieve asesina.

Cruel filicida es la mano dañina,
sádica mano del padre orgulloso.
Golpe tremendo del cielo horroroso
rompe, inclemente, tu espalda divina.

Vana expiación fue tu hórrida muerte.
Vil te tortura Jehová enloquecido
que gana prestigio con tu ácida suerte.

Mueres en cruz a la sombra del nido.
Llora Satán al poder comprenderte;
besa tu cuerpo que yace vencido.

(Ríe Jehová su mentira a los hombres)

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